Henry Ramos, en representación del CEN de AD, fue el encargado de despedir a Jaime Lusinchi en los actos velatorios organizados en su segunda casa, la de su partido en Caracas, y allí dijo, entre otras muchas verdades sobre el expresidente, esta brevísima pero rotunda afirmación: “Jaime, en esencia, era un hombre bueno”. ¡Qué gran verdad! Jaime, lejos de fomentar odios y rivalidades entre venezolanos logró la hazaña –que ahora, después de estos 15 años de crispación sin precedentes, luce como tal– de cumplir todo un quinquenio de paz y armonía entre los venezolanos.

En la tergiversada historia oficial a los adecos se nos ha acusado de sectarios y virulentos, seguramente por nuestra gestión de gobierno del trienio iniciada de manera incruenta, con un golpe de Estado que derrocó a Medina Angarita, y se convirtió en revolución, pero progresista y positiva, por haber transformado aquellas arcaicas estructuras de poder heredadas del gomecismo. Sin embargo, nuestros presidentes han sido contrarios a fomentar el odio y la división durante sus gestiones, pues al sectarismo original –si existió– no solo lo autocriticamos, sino que lo corregimos con creces. En efecto, basta recordar lo dicho por Rómulo Betancourt al regreso de su último exilio: “…Estas cuestiones fueron objeto de discusión y análisis, como los otros temas de la problemática nacional, en los diálogos realizados con Rafael Caldera y Jóvito Villalba esas dos grandes figuras de la democracia nacional, exiliados como yo en la ciudad de Nueva York. Y cuando llegó a esa ciudad el general López Contreras, durante muchas horas discutimos con él, y también encontramos en el expresidente un hombre fundamentalmente interesado en que en este país se asiente la democracia definitivamente. Y no vacilo en decir que si una muerte prematura no lo hubiera arrebatado del mundo de los vivos, con el expresidente Medina Angarita hubiéramos podido discutir sobre los problemas de Venezuela, con ánimo sincero de buscarles soluciones razonables”. El Pacto de Puntofijo, luego la Ancha Base de Leoni y el nombramiento, por parte de Pérez, de exguerrilleros como ministros y embajadores terminan por confirmar el sentido unitario y conciliador de nuestros gobiernos.

Igual hizo Jaime cuando logró, en la Comisión Presidencial para el Nuevo Modelo Educativo Nacional, sentar en una misma mesa a dos grandes venezolanos de ideas divergentes, como fueron Arturo Uslar Pietri y Luis Beltrán Prieto, para que elaboraran el mejor plan de educación de nuestra historia.

El secretario general de AD agradeció en su discurso la decisión del gobierno de concederle a Jaime los honores reservados a los jefes de Estado en el momento de sus exequias, en el entendido de que “la muerte no es para unir o desunir sino para respetarla” y sin complejos Henry agregó: “Ojalá la muerte de nuestro compañero sirva para borrar esa odiosa pugnacidad entre compatriotas”. En definitiva, debemos decir que nuestros líderes, los de ayer y los de hoy, al ser verdaderos hombres de Estado, se empinan sobre los odios que fomenta la pugnacidad política. ¿Han cometido errores, quién puede en el mundo de los vivos lanzar la primera piedra? Pero el balance de nuestros actos, sean como gobierno u oposición, nos reivindica ante la historia. Ese ejemplo de bonhomía y solidaridad de Jaime Lusinchi tiene que ser imitado por los venezolanos de todas las ideologías, al menos la parte que milita en AD lo debemos seguir para que, más temprano que tarde, consigamos imponerlo. En paz descanse ese hombre bueno, líder de la fraternidad y concordia entre todos sus compatriotas.

PS: Por razones de espacio, en próxima entrega nos referiremos a sus obras de buen gobierno.

aebolivar630sep12