Al ver el título nuestros lectores pensarán que hubo un craso error pues, es sabido por todos que, a Caracas se la mencionaba como la “ciudad de los techos rojos”. Sin embargo, no queremos en esta oportunidad hacer una mención a la memoria histórica, a la crónica o al rescate patrimonial de las pocas edificaciones que pudieren cumplir con esa característica arquitectónica. Queremos con estas líneas alertar de una situación que, como aquella, salta a la vista de cualquier ciudadano: la ciudad de las casas rojas. El 56% de los caraqueños vive en zonas de alta inestabilidad, y el 54% en barrios -favelas, villa miseria… asentamientos informales que reúnen a familias de muy bajos ingresos. Pues, justamente, al abrir cualquier ventana caraqueña, al otear el horizonte de nuestra ciudad capital podemos ver que estamos rodeados de cordones de miseria -ciudadanos como usted o como yo- que viven no sólo en condiciones precarias, sino en estructuras urbanas inadecuadas, inestables, al margen de los estándares.

Caracas ha tenido, registrado en nuestra historia la fuerza de la actividad sísmica. Desde 1812 y, más recientemente, en 1967, la tierra cobró victimas y destruyó estructuras que modificaron a la ciudad de los techos rojos, por esta que vemos hoy en día. La misión vivienda, parecía en principio que,  aunado a la solución habitacional, permitiría -paulatinamente- ir disminuyendo y, terminando con los cordones de miseria que atestan la ciudad. De esta forma, la cacareada misión vivienda, además de un acto de justicia, constituiría un apalancamiento de la ciudadanía de menores recursos en sectores más estables -económica y de los terrenos donde se asientan. Lamentablemente esto no es así. Las edificaciones de la misión vivienda suelen “tapar la visibilidad” de los barrios que “ocultan” atrás suyo: en Pinto Salinas y Santa Rosa, por citar dos casos del municipio Libertador. Es así que, los ciudadanos estamos expuestos a las inclemencias del clima y a los avatares telúricos.

Falta mucho, pero mucho para rescatar esa conciencia de velar por los ciudadanos que debiera mover a nuestros gobernantes nacionales y locales, que proviene de un acto de justicia y no de una “caridad” desde el poder propia de las monarquías, de los regímenes personalistas dictatoriales, o de una errónea conducta paternalista. Conciencia basada en la certeza que deben tener quienes conducen las riendas políticas del país y que les obliga a ver en el tiempo -más allá del común de los mortales. En 1812, se estima de la muerte de 9.000 habitantes en la ciudad de “los techos rojos”. Mortandad ante la cual Simón Bolívar atacó duramente los discursos realistas -antipatriotas- con aquella máxima: “…si la naturaleza se opone,  lucharemos contra ella, y haremos que nos obedezca…”. En 1967, los muertos fueron 236 y casi 2 mil heridos. Cuando venga un nuevo sismo en Caracas ¿Cuántos fallecidos tendremos? ¿Será culpa del “imperio”, de la CIA, de los “saboteadores”? Toca al Gobierno la palabra… “…pues si se oponen (al bienestar ciudadano), habremos de luchar contra ellos, hasta que nos obedezcan…”.

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com