Declaraciones de Julio Borges distorsionan la historia y ofenden a Acción Democrática al comparar este desastre con el gobierno de Carlos Andrés Pérez.

En el partido político Primero Justicia parece haber un afán, digno de mejor causa, de comparar a este régimen con gobiernos de Acción Democrática, para pasarnos por el mismo rasero con fines inconfesables. Ese empeño de Julio Borges de comparar el desastre de este régimen con un gobierno de AD, sólo es comparable con declaraciones similares de su compañero zuliano que fueron respondidas en su oportunidad por nuestro Secretario General Henry Ramos Allup, cuando le dijo con justa indignación: “Mala práctica que para poder criticar los abusos de este gobierno, tengamos que pagar el peaje que nos ha impuesto el chavismo de tirarle piedras a un pasado del que en mayor o menor medida todos provenimos y del que mucho tenemos para enorgullecernos y muy poco de que avergonzarnos. Torpe ejercicio de autoflagelación. De la IV venimos todos, incluso nuestro candidato Henrique Capriles, quien fue diputado por el Zulia y Presidente de la Cámara de Diputados. De mi Partido, que tiene en su activo haber ganado cinco elecciones presidenciales y perdido dos por estrecho margen, aprendí que el partido del candidato tiene que hacer más esfuerzos que nadie para ganar, que hay que sumar, tratar con guante de seda a los aliados de la coyuntura, incluir y no excluir, no comportarse con arrogancia sino con humildad y no agredir en público para adular en privado”.

Comparar los desastres cometidos por este régimen con el gobierno de Carlos Andrés Pérez y AD es un despropósito que tergiversa aviesamente la historia, pues hay que precisar que Carlos Andrés se encontró con una difícil coyuntura nacional e internacional, de bajos precios petroleros y un déficit colosal, por lo que la situación ameritaba la aplicación de una nueva estrategia de desarrollo. Esta debía generar mayor equidad social, más eficiencia económica y profundizar el desarrollo cultural. Pero alcanzar estos objetivos, a su vez, implicaba adoptar una política redistributiva más eficiente, que se tradujera en altos niveles de empleo y mejores condiciones materiales y culturales; implantar un nuevo modelo competitivo que permitiera incorporar a Venezuela a las corrientes económicas mundiales a través de una reconversión industrial dirigida hacia la exportación; transformar al Estado haciéndolo responsable de la prestación eficiente de servicios públicos y sociales, del desarrollo de la infraestructura y de proyectos estratégicos, de la promoción y regulación eficiente de la actividad privada, de la generación de condiciones macroeconómicas adecuadas, de la creación de espacios para la construcción de acuerdos y de la administrador eficiente del presupuesto público. Con todo ello se pretendía pasar de una sociedad basada en el consumo de la renta petrolera a una basada en el trabajo productivo y creativo; de un país con grandes desigualdades en la asignación de la riqueza social a uno con una mejor distribución de la riqueza y de un sistema político con limitaciones en su capacidad para afrontar los dilemas de las decisiones colectivas a una democracia participativa. Se trataba, en suma, de hacer de Venezuela un país caracterizado por contar con un sistema económico basado en la producción, la productividad y la iniciativa individual; capaz de ofrecer igualdad de oportunidades a sus ciudadanos y por hacer de una democracia eficiente, participativa y de concertación, modo de vida y procedimiento para el arreglo de controversias.

Sin embargo, nada de esto se pudo concretar porque todos recordamos que antes de poner en prácticas estas medidas ocurrió el “Caracazo”, luego los golpes de estado fracasados pero que sumieron al país en un deslave político que golpeó las instituciones, la antipolítica hizo de las suyas y apareció “el Salvador de la Patria” y el resto es historia conocida, no sólo se desbarató todo el entramado que trató de construir Carlos Andrés Pérez, sino que Caldera en su gobierno comenzó a hacer lo contrario, aunque debido a la crisis petrolera al final de su mandato, cuando ya era tarde, trató de corregir el rumbo. Cuando Chávez comienza su gobierno con una sólida mayoría popular de respaldo, sin embargo su política económica no sólo acabó con la iniciativa privada y desmontó toda la institucionalidad democrática, forjada por AD en más de 70 años de lucha, sino que hoy día su sucesor mantiene la misma política incoherente y desacertada que ha hundido el país. ¿Cómo entonces Borges pretende comparar  esta locura con la sensata política que se trató de implementar y que fue saboteada por la izquierda atrasada y la derecha recalcitrante y borbónica (por aquello que ni olvida ni aprende) de la cual Borges parece querer asumir su liderazgo?

Que nadie se equivoque con nuestras política unitaria, ella no es síntoma de debilidad, sino de claridad frente a un régimen que quiere acabar con la libertad y la democracia, pero tampoco vamos a tolerar indefinidamente los atropellos y las comparaciones abusivas de quienes tienen “memoria larga pero muy poca memoria corta” (Ramos dixit). Hablar, a estas alturas, de los errores de gobiernos adecos del pasado y olvidar incidentes de corrupción como los de PDVSA provoca… ¡hasta recordárselos! No nos siga jurungando señor Borges que del balance de nuestro pasado los adecos nos sentimos orgullosos, no sabemos si del suyo usted sienta lo mismo.   ¡Basta Ya!

Prensa AD Carabobo