He querido detenerme, al inicio de este año nuevo, ante mis lectores a fin de tratar de presentar unas líneas esperanzadoras sobre el futuro que se nos avecina. 2014, y los sucesivos años del siguiente lustro, moverán a Venezuela a enfrentarse a su real y crítica situación política y económica. Más allá de las aspiraciones de nuestra dirigencia, movidas desde las realidades electorales y la fuerza cierta dentro del espectro social actual, requerirán de una comprensión y mayor sacrificio de todos. La incapacidad del régimen empeñado en construir un esquema de desarrollo exclusivo y excluyente que, descaradamente ha beneficiado a cúpulas de la nueva boliburguesía emergente que se lleva, junto a sectores militares y regímenes políticos-totalitarios internacionales –entre ellos Cuba, por mencionar uno- ingentes cantidades de petrodólares que son propiedad de todos los venezolanos. Ante la crítica por la entrega de recursos en dólares a países extranjeros que hiciera el Alcalde Ocariz al Presidente Maduro, respondió éste con sorna que era “cristiana” la solidaridad entre los pueblos. Somos contestes que dentro del esquema de diálogo debe entrar el tema de la solidaridad, ciertamente, presidente Maduro, pero “…la caridad empieza por casa…” es una conseja popular que vale la pena tener siempre presente.

Viviremos tiempos difíciles, y no podemos esperar del régimen “compasión”. Como expresara el maestro espiritual indio Sri Chinmoy Ghose: “Cuando el poder del amor, supere el amor al poder, el mundo conocerá la paz”. Eso explica por qué hemos vivido en Venezuela 15 años de odio y ataque constante hacia el otro. Las estructuras de poder del régimen castro-madurista no buscan bajo ningún concepto el bien de nadie, salvo acrecentar las arcas personales de los “supuestos defensores de los pobres”.

2014 debe ser el año de la solidaridad. Debemos comprender que el entramado social va a recibir el impacto de la escasez y el desabastecimiento, todo dentro de un clima de endeudamiento general para seguir “pagando” a grupos boliburgueses que su importancia está basada en que “importan” toda clase de productos de cualquier parte del mundo para poder seguir enriqueciéndose a costa de un pueblo que no ve ni el desarrollo, ni el crecimiento del aparato industrial o comercial nacional por ninguna parte. El régimen del finado, más la estrategia del gabinete económico-social actual son, junto a la autoridad monetaria, responsables de la crisis de dimensiones inconmensurables que se avecina en 2014 y los años venideros.

La solidaridad es la salida. Veamos en “el otro”, el más pobre y desvalido, una pieza fundamental de nuestra sociedad; no un subproducto del esquema marxista del régimen o un consumidor de la economía de mercado. Sin centavos, no se consume.
“El otro” no es el camarada ni la excusa para seguir robando las arcas públicas a través de onerosas concesiones a protagonistas del régimen que suman su poder en la medida que crecen sus cuentas en la banca extranjera. “El otro” es un compatriota que requiere, de forma inmediata y permanente, ser reconocido como pieza importante e interdependiente de un modelo social mejor y más justo, más humano y para nada corrupto, por el cual debemos luchar todas y todos.

Invito a mis lectores. A todas las mujeres y hombres de buena voluntad a sumarse con abnegación a éste diálogo desde la solidaridad, difícil y doloroso, que es el único que liberará a Venezuela de la opresión ideológica, económica y social en que está sumida desde 1999.

Publicado en: El Universal, 07.01.2014
El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.
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