Captura_de_pantalla_25_05_14_10_52

Una de las causas que obligaron a la MUD a congelar los diálogos de paz, fue el rechazo radical del régimen a la propuesta de aprobar una Ley de Amnistía General para los presos y perseguidos políticos. Ese comportamiento represivo e intransigente de los jefes de la revolución, estimulado por los sectores más radicales de la extrema izquierda chavista, nos llama poderosamente la atención,  cuando recordamos el tratamiento indulgente que tuvieron hacia sus padres políticos, los guerrilleros de los años 60, los gobiernos de la democracia civil.

Aquellos guerrilleros de los años 60, que, armados y adiestrados por Fidel Castro con financiamiento de la extinta Unión Soviética,  intentaron derrocar por la fuerza al Presidente Rómulo Betancourt, tenían, entre sus lineamientos tácticos, para desestabilizar al gobierno democrático, asesinar a mansalva un policía diario; secuestrar personas, aviones y barcos, como medio de propaganda; asaltar bancos para incrementar sus fondos; emboscar y asesinar a pequeñas patrullas militares en las zonas rurales y;  además, fusilar a sus propios camaradas que decidían desertar de aquella barbarie.

Estas historias de horror y muerte que hoy ocultan deliberadamente sus protagonistas, los viejos carcamales de la extrema izquierda guerrillera que hoy apadrinan a los nuevos jefes de la revolución, quienes ahora se niegan a aprobar una Ley de Amnistía,  serían incompletas si no se agregaran otras felonías como las intentonas golpistas conocidas como el porteñazo y el carupanazo, además de la fallida invasión por Machurucuto del ejército cubano y hechos tan deleznable como la tristemente recordada masacre del encanto, en la que asesinaron cruelmente a siete jóvenes guardias nacionales.

Pero hay más, estos nuevos jefes de la revolución, que encarcelan, torturan, asesinan y desaparecen a jóvenes manifestantes, son los mismos que, cuando fueron dirigentes universitarios, tal como lo continúan haciendo ahora desde el gobierno, infiltraban grupos armados en las manifestaciones estudiantiles, los cuales desafiaban a las fuerzas responsables de guardar el orden público, con acciones violentas, igualitas a las que hemos visto en estos dias y, algunas veces lo hacían, hasta provocar un muerto, lo que parecía ser su verdadero propósito.

Pero lo más incomprensible de este asunto es que, entre quienes ahora se niegan a ofrecer una Amnistía, se encuentran los responsables de la cantidad de muertes ocasionadas a militares y civiles durante las intentonas golpistas del 4F y del 27N del 92, contra el gobierno legítimo de Carlos Andrés Pérez, de los cuales, nos quedan como recuerdos bochornosos, el ataque cobarde contra la Primera Dama y sus hijas en la Casona y la masacre despiadada contra humildes trabajadores en el Canal 8. Esos asesinos fueron indultados generosamente por el Presidente Caldera.

Estos nuevos jefes de la revolución, si realmente les interesa el diálogo y la paz, deberían reflexionar y aprender de las políticas de pasificación, realmente aleccionadoras,  emprendidas por los gobiernos democráticos frente a sus padres políticos, los viejos guerrilleros de los años 60. En el caso del Presidente Leoni, éste inició el proceso de conmutación de pena, que benefició a muchos de ellos, que eran responsables de actos criminales atroces que conmovieron al País y, el Presidente Caldera, en su primer mandato, profundizó ese proceso mediante el decreto de pacificación, por el cual se perdonó a todos los que quisieron acogerse a el  y se les retornó con todos sus derechos a la vida civil.