Ser patriota, antiimperialista, y nacionalista  no implica brincar olímpicamente las normas básicas de la economía. Las Reservas Internacionales son el respaldo en moneda extranjera de los billetes y monedas que circulan en el sistema. El dinero, por sí solo, no posee valor alguno. Lo que usted carga en su billetera adquiere valor cuando  la autoridad monetaria  genera “confianza” en la moneda a emitir. No en vano es colocada la inscripción: “pagadero al portador en las oficinas del banco”. La masa monetaria se encuentra respaldada en dólares y oro; es decir, por cada dólar que recibe el BCV, éste imprime a cambio bolívares, de manera tal que las Reservas Internacionales servirán no solamente para enfrentar shocks e importaciones, sino para respaldar los billetes que el Banco Central emitió. Así funciona la economía a niveles teóricos. En la Venezuela bolivariana el mecanismo es exactamente al revés.

En el año 2004, Hugo Chávez “le exige” a la directiva del  BCV de aquel entonces, que le otorgaran “un millardito” de dólares de las Reservas para financiar diversos proyectos de carácter agrícola. Por norma constitucional, el ente emisor está plenamente facultado para administrar las R.I (artículo 318), y no debe subordinarse a los lineamientos del gobierno (artículo 320), razones más que suficientes para que el Banco se negara a transferir al régimen la suma solicitada, por cuanto iba a resultar lesivo para la economía y era violatorio del marco jurídico vigente. Pero como Hugo Chávez, sus diputados y ministros creían que “el banco tenía mucho dinero”, modificaron la Ley del BCV (la cual le otorgaba mayor radio de acción al instituto desde los años 90, gracias a las reformas de CAP), y fue obligada su directiva a transferir no un millardito, sino un total de 6 millardos de dólares a la criatura denominada “FONDEN”. Primer golpe en seco al derecho y a la estabilidad monetaria.

Con el Banco Central eunuco, aprovecharon de engordar los niveles de discrecionalidad en la administración de los dineros que le pertenecen a los venezolanos y no al gobierno. Entre los años 2005 y 2012 según consta en estados financieros, Petróleos de Venezuela –esa misma que en la IV República era modelo internacional de gestión y eficiencia- dejó de entregar al BCV la cantidad de $ 107.000.000.000, cuyo destino fue “gasto social y aportes al FONDEN”. Es decir, no solamente el eunuco Banco Central fue obligado a transferir parte de sus activos al régimen descapitalizándose, sino que también PDVSA hacía lo propio repartiendo dólares como si fueran serpentinas y confetti. No contaban con la astucia del modelo socialista; no contaban con que la producción nacional iba a caer a niveles insostenibles; se les olvidó que la economía es altamente rentista y dependiente de los precios del petróleo; se burlaron de quienes advirtieron de los peligros de imprimir bolívares sin respaldo como arroz y del anclaje cambiario grotesco; rasparon la olla hasta que se cansaron y el sistema no aguantó tanta estupidez elaborada junta.

Pasamos de importar 15 millardos de dólares anuales en 1997, para importar 59 millardos en 2012. La Presidenta recién nombrada del BCV cuya profesión es ingeniera, le resumió a la prensa en 3 palabras su brillante deducción de lo que sucedía con las importaciones: “nos volvimos locos”, además de afirmar que “tenemos reservas internacionales suficientes”. Al revisar estados financieros del Banco para el mes de mayo, las reservas operativas –en cash, las utilizadas para importaciones- solamente integraban 8,5% del total de reservas. El resto se mantiene en oro y otros instrumentos no líquidos. La pregunta es: ¿Acaso Edmee Betancourt no ha leído con detalle los estados financieros que firma, o es que también tiene la mala costumbre de escuchar lo que cuentan los pajaritos? Si todo camina bien, no tendríamos serios problemas de escasez, ni estuvieran “haciendo tiempo” con los empresarios prometiéndoles unos dólares que según sus propios balances no tienen.

Y así las cosas, el déficit fiscal cada año es mayor, obligando al gobierno a devaluar. El tipo de cambio a 6,30 ya es pasado: Viene más porque las cuentas les cuadran menos que nunca (porque jamás les cuadró bien). La inflación se va a disparar hasta 40% en 2013, y la culpa nunca será del gobierno. Como ya montaron el zoológico completo (iguanas, zamuros, rabipelados y pajaritos), y Nicolás no pudo cantarle ni las mañanitas a Lorenzo Mendoza, toca echarle la culpa al más pendejo: el pueblo. Eso y más es lo que sucede cuando se complacen los caprichos de un presidente cuyos ministros del área económica, curiosamente, nunca estudiaron economía en la universidad. Si se cometieron todos los errores del mundo con un militar que se creía Bolívar, con el que habla con pajaritos la cosa se va a poner peor. Estamos cerca del precipicio y con Maduro daremos un paso al frente, sin dudas.

Danny Leguízamo

Economista y miembro de la Juventud de AD Caracas