Ya se hizo público el audio del informe de Mario Silva al jefe del G-2 cubano en Venezuela. Una twittera escribió en su TL: “…lo peor no es la echadera de paja, lo peor es la rendición de cuentas a Cuba”. Empresas, Embajadas, instituciones públicas y privadas contratan servicios de  análisis de  entorno. Lo que no sabemos,  es si ése es el caso de Silva, quien siendo una persona que confiesa que tiene un grupo armado, es el primero en colocar grabaciones y ahora se revela como un informante de un servicio de inteligencia extranjero.

 No estamos en presencia de un “mariovideo” porque es un audio, pero en un primer análisis hay varias cosas que resaltar:

 La pregunta de siempre… ¿quién filtró el audio?. Se nota que los informes no eran escritos,  sino reportes  orales, grabados en un cd. Sobre el origen, ya se habla de un empleado de Silva, del mismo Silva e, incluso, del mismo G-2 cubano para iniciar una “razzia” contra aquellos adversarios internos de Maduro, que es decir lo mismo que estar contra los intereses de Cuba en Venezuela. Otras versiones apuntan a que la filtración provino de un sector de Diosdado, con el objetivo de afianzar un sector militar nacionalista vs. el civil-cubanista. Mario Silva no  dice nada nuevo, pero la novedad es que la situación de descomposición interna del régimen ha sido descrita con mucho detalle por una figura emblemática de la “nomenklatura” chavista.

 El que habla en la grabación es un Mario Silva que perdió el puente con el nuevo poder.  Maduro no es Chávez y Silva expone su desconexión con la nueva cúpula, especialmente con   Cilia Flores, a quien presenta como  la nueva alcabala. Silva no hace otra cosa que confesar su despecho porque ha perdido influencia y poder: un poder que  estaría perdiendo con la misma velocidad con la que Maduro pierde en las encuestas y en las preferencias populares. Por lo visto, no hay quien defienda a Mario Silva.

 Por otra parte, es  el reconocimiento de que hay violencia interna y de que  los grupos armados operan libremente en el chavismo, con anuencia de las autoridades. Mario Silva y su grupo están armados. Ha señalado que el actual ministro de la Defensa le ha entregado “más fusiles”, que le han montado atentados y amenazado a su familia. La pregunta que salta a la vista es obvia: ¿tendrá esto que ver con los dos escoltas de Silva que han sido asesinados por “la delincuencia”?. Luego, no debe pasar por debajo la mesa una de sus frases: “…descubrimos a dos y pum pam y le dimos…”. El mismo Silva dice que lo quieren matar porque sabe mucho, porque está resteado y es peligroso (por la información comprometedora que posee)  para mucha gente. Silva asume, además, la misma respuesta que siempre ofrece la institucionalidad chavista: “no le debo disculpas a nadie, porque no he hecho nada que no sea revolucionario”.

 Mario Silva expone con crudeza lo que caracteriza al gobierno de Maduro, su naturaleza y su fermentación. Habla de la división en la cúpula chavista, de la corrupción, el nepotismo, el abuso de poder y la conjura contra Maduro. En una sola frase: aquí llegó la hora de contar los cañones de cada grupo. El hojillero no escatimó en nombres, habló del fraccionamiento del sector militar, exteriorizó sus dudas sobre el sistema electoral y sobre las rectoras; enfatizó como nunca la injerencia cubana en las FANB. ¿Cuál va a ser el impacto en la base chavista?, las redes sociales ya muestran ciertas tendencias: Mario Silva puede ser un chismoso, pero es un hombre apegado a la revolución de Chávez, que denuncia los desvíos en el proceso. Segundo, Maduro no representa el ideal chavista.

Las primeras respuestas del chavismo eran las previsibles: es un “montaje”, son “chismes”,  son “opiniones personales”, pero… sale Silva de la programación de VTV “por razones de salud” y la propaganda del régimen tiene más de 24 horas sobreexponiendo a la dupla Maduro/Cabello para probar y demostrar que hay “unidad”.  Lo que enfrenta Maduro y el chavismo no es una explosión, sino una carga de profundidad. Está, como la película, “durmiendo con el enemigo”, así que el problema no está en la oposición sino en sus propias filas. Ya la jerarquía chavista está defendiendo a Cabello, pero a lo interno, repetimos, se están contando los cañones. A Maduro le toca controlar la violencia interna y las divisiones, en medio de una severa crisis financiera. Le toca cuadrar las cuentas del gobierno, pero enfrentando al mismo tiempo la escasez, la inflación y el desabastecimiento. Debe equilibrar la intervención cubana, las relaciones con el mundo militar, su propia legitimidad de origen y cuidado, si también sobre el desempeño, pero esta vez frente a la tropa chavista.

¡Ay Nicolás! No está fácil la situación. La complejidad de los problemas está creciendo, y como hemos dicho, Maduro no es Chávez, ni de lejos!.

Angel Lugo 

Secretario Político del CEN de AD