“COMANDANTE SUPREMO Y ETERNO”

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A un año de tu partida, los venezolanos sobrevivimos en dos trincheras bien alejadas e irreconciliables, como es evidente. Algunos que se opusieron a ti en vida dicen que te extrañan porque el gobierno de tu hijo obrero ha sido una catástrofe. Yo no extraño tu gobernar, porque sé y estoy consciente que todo esto es la cosecha que nos dejaste y que con bastante odio, corrupción, populismo, demagogia y profundo esmero sembraste. ¿Me alegró tu muerte? NO. JAMÁS. Quienes hemos tenido familiares con cáncer sabemos que eso no se le desea ni al peor enemigo. Por suerte, jamás te vi como tal: en política siempre he sabido aceptar que quien está en otro equipo es tan sólo un adversario, no un enemigo. A pesar de la pesadilla que nos dejaste y de tu proyecto antipolítico impuesto a toda costa, no te considero mi enemigo, ni considero enemigos a los chavistas. Lamentablemente, las cosas en aquella trinchera no se ven de igual manera. Y con humildad debo decir que en esta trinchera tengo a compañeros de lucha que me gritan cosas muy parecidas a las que escucho de aquel lado. Eso lo entiendo, no lo justifico ni lo comparto, y a la vez me preocupa profundamente por una razón sencilla: es la evidencia de la Venezuela divida que recibimos como tu legado.

Respeto a quienes hoy te lloran pero te confieso que yo no lo haré. No se me pueden olvidar tus palabras impías y tu ausencia de empatía con tantos duros episodios que nos tocó vivir, como por ejemplo el caso de Franklin Brito, o el de los presos políticos. Me cuesta perdonar tus palabras cargadas de infamia cuando falleció Carlos Andrés Pérez. La historia las ha grabado con tinta indeleble: “No habrá luto nacional porque hoy murió un corrupto, un dictador”. Paradoja: hoy, a un año de tu partida, un importante sector del país opina lo mismo de ti, pero tus seguidores, desde el gobierno, imponen el luto y el respeto. Ese es el país que nos dejaste. Así son la patria nueva y el hombre nuevo. Yo no te odio, y te confieso que no sé que es peor, si el odio o la indiferencia. Lo que no me puede ser indiferente es el desatre de país golpeado que hoy tenemos que acomodar. Lo que no me va a ser indiferente es que quien hoy está en el ejercicio de la Presidencia reitere la celebración de unos carnavales por todo lo alto, con baile y demás, cuando mi país se encuentra de luto ante la terrible pérdida de quienes nos fueron arrebatados con balas por luchar en lo que creen.

El compromiso que tenemos los hijos de la democracia es sin precedentes, pero nada nos detiene. En nombre de quienes han caído en esta lucha; por todos los que hemos perdido en manos de la inseguridad; por aquellos que han padecido la represión como respuesta a la legítima lucha por la democracia y la libertad. Por todos los que se han ido de esta tierra noble buscando oportunidades para surgir y crecer lejos de nuestras fronteras. Contra quienes quieren amarrar al venezolano honesto y trabajador a la pobreza para hacerlo dependiente del Estado. Contra el futuro truncado. Por el presente. Por nosotros. Para lograrlo, necesario es tener presente las ideas y los sólidos valores del padre de la democracia venezolana. Y así, por encima de las tumbas, ADELANTE SIEMPRE.

@caroabru
Venezolana militante (por convicción) de la vida, la democracia y la libertad