El 8 de diciembre conmemoramos en la Iglesia Católica una gran fiesta: la Inmaculada Concepción de María. María es, la mujer llamada a ser, por el relato bíblico, la que iba a “…restaurar el orden universal…” La Madre de Jesús, a través de su concepción inmaculada, se introduce en la historia humana con el Salvador (Is. 7:14). De esta forma, con Jesús, el nazareno, se conforma en el vientre de María un niño que proviene de un vientre que “no está manchado por el pecado de nuestros primeros padres (Mt. 1:23)”. Ese pecado de la desobediencia a la única prohibición divina, “no coman del árbol de la ciencia del bien y el mal (Gn. 2:16-17)”.

Efectivamente, la pareja del Génesis, Adán y Eva, nuestros primeros padres, son cúspide de la creación divina y al mismo tiempo ponen a ésta de espaldas a su Creador, a Dios.

Estas líneas no pretenden ser una catequesis del Dogma Católico de la Inmaculada Concepción, sino simplemente una evocación a esta fecha, inscrita –casualmente- en el acontecer venezolano actual.

Este 8 de diciembre los venezolanos concurriremos a las elecciones municipales, fantásticamente coincide con la fecha de celebración de esta fiesta litúrgica católica. En esta fecha, recordamos a María, la virgen, quien se compromete con Dios para abrirnos a una nueva historia, la de la Salvación en Jesús, por el Espíritu Santo a través de la voz del ángel.

Guardando la distancia, las instancias humanas nos convocan este 8D a todos, sin ninguna distinción: pobres, ricos, mujeres, hombres… para que asistamos a una grande alegría, a una gran fiesta de la Democracia: La elección de las estructuras municipales, las más cercanas a los ciudadanos, las cuales debemos elegir este domingo.

Concurrir a votar es un deber ciudadano. Nuestra participación es requerida en esta fecha. Somos consultados, opinemos a favor de las candidatas y candidatos de nuestra preferencia; evaluemos la actividad de los gobiernos municipales actuales y facilitemos con nuestro voto nuestra aprobación o rechazo. Ese es el sentido de la elección y es el fin último de la democracia.

La Iglesia Católica venezolana conmemora hoy la Inmaculada Concepción de María que nos abre el camino al Salvador de la historia –en la historia, Jesús de Nazaret.

El  2 de julio de 1899, Mons. Críspulo Uzcátegui, Arzobispo de Caracas, había consagrado a Venezuela al Santísimo Sacramento, por motivación de Mons. Juan Bautista Castro.  En 2011, a 112 años de esta  Consagración los Obispos de Venezuela renovaron la misma junto a la protección del Inmaculado Corazón de Nuestra Señora de Coromoto. Pongámonos bajo sus designios y protección en estas fechas patrias.

No te quedes en tu casa: el 8D vota!!!

 

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

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