Durante el régimen, la inflación siempre ha sido la más alta de América Latina. El pasado mes de mayo alcanzó el 6%. Los trabajadores están en la calle pidiendo aumento salarial, el ajuste del primero de mayo no calmó las aguas. El caso de las universidades nacionales es ejemplo de esto, tienen siete años sin ajuste. En su afán de mantener el poder con una estructura centralizada, el régimen no ha actualizado ningún contrato colectivo, con lo que se puede esperar más presión social.

Lo hemos dicho: el régimen ya dio todo lo que tenía que dar. El alto gasto gubernamental, excluyendo las misiones, junto al cerco del sector productivo, son un par de causales. Pero nadie puede desestimar los efectos del  enorme gasto electoral, de los bonos de la deuda interna y externa, de los regalos y las donaciones, del petróleo barato a los panas, de la corrupción, del festín de la boliburguesía… Todos  son elementos que no podemos dejar por fuera cuando analizamos la inflación récord que muestra la economía del país.

No es obra de Maduro ciertamente. Pero al hijo de Chávez le ha quedado esta herencia, le toca. El proyecto del fallecido se montó sobre los altos precios del petróleo, más nada. El país “soberano”, el país “independiente”, el país que quería salvar al mundo, ha dilapidado el mayor ingreso que ha tenido en toda su historia republicana. En Venezuela estamos como en la película “Cuando el destino nos alcance” de 1973, dirigida por Richard Fleischer y protagonizada por Charlton Heston y  Edward G. Robinson, donde existe una especie de boliburguesía que tiene de todo mientras la población consume un preparado llamado soylent green, que está hecho de humanos. Lo cierto, es que el modelo impuesto aquí se agotó, alcanzamos a ser un país sin economía productiva, pero brutalmente importador y dependiente del petróleo.

La inflación de mayo no es estacionaria pero sí extraordinaria. Los precios del petróleo se mantienen altos, se supone que la industria petrolera  funciona, pero ahora traemos de fuera el petróleo, una parte de la gasolina que consumimos, las caraotas y hasta el papel higiénico. No es el “ta’ barato dame dos” de la gente en los años 70, es que se importa absolutamente de todo y el principal importador es el gobierno “nacionalista”. Por contraparte, se produce nada: ni las expropiaciones, ni las “nacionalizaciones”, ni los “rescates” de tierras,  ni la economía socialista, han servido para frenar la inflación y tal parece que a final de año será muy superior a la registrada en los últimos 25 años.

El gobierno, en cambio, es diligente en inventar excusas… Ahora la causa es el consumismo, dice la jerarquía gubernamental, que al igual que en el caso de la energía eléctrica, traslada la responsabilidad de su ineficiencia al pueblo. Lo que frena al pueblo de salir a la calle y escalar su protesta es la presencia de los colectivos armados, los grupos de choque creados por el régimen, apertrechados a toda mecha y sin ningún control del “Patria Segura”.  La cúpula del  poder también crea “potes de humo” para desviar la presión social: ahora no son solo los intentos de magnicidio sino la supuesta compra de 18 aviones de combate por parte de la oposición, que tendrían como base a la hermana república de Colombia. Una denuncia que no solo es irresponsable y exagerada, sino irreal y fantasiosa desde todo punto de vista. Solo los países, y no todos, tienen capacidad de compra de armamento de este estilo y en tal cantidad.

Para coronar la situación, la FAO le otorga a Venezuela el premio en la lucha contra el hambre, en momentos en que hay golpizas colectivas en algunos supermercados para conseguir harina de maíz y pollo. Mayor escándalo en el país. Pero el galardón es el resultado de los datos emanados por cifras oficiales de los entes venezolanos, y aquí todos nos conocemos: ya sabemos el nivel de confianza que se puede tener o no tener frente a las estadísticas gubernamentales.

Cuando la inflación nos alcance, cuando el alto costo de la vida nos alcance, cuando la escasez nos alcance… Las redes del mercado negro, los tentáculos de la corrupción, ya comienzan a crecer y afectar a todos, independientemente de la posición política de cada quien. Maduro, hazte un favor, haznos un favor a todos: reconoce que no es el capitalismo, que no es la oposición democrática la que genera el malestar. Maduro, es el alto costo de la vida.  Es que “el futuro nos alcanzó”, Nicolás.

Angel Lugo

Secretario Político del CEN de AD