Alvarez estima que una situación de conflicto como la 2001, el Gobierno la aprovecharía (V.Correale)

 

ROBERTO GIUSTI   

 

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TRES PROBLEMAS DE LA OPOSICIÓN

Con el país sumido en una crisis económica sin precedentes, las dos únicas comunidades políticas se encuentran minadas por la división interna. Las decisiones en el Gobierno para frenar el desarreglo, antes que soluciones, parecen representar un carga aun más pesada. Diosdado Cabello levanta el velo de una situación al menos confusa en las Fuerzas Armadas y mientras tanto una la ola de protestas sacude la geografía nacional. Ángel Alvarez, doctor en Ciencias Políticas, no le saca el cuerpo al tema y lo somete a su análisis: “A principios de año yo presento una serie de variables posibles. Entre ellas incluía una derivada de la situación que describes, aun cuando no me parecía la más probable. Pero ahora creo que si esto se mantiene así, estaremos enfrentando al peor de los escenarios posibles”.
-¿Por qué?

-Porque es el que genera la mayor crisis de gobernabilidad y la menor posibilidad de solución negociada. En ese nivel de fragmentación, tanto del Gobierno como de la oposición, nadie es interlocutor válido para nadie. De manera que si el Gobierno quisiera negociar con algún sector de oposición para atacar problemas sentidos por la población, ¿con quién dialoga? ¿Quién es su líder?

-Se supone que es Capriles, quien coordina con el Gobierno acciones para el tema de la inseguridad.

-Pero lo ha asumido como un diálogo con él, como Gobernador. En este caso no actúa como vocero de la oposición, aun cuando en la práctica lo sea. Así que no puede abrogarse la representación de esa comunidad política y no sólo porque carece de un cargo formal, sino porque sus adversarios internos no lo reconocerían. Luego, la oposición carece de razones para confiar en que ese diálogo se realice con los más indicados para representar al Gobierno porque la fragmentación en el chavismo también es intensa.

-Se supone que el vocero es Maduro.

-Legal y constitucionalmente el líder del Gobierno es el presidente Maduro, pero él tiene adversarios internos que le hacen ruido. Entonces estamos ante una fragmentación política en la que ambos líderes, presionados por sectores radicales de sus movimientos, también se tienen desconfianza mutua. La página chavista de Aporrea golpea durísimo a Maduro.

-Al mismo tiempo parece haber sectores descontentos en las Fuerzas Armadas.

-Cuando uno observa los movimientos de Diosdado Cabello en el sector militar no sabe si se deben a un descontento (que no me consta) o si más bien él percibe a los militares como su base de apoyo natural. Entonces cuando le habla a unas FAN muy politizadas e incorporadas al Gobierno, lo hace con una fracción de la coalición oficial.

-Habla de “traidores”.

-Parece que quisiera aglutinar a los militares a su alrededor porque quien habla es él, no Maduro e ignoro si este se lo encomendó. Pero existe desconcierto, falta de coordinación y fragmentación en las dos coaliciones, sin que haya señales de una tercera opción. Así que esto anuncia una crisis de gobernabilidad que puede llegar a niveles importantes, a menos que surja la opción del diálogo.

-Antes que diálogo lo que se ve es la protesta general.

-Hay una oleada de protestas y también un modo amenazante y represivo con el que el gobierno ha respondido.

-Esas circunstancias, ¿no anuncian la confrontación?

-La única forma de abortar la confrontación es mediante la existencia de interlocutores legitimados. Ahora, no se trata de que las partes se pongan de acuerdo, porque un Gobierno socialista como éste no lo hará con una oposición que pretende impedir la revolución…

-¿Ni siquiera si se juega su permanencia en el poder?

-Eso sí. Pero no se trata de lograr un acuerdo sobre un programa mínimo común como en 1958. Lo que se plantea es el establecimiento de reglas que eviten el canibalismo y no jueguen a la destrucción del adversario.

-Pero una de la metas de la oposición era salir del Gobierno sobre la ola de los resultados del 8D, que al final fueron adversos. Ahora, si el problema es de gobernabilidad entonces la oposición debe estar satisfecha.

-Pues no porque una cosa era el discurso electoral y otra la estrategia política. Allí hubo una confusión entre ambos factores y eso le abre la puerta a los sectores radicales de oposición. Entre julio y agosto del año pasado la oposición enfrentaba una fortísima abstención de los sectores medios y jóvenes por su desconfianza ante el árbitro electoral. La gente creía (en un ejercicio simplista) que “si me robaron el voto en las presidenciales, ¿por qué no me lo robarían en las municipales?”. El argumento utilizado por la dirigencia para desmontar esa creencia fue la de esgrimir la tesis del plebiscito. Pero no creo que nadie se haya planteado en serio que si la oposición ganaba Maduro salía.

-Si el diálogo es tan difícil, a tu juicio, ¿no se debe considerar escenarios como el golpe o el estallido social?

-Es difícil anticipar lo que sucederá, pero yo descarto la posibilidad de un golpe de estado en Venezuela porque este se consuma cuando es exitoso. No me refiero a pronunciamientos militares, entendiendo por “pronunciamiento” una expresión de descontento.

-Ese decir, descartas el éxito de una intentona.

-Un golpe exitoso requiere de una cohesión importante de la Fuerza Armada contra el Gobierno y yo no veo eso. Pareciera, más bien, que hay el compromiso, en importantes sectores de las FAN, de respaldar las política gubernamentales, sobre todo en la economía.

-¿Se puede prolongar la crisis indefinidamente?

-El escenario más probable es de deterioro y de confrontación creciente. Desde el conflicto social propiamente dicho (protestas por la escasez de alimentos, por ejemplo), hasta el propiciado por sectores que se movilizan políticamente en un clima de enfrentamiento, pero sin que se encuentre una solución a corto plazo. La protesta crece cotidianamente, la violencia social (y la que no lo es) se siente con intensidad y eso puede ocurrir sin que termine en un golpe de estado o en una solución concertada.

-¿No está el Gobierno acelerando la radicalización?

-Ese es un escenario nada descartable. El Gobierno tiene la ventaja del poder y un sector importante de la población estaría dispuesto a apoyarlo si impone cierto orden ante el caos. Lo digo por lo ocurrido entre el 2001 al 2003, cuando se produjeron el golpe de estado y la huelga petrolera luego de una larga temporada de conflictos. En esas circunstancias es posible que el gobierno se radicalice porque lo que debería hacer para resolver el problema económico (causa fundamental del desarreglo político) es tan contrario a su compromiso ideológico y abre tantas brechas de inestabilidad, que carece de incentivos para hacerlo.

-Radicalización que podrían justificar aduciendo que fue relegitimada el 8F.

-Cierto. Por el voto popular.

-Estamos hablando como si la oposición no existiera.

-La oposición enfrenta una grave crisis. La MUD es su invento más importante para a resolver los problemas endémicos de coordinación política. Pero antes hubo el disparate de la Coordinadora Democrática, cuyo componentes eran unos partidos sumamente débiles y organizaciones de la llamada sociedad civil que jugaban a la antipolítica. Eso condujo a los escenarios de confrontación con el mismo argumento que algunos sectores esgrimen hoy: “el país no aguanta”.

-¿Acaso no es verdad?

-Es una falacia. Claro que los países se deterioran y entran en crisis, pero, ¿qué significa la frase “el país no aguanta?

-Lo que no aguanta es una forma de organizarse en sociedad que está viviendo su definitiva aniquilación.

-Es muy probable que eso sea así. Pero la pregunta de los opositores debe ser: ¿cuál es la vía más eficiente para impedir que eso ocurra, si es que desean impedirlo? Si la vía es seguir con la MUD, pero resucitando, como sugiere alguien, la Coordinadora Democrática y salir a la calle (no para protestar por lo que la gente protesta: seguridad o desabastecimiento) sino para reeditar la vieja consigna de “Chávez vete ya” (ahora sería “Maduro vete ya”), la probabilidad de fracaso es muy alta. Esto, además de la vuelta de la confrontación violenta, que gobierno utilizará para acelerar la radicalización y abortar cualquier posibilidad de crecimiento de la oposición.

-Entonces, ¿qué debe hacer la oposición?

-En primer lugar, empezar, algún día, a hacer lo que nunca ha hecho: construir partidos enraizados en la sociedad.

 

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“Los partidos de oposición están ante la necesidad de conectarse con los requerimientos de los más pobres. Algunos de ellos logran crecer un poco más que los otros, acceden a cierto grado de organización (PJ y AD) y tienen conexión orgánica con algunos sectores sociales, pero hasta ahí. En un país dividido en dos pedazos más o menos similares, en la porción correspondiente al gobierno más de su 85% se considera simpatizante o militante del PSUV. Mientras tanto, en el pedazo de la oposición, un 85% se considera independiente. No tenemos partidos y no hay política moderna, sin partidos. Mucho menos se puede sustituir a los partidos con liderazgos carismáticos. Otra cosa que la MUD comenzó a hacer, hasta cierto momento, es la coordinación de esos partidos. Un partido se coordina a sí mismo con sus propias normas, pero cuando varios se unen no es posible establecer normas generales que establezcan de donde sale el liderazgo opositor. Y la única norma que se consiguió fue otorgar los cargos en la MUD de acuerdo a la votación que obtuviera cada uno de ellos. Así funcionaron las cosas hasta el 2010, cuando se inventó algo muy útil para que la oposición ganara votos en general, pero muy mala para la coordinación interpartidista: la tarjeta única. Ahora los partidos no saben cuántos votos les asisten y por eso hay micropartidos que pretenden igualarse con los otros porque se perdió la única forma de medir su representatividad. Finalmente está el tema de las ambiciones personales. Todo político quiere ser el líder y esas aspiraciones se someten al colectivo. Pero desde las primarias no hay forma de saber quien representa a cada sector de oposición. Hay gente movilizando organizaciones de la sociedad civil porque no tiene otro modo de demostrar a los partidos que tienen organización. Y ahí surgen nuevos problemas.