El luto es un acto profundamente humano. La conmemoración del bicentenario del día de la Batalla de la Juventud, resultó en una importante concentración juvenil y de venezolanos en todas las edades en nuestras ciudades. Lamentablemente, esas concentraciones devinieron en víctimas: fallecidos, heridos y detenidos. Una reunión tan relevante de compatriotas nos mueve mucho más a la reflexión. La necesidad del diálogo, del encuentro, de la construcción conjunta de una nueva realidad nacional, es el resultado al cual debe movernos las grandes concentraciones del “Día de la Juventud”, en su bicentenario.

El luto de tres días, sin actos públicos, convocado por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) por vía de su secretario ejecutivo debe permitirnos, a cada uno, procesar el espacio y el papel que debemos tener en una sociedad donde la violencia, los violentos y los radicales pretenden, de lado y lado, llevar la agenda de país con intereses inconfesables. Por ello, el luto es un acto humano con un profundo sentido de dolor. Pero el dolor debe movernos a la reconciliación y el reencuentro; quizá estas palabras no son las más “mercadeables” en estos momentos;  pero pretendo como siempre exponer a mis lectores mi opinión desde la justicia. Bien indicaba el vicepresidente de AD en días pasados, no hay vías alternas a la Constitución. Dentro del marco constitucional se encuentran las libertades ciudadanas y se consagran los límites del Poder Público nacional en su accionar diario. Esa es la línea a seguir. Dentro del marco constitucional debemos expresar nuestros reclamos, a fin de conseguir para todos el bienestar común.

La muerte no es el final. Nos entristece sobremanera cuando, quienes se van son jóvenes. Aún más, cuando fallecen en hechos violentos. Exigimos a los organismos competentes determinar el detalle de los hechos y sus responsables. El inicio de la armonía y el diálogo nacional debe partir del esfuerzo de estos miles de jóvenes que macharon para conmemorar su bicentenario de la Batalla de la Juventud.

No permitamos que el dolor se transforme en odio. Un país no puede construirse desde el odio. Hoy muchos hogares venezolanos están de luto,  les acompañamos en la oración y respetamos en su duelo. No aprobemos la violencia como acción política o pública y rechacémosla totalmente. No hagamos inútil el esfuerzo y entusiasmo de tantos que marcharon el 12F. Construyamos una Venezuela de paz, mejor y más justa. ¡Manos a la obra!

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

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