En los análisis y debates que con frecuencia se realizan desde la acera de la alternativa democrática en Venezuela, he sostenido la idea  de que es necesario conocer los intríngulis de las contradicciones internas, en el seno del oficialismo, para poder hacer un diagnóstico objetivo que permita diseñar una política correcta y así puedan ser enfrentados con éxito. Ese conocimiento explica, no justifica, el creciente y aparentemente incomprensible radicalismo del gobierno cuestionado que inicia Nicolás Maduro.

La inmensa responsabilidad que recayó sobre los hombros de Nicolás Maduro, cuando Hugo Chávez lo ungió como albacea de su testamento político, se elevó a la ene potencia cuando el 14 de abril vio mermado el patrimonio de la herencia por múltiples factores que no es el propósito de este análisis desmenuzar. Es una realidad tangible, sean cuales fueren las razones, que la herencia recibida mermó en más de un millón de votos que, por los pelos, no produce la hecatombe que significaría perder la firma de la chequera petrolera.

El problemón que tiene en sus manos, Nicolás Maduro y su entorno más cercano, es el de radicalizar a su gobierno para tratar de amalgamar la diáspora del confuso y variopinto archipiélago que unía sólo y únicamente el caudillo de Sabaneta; mientras se enajena, por la misma razón y en sentido contrario, al resto de la sociedad venezolana. En síntesis, se podría decir que el grupo Maduro – integrado por Cilia, Merentes, Ramírez y él mismo – instigado por la esclerótica dirigencia cubana y los radicales del chavismo, si no se pone los pantalones y los manda a freír monos, podría terminar, mutatis mutandi, como la famosa “Banda de los cuatro” herederos como estos de la herencia de otro líder carismático: Mao Zedong.

En efecto, la comparación de los cuatro integrantes de la cúpula del incipiente “madurismo” con la “Banda de los Cuatro” china, no es casual ni baladí, pues la semejanza es indiscutible. Henry Kissinger, el famosísimo ex Secretario de Estado de los EEUU, tiene un enjundioso trabajo sobre la historia del más importante país asiático que titula China y, en él, después de hacer un recorrido imaginario por toda la historia del gigante de Asia explica el fenómeno de la herencia política del jefe político indiscutible que fue Mao, malbaratada por una pandilla que no le daba ni por los talones, la que en meses derrumbó una edificación ideológica construida, durante decenas de años, bajo la férula del “gran timonel”.

 Kissinger afirma un hecho histórico incontrovertible y ud, estimado lector, si quita la palabra Mao y pone Chávez, sustituye China y pone Venezuela en el siguiente relato, verá porque hago la comparación (mutatis mutandi, of course):

“Mao legó a China un conjunto extraordinariamente complejo de rivalidades políticas, pues promocionó a funcionarios de uno y otro lado de su perspectiva sobre el destino de China. Con su característica circunlocución estimuló a ambos bandos y después los enfrentó, al tiempo que fomentaba las ´contradicciones´ en cada facción para asegurarse de que nadie poseía un dominio lo suficientemente claro como para erigirse en autoridad comparable a la suya. Allí surgió la “banda de los cuatro”, calificada así por el propio Mao donde se incluía a su mujer y estos se enfrentaron a DengZiaoPing quien a la postre triunfó, pero lo que vale la pena resaltar es que la “banda de los cuatro” duró muy poco en el poder porque alimentó el atraso ideológico”. Agrega Kissinger que: “la Banda de los Cuatro defendía la involución. La facción pretendía purificar la cultura y la política chinas y eliminar de ellas influencias sospechosas (en lo que se incluía cualquier tendencia tachada de extranjera, “revisionista” burguesa, tradicional, capitalista o antipartido) a fin de revitalizar la ética china de la lucha revolucionaria y el igualitarismo radical y reorientar la vida social hacia un culto básicamente religioso de Mao Zedong”. Por todo ello es fácil colegir que esta Banda fue derrotada por el “reformador” Deng, quien rompió con todo el arsenal dogmático del maoísmo y se dispuso a convertir a China en una sociedad de mercado progresista y desarrollada con ciencia, tecnología y educación al servicio del progreso.

Si Maduro y su “Banda” no toma conciencia de que debe deslastrarse de esa odiosa y atrasada exaltación ideológica radical, estimulada por sus propios enemigos internos, va a terminar siendo sustituido, más temprano que tarde, por aquellos a la cabeza de los cuales parece erigirse, como líder fundamental, alguien que no es bien visto por los cubanos ni por casi nadie: el inefable Diosdado Cabello, el “democrático” Presidente del parlamento que no permite que la oposición “parlamente” y quien culminará su obra impidiéndole hablar a la Banda de los Cuatro… ¡incluyendo a su jefe!

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD