“Lázaro, párate y anda”, con esta frase nuestro Salvador, Jesucristo, evidenció que ni la muerte puede contra el poder de Dios.

En el marco de esta Semana Santa, donde la reflexión es regla sistemática, tenemos que analizar este episodio de la historia de la cristiandad.

Con ese simple: “párate y anda”, el Hijo de Dios derrotó las tinieblas, ganó la primera batalla frente a  la muerte.

Luego, en Domingo de Resurrección, gracias a la bondad y Misericordia de Dios, el mismo Jesucristo regresó a la vida venciendo definitivamente a la muerte y concediéndonos vida eterna a todos aquellos que creamos en Él.

Y es este ejemplo es que tenemos que rescatar desde su óptima espiritual como en la terrenal.

Los cristianos tenemos que pararnos y andar hacia una sociedad más justa, más equilibrada, más libre y más fiel a la fe y al desarrollo social para todos por igual.

Los cristianos, como lo dijese el Papa Francisco, tenemos que involucrarnos en política para ser nosotros los forjadores de los cambios que necesitan las sociedades del mundo, y sobre todo la transformación que nos urge en Venezuela.

Los venezolanos nos estamos levantando de nuestro letargo, de nuestra desazón y estamos en las calles del país librando una batalla que es en parte terrenal  y en parte espiritual.

Nos paramos y andamos unidos como una sociedad que clama libertad, que reclama democracia y que exige el cese inmediato de la represión de un régimen despótico que azota a la población con el látigo del hambre y de la muerte.

El venezolano se para y anda con paso firme por la senda de la liberación y la reivindicación social y política. El venezolano lucha contra un modelo económico y político que no solo prostituyó el quehacer público, que no solo violentó la moral administrativa, sino que derrumbó los valores sociales y edificó una doctrina de antivalores que empieza contra el irrespeto a la religión.

O es que, podemos obviar el atentado que flagrantemente cometieron los llamados Colectivos en contra de la Basílica de Santa Teresa en Caracas, en plena Misa en honor al Santo Nazareno de San Pablo.

Y no fue solo un irrespeto, fue un atentado en contra de la fe de millones de venezolanos, fue una afrenta en contra de Dios, una blasfemia en todos los sentidos.

Como cristianos, como demócratas, como ciudadanos tenemos que decir, al son de nuestros pies chocando en el pavimento de las calles de todo el país, que: “Democracia, párate y anda”.

Porque somos los venezolanos, con la fuerza de nuestras convicciones, con el ánimo de nuestra lucha, con el afán de nuestros desvelos, los únicos capaces de levantar las banderas de la libertad y ondearlas con orgullo por los cielos de Venezuela.

Sí, levantemos los principios democráticos e iniciemos el recorrido hacia la reconstrucción nacional.

Sin olvidar que nuestra fe es inquebrantable, sin dejar de luchar por nuestros anhelos.

Cada día estoy más convenido que Dios nos acompaña en esta batalla diaria y constantes por la liberación de nuestra amada república.