Tal día como hoy, hace exactamente 67 años, es decir en 1945, Venezuela vivió uno de los episodios mas importantes de su historia como República. En aquella época, aún nuestro país no podía hablar de democracia, la sombra del gomecismo pisaba (pisoteaba) a Venezuela pasados ya 10 años de la muerte del caudillo.

Un grupo de jóvenes brillantes comenzaron una cruzada en el año 1928, revelándose contra el atraso y el nepotismo al que el país estaba condenado. Esa generación comandada por Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Jóvito Villalba, Gustavo Machado entre otros tantos, le dio al país un ejemplo de compromiso, le dieron esperanza. Los jóvenes de esa revuelta pagaron con persecución, cárcel y exilio, cosa que sin esa intención, sirvió de abono para madurar su proyecto y visión como políticos. El protagonista de ellos sin duda alguna fue Betancourt, quien impulsó el plan de Barranquilla en 1931 junto con otros líderes de la generación de 28 y se plasmaría en él lo que posteriormente constituiría el núcleo de la propuesta del gobierno de la Junta Revolucionaria de Gobierno de 1945. La caída de Gómez era inminente, el caudillo ya estaba viejo, su salud empeoraba y se esperaba su muerte con la esperanza de que esto significara pasos hacia el cambio y el progreso.

La muerte de Gómez llegó en 1935 y esto no se tradujo en una democratización del país. Sus compañeros de gobierno y sus familiares se concebían a sí mismos como los legítimos dueños del poder. López Contreras, paisano, militar y ministro de Guerra y Marina de Gómez asume la presidencia de la República en 1936; las pequeñas concesiones a la democracia que se dieron a principio de su gobierno terminaron por suprimirse poco tiempo después. El miedo, el poco talante democrático y la avaricia por controlar lo que ilegítimamente no le pertenecía ahuyentaron a López de cubrirse de gloria ante la historia, democratizando al país. Se aproximaba el fin del periodo constitucional de López y las expectativas de cambio son como mucho modestas. Medina Angarita, paisano, militar y ministro de Guerra y Marina asume la presidencia de la Republica en 1941 después de unas elecciones simbólicas (como la candidatura de Gallegos en ella). Medina sostuvo aperturas a la democracia durante su período de mandato, legalizando los partidos políticos entre otras cosas. Lamentablemente Medina no remató la faena democrática y pasó de la idea de hacer elecciones libres y directas. Se sostuvieron conversaciones para definir un candidato con el consenso suficiente para asumir las riendas del país posteriormente, con el compromiso de que continuara la apertura. El trágico y peculiar episodio de la insanidad mental de Diógenes Escalante se llevó volando el consenso y las camisas que le acompañaban. La alternativa propuesta de Angel Biaggini no generó el mismo “entuCiasmo”* y ante la sombra de un eventual regreso de López Contreras se confabuló La Revolución de Octubre. Sucumbía así la oportunidad de Medina para transformar al país y  ungirse ante la historia.

Al final, quien se consagró y llenó de gloria a este pueblo fue AD, dirigido por grandes hombres, que, con mucho trabajo, mucho tesón y sobretodo, responsabilidad ante el país, no solamente hicieron lo que pocos en la historia mundial habían hecho y que en Venezuela era aún inédito, dar el poder a su legítimo y único dueño, el pueblo. Se instauraban las elecciones universales, libres, directas y secretas en el país. Se reconocían los derechos políticos de la mujer.

La vocación de poder es un elemento presente en cualquier político, pero hay que diferenciarla de la codicia de poder, que es algo distinto. Los Acción democratistas, siempre civilistas plantearon un debate sobre la pertinencia o no de participar en el golpe a Medina Angarita y la manera en que debía hacerse. La postura fue clara y sobre todo sensata. Esto se tradujo en golpe pacifico (terminología difícil de definir y referenciar), algo tan poco común para la época como la democracia en Venezuela. La toma del poder sin derramamiento de sangre, para transformar profundamente al país y democratizarlo, para ponderar a su pueblo y la eficacia de su proceder fueron las características (a grosso modo) de esta revolución. Elementos hasta ahora ajenos en los más de 100 años de historia que tenía Venezuela como República.

El 18 de octubre de 1945 se dio una verdadera revolución en el país, el poder que siempre estuvo de la mano de caudillos militares, arropados por los amos del valle y las transnacionales a quienes el poder político no les apetecía porque siempre lo controlaron a distancia, consiguiendo favores económicos de él. Esta vez, la revolución fue de los “alpargatuos” y sus intelectuales. Rómulo Betancourt asume la presidencia de la República bajo la llamada Junta Revolucionaria de gobierno. Inmediatamente propone elecciones libres y universales para los venezolanos (incluyendo las venezolanas), convoca a una constituyente que reuniría a verdaderos representantes del pueblo, porque esta vez si los elegiría el pueblo y darían al país una constitución, un proyecto país legitimo con la representación de todos. Cualquiera diría que esto sería un proceso viciado, unas elecciones controladas, una artimaña de Betancourt para legitimarse y aferrarse al poder. Del rumor a la práctica podemos decir que Betancourt, 4 días después de haber asumido la presidencia, predica con el ejemplo y se autoinhabilita (Decreto N°9) junto con los demás miembros de la Junta Revolucionaria de postularse en las elecciones presidenciales que se convocaran posteriormente. Hay que darle especial trato a este último hecho. ¿Cuando en la historia venezolana (y en la universal) un hombre que asalta el poder se limita a sí mismo de poseerlo o de aplicar un método para legitimarse? El apoyo que tenía AD para la época era tan alto que Betancourt habría podido medirse en elecciones y ganar cómodamente. Cosas como esta son las que diferencia a los grandes estadistas de los demás políticos.

Las positivas consecuencias de esta revolución aun las gozamos: la semilla sembrada echó raíces tan profundas que aun se conservan en el venezolano. El ímpetu en los cambios que se promovieron en esta revolución provocaron su caída momentánea (prefiero llamarla postergación). Las transformaciones emprendidas lesionaron los intereses de muchos círculos o espacios de poder tradicional en el país. La profunda masificación de la educación, emprendida bajo la tutela del maestro Prieto y sus tesis del Estado docente generaron marcadas diferencias con la Iglesia y los sectores más conservadores de la sociedad, quienes tuvieron hasta entonces un monopolio histórico sobre la educación. La ponderación y la promoción del poder de los trabajadores y sus reivindicaciones sociales junto a las reformas agrarias que se estaban gestando lesionaron el interés de los amos del valle, patronos y terratenientes. El desplazamiento de los militares del poder político por los civiles terminó creando roces con esos militares históricamente acostumbrados a mandar el país. La política responsable de nacionalización progresiva de los recursos minerales del país, el diseño de una política de Estado petrolera y el emprendimiento de una industria nacional de petróleos (que 30 años después se traduciría en PDVSA y en la nacionalización del petróleo, el gas y el hierro) y los inmensos esfuerzos de Betancourt de protección a la democracia en el continente (citamos la actuación en la conferencia interamericana de Bogotá donde se fijaron las bases de la “doctrina Betancourt” en la Carta de la OEA) lo convirtieron un estorbo para las trasnacionales petroleras, los Estados Unidos y su enemigo, los comunistas y la URSS. AD NO se sustentaba en una alineación internacional, se sustentaba en La fuerza y el apoyo que tenía por parte del pueblo, esto quedó patente en las elecciones de 1946, donde AD arrasó y obtuvo 137 de los 160 representantes en la asamblea constituyente, lo cual terminó por generar roces con los otros partidos políticos de la época, abrumados ante el evidente e inmenso apoyo.

En resumen, la revolución fue muy ambiciosa y sostuvo una pelea con 5 esferas de poder natural (La Iglesia, la élite burguesa y los amos del Valle, Las potencias internacionales y las transnacionales petroleras, Los militares y finalmente, los partidos de oposición) que en cualquier sistema político como el que tenía Venezuela desde su fundación como República hasta 1945 son agentes de poder político y elementos necesarios para procurar gobernabilidad y sustentabilidad. El resultado de esto fue la caída del primer gobierno electo democráticamente del país, el de Rómulo Gallegos y la postergación del proyecto puesto en práctica a partir de octubre del 45.

10 años de dictadura fue la condena que pagó Venezuela por la falta de madurez y entendimiento de estos factores, sobre todo la de los que para poder ser, debían defender la democracia, que es en donde tienen cabida, los partidos políticos. COPEI y URD se vieron abrumados por la mayoría legítima que había ganado AD, y ello no fue una imposición, fue una simple derrota electoral. Estos vieron con buenos ojos la alternativa de los militares y no defendieron a la democracia, esa misma que les abrió un espacio que no tuvieron antes y que tampoco tendrían después con esos militares. La lección quedó aprendida, el pacto de punto fijo fue el resultado de esa maduración, donde se entendió que para que esos cambios se generaran debían hacerse de manera progresiva y consensuada para que pudieran ser sostenibles en el tiempo, esto lo desarrollaremos en una próxima ocasión. Lo que si es innegable es que la semilla había germinado y echó raíces tan profundas que Venezuela no olvida, porque ese árbol creció y sus frutos fueron los mejores 40 años de historia y progreso de este país, que no es poca cosa, además de los valores e instituciones necesarias para que aun el país resista los embates del megalómano que secuestra el poder hoy en el país.

Betancourt acertó al afirmar que Acción Democrática “nació para hacer Historia” tanto así que van ya 71 años y la vocación se mantiene.

*Sobre el “entuCiasmo” de Biaggini y las camisas voladoras de Escalante solo basta googlear para conocer las anécdotas

Miguel Varela