Angel_20Lugo1

“Jaime fue un hombre bueno”, así lo dijo Henry Ramos en el discurso de despedida de los restos del compañero Jaime Lusinchi, así también debería titularse  este artículo. Hijo de una madre soltera en el pueblo de Clarines, que levantó a sus hijos hasta llevarlos hasta la universidad, madre a la cual le mostró agradecimiento, respeto y un inmenso amor. Jaime Lusinchi debe ser reconocido por su talento, su sensibilidad social, por el servicio público, por la acción política y de gobierno que fue buena y por mucho, más allá de sus errores como ser humano y de los errores de otros.

Venido de la humildad, siguió siendo humilde y accesible incluso como presidente de la República. Así como la gran mayoría de los venezolanos. Mostró su  talento como estudiante y profesional de la medicina, una excelente hoja de servicio. Se gradúa de médico en la UCV y regresa a su estado para ejercer su profesión, mientras activaba políticamente. En el exilio se especializa en pediatría en Argentina, luego en Chile y en Estados Unidos. En cada uno de estos países, ejerce como residente incluyendo la sección de pediatría del Lincoln Hospital y del Centro Médico Universitario Bellevue de Nueva York.

Lusinchi debe ser reconocido por su compromiso por la democracia en la resistencia. No solo fue líder estudiantil durante su vida universitaria, sino que sufrió cárcel, tortura, destierro,  llegando a ser el Secretario de Organización de Acción Democrática en la clandestinidad. Luego parlamentario, jefe de fracción,  Secretario General del partido. Sempiterno defensor de la juventud del partido hasta llegar a la presidencia de la Republica, gracias a la voluntad popular y a su querido partido. En el ejercicio del poder continuó  el programa del partido: la justicia social, la igualdad de oportunidades, la solidaridad; constructor de hospitales, escuelas, universidades, infraestructura de comunicaciones y en el sector agrícola, con un presupuesto limitado. Pero también reconoció la necesidad de superar los conflictos crecientes en la sociedad venezolana que gracias al desarrollo tenia nuevas exigencias, de allí el Pacto Social, propuesta hecha a la nación para unirla reconociendo sus diferencias frente a los nuevos retos, junto a la creación de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado para construir una nueva institucionalidad que diera respuesta a los cambios sociales. Famoso fue su  comportamiento en el conflicto del Caldas, en donde se le observó  como jefe de Estado defendiendo el espacio territorial de Venezuela, cuando no solo ordenó y se ejecutó la movilización militar (aérea, naval y terrestre), sino que además él mismo dio un ultimátum para la salida del buque de la armada colombiana  so pena de su hundimiento. Ni que decir de su nacionalismo, cuando fue padrino de la primera niña nacida en Los Monjes para fortalecer la soberanía nacional. Famoso también por la frase “ tu a mi no me jodes…”, allí se vio al ser humano en el puesto de Presidente, atacado por la plutocracia que después jugaría a la antipolítica.

Que más humildad y sensibilidad social que en aquella imagen de la inauguración de la segunda etapa de la línea del metro, en el asiento de un vagón mostrando su boleto, en el asiento donde viaja la gente,  a diferencia de otros que aparecerían en el puesto del conductor.

Por eso aquél  eslogan poderoso de “Jaime es como tú”, que no importa quién lo inventó,  es la representación de la persona consustanciada con el hombre y la mujer venezolana, como el pueblo llano, como el que tiene un solo apellido, como el que ama,  respeta  y siente orgulloso de su madre, como el que viene del pueblo, del cerro, del barrio, de la urbanización, por su sensibilidad social. No como un ser superdotado, ni el hombre a caballo,  sino como un hombre, como una persona con sus atributos y sus defectos nunca se le vendió al país como un superhombre o niño mimado. Reconocido en su bonhomía, Lusinchi fue un buen hombre y un gran militante, entregado por el desarrollo del país, por su democracia, con el programa del partido.

 

Jaime Lusinchi fue entregado a la tierra con honores militares, en su carácter de ex presidente. ¿Cómo no hacerlo, si fue electo por voluntad del pueblo y a quien defendió la soberanía del país con contundencia y determinación?

 

Con una tremenda vocación por el servicio público, como médico, como político, como presidente. El más adeco de los adecos en el gobierno, continuó diciendo Henry Ramos, fue llevado en los hombros de sus compañeros de partido, de militantes de base hasta su última morada, para ser sembrado en tierra venezolana, en la historia de un país y en los corazones de su amado partido.

 

Por todo esto, a partir de ahora estará con sus compañeros de lucha, como bien lo dijo el Secretario General del partido, porque Jaime representó al verdadero adeco militante, a la gente humilde, al hombre bueno, por eso Jaime es como tú, como yo, como nosotros… Por eso fue un honor cargar tu ataúd, con tu historia,  hasta siempre compañero Jaime.