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Ante la estruendosa caída de 13 puntos en la aceptación del Presidente Maduro, lo que ha sucedido después de cien días de protestas estudiantiles; 44 crímenes cuyas autorías intelectuales y materiales todos suponemos donde están; mas de 2.000 estudiantes presos y bajo régimen de presentación; cientos de heridos, torturados y desaparecidos; además de 2 alcaldes y un líder político encarcelados, al alto mando de la revolución no se le recurre otra cosa, para desviar la atención, que recurrir a la desgastada estratagema de denunciar un magnicidio

La pobreza argumental de la denuncia, en la que involucran a destacadas personalidades opositoras, de cuya posiciones radicales nos hemos diferenciado claramente, no solo se debate entre lo temerario y lo ridículo, dejando en evidencia, una vez más, las graves carencias de imaginación que padece el aparato de espionaje creado por el régimen para montarle ollas a la oposición, sino que, además, pretenden con desfachatez inaudita, que la MUD cometa el desafuero de solidarizarse con esta triquiñuela, cuyo objetivo no puede ser otro que el de encarcelar a los señalados, contando con la anuencia de los partidos democráticos.

Como vocero de este despropósito, el alto mando de la revolución ha utilizado a un funcionario de tercer nivel, sin competencia alguna para ello y caracterizado por su baja credibilidad, al cual le han hecho coro el Presidente, el Vicepresidente y los ministros, quienes ya, de antemano, han condenado a los acusados, dejando claro lo que deben descubrir los investigadores de la fiscalía y la sentencia que deben dictar los jueces obedientes.

Frente a esta peligrosa banalización de un delito tan grave como el magnicidio, lo que debe quedar claro, es que, para la oposición democrática no hace falta “magnicidar” a nadie para cambiar el régimen, ya que el sistema político militar y totalitario que el chavismo pretende imponer a la machimberra se está derrumbando solito y por su propio peso, e, inexorablemente, va a ser derrotado con votos, como se lo merece, en los próximos procesos electorales. Así lo entienden las nuevas mayorías que, hastiadas de la incompetencia para resolver la corrupción institucionalizada y los altos niveles de inflación, escasez y criminalidad se están conformando en el seno de la sociedad venezolana.