Uno de los grandes problemas nacionales es la carencia de una política coherente y efectiva de producción nacional,

en esto coinciden todos los economistas y más de un político a pesar de las diversas tendencias ideológicas.

Pero, el régimen entendió mal el concepto y ha emprendido una política de producción de desilusiones, promesas incumplidas, y sobre todo engaños.

Miraflores se ha transformado en una fábrica de engaños políticos, económicos y sociales. El Gobierno se ha afanado en la construcción de la industria de las farsas.

Aquí el campo fue abandonado o desasistido, mientras los jerarcas del poder se aferran al criterio de sembrar odios, divisiones y sectarismos que han marcado el devenir de la sociedad venezolana en los últimos 18 años.

El modelo económico auspiciado desde la mentada “revolución” se centra en la fabricación de hambre, pobres y mendigos.

Si algo se ha multiplicado en este período es el número de neveras vacías, es el índice de ciudadanos asesinados por la delincuencia, es la tendencia de las cifras de desempleados o de trabajadores informales.

La “revolución” ha producido, con afán desmedido y prolongado, pobres a diestra y siniestra, ha incentivado y abultado el número de comensales de basurero y de huéspedes de cementerios a causa de la inanición.

El hambre, la inseguridad, y la inmigración de nuestros hijos ha sido la cosecha que han recogido los actuales inquilinos del Palacio de Miraflores.

El régimen entendió mal el mensaje, a Venezuela lo que le urge es fábricas que muevan la economía, campos sembrados y cosechados, industrias moviendo y activando la mano de obra técnica y profesional, y no que continúe la economía de puertos.

Y, también necesitamos producir acciones democráticas, populares y coordinadas para hacer presión al régimen de Nicolás Maduro.

La Mesa de la Unidad Democrática a raíz de su reestructuración tiene que ser productiva en acciones, alianzas, y estrategias que nos permitan avanzar en la materialización de las elecciones nacionales, regionales y locales.

Frente a la producción de engaños, tenemos que fabricar vías pacíficas, democráticas y constitucionales para salir de la crisis que padecemos dentro de nuestra nación.

¡Adelante! Seamos democrática y operativamente productivos, los venezolanos esperan de nosotros acciones, decisiones y soluciones que den al traste con el modelo de improductividad económica y de fabricación de mentiras al cual estamos sometidos desde hace casi dos décadas.

La Unidad es el producto de años de esfuerzos, pero la Libertad será la cúspide de todos nuestros esfuerzos dentro de las diversas organizaciones políticas, como de la sociedad democrática venezolana.

Unidos produciremos los cambios que anhelan los venezolanos, hoy más que nunca.