A Hildegard Rondón de Sansó.

Señora Hildegard Rondón de Sansó, usted ha escrito un artículo que, una vez más, pone de manifiesto cómo puede el conocimiento jurídico servir de muy poco, cuando de asumir posiciones fanáticas se trata.

Es increíble para mí, como estudiante del último año de Derecho en la Universidad Central de Venezuela, que una mujer que, sin conocer, uno empieza admirar por sus aportes en el área del Derecho Administrativo, alguien a quien un estudiante de Derecho promedio conoce por sus libros y sentencias, muchas de las cuales gozan de cierta fama dentro del mundo del Derecho Administrativo, se capaz de utilizar el respeto que se le tiene para poner en términos jurídicos opiniones que se alejan infinitamente del Derecho, y que responden más bien, a su posición política, que por demás, respeto.

Es el caso pues, que usted ha dicho que el acto de protestar con cacerolas es “un delito contra la dignidad humana” o “la máxima manifestación moderna del fascismo”.  Intentando justificar sus palabras de más puro odio por quienes piensan distinto a usted con el legalismo del artículo 506 del Código Penal, que bajo ningún concepto está por encima del artículo 68 de la Constitución y de su exposición de motivos cuando expresa:

“La Constitución consagra como un derecho político consustancial con la vida democrática, el de la manifestación pacífica y sin armas. Dadas las trágicas y dramáticas experiencias vividas por los venezolanos en el ejercicio de este derecho a expresar su descontento con el ejercicio de las funciones de gobierno, se incluyen prohibiciones que persiguen limitar la acción represiva de los cuerpos policiales y de seguridad. En este sentido, se consagra la prohibición del uso de armas de fuego y sustancias tóxicas para enfrentar manifestaciones pacíficas.”

Pues bien, sería bueno que se preguntara usted, Señora Rondón, si no son, por el contrario, reales manifestaciones de fascismo el amedrentamiento con grupos de choque motorizados que golpean y disparan a estudiantes desarmados en la UCV y en todo el país, o que el presidente de la Asamblea Nacional le quite el derecho de palabra a los diputados electos por la mayoría del voto popular, o que funcionarios del gobierno persigan a quienes no votaron por el Señor Maduro; ¿no serían estos mejores exponentes de delitos contra la dignidad humana?

No pretenda, Señora Rondón, convertirse en una especie de Carl Schmitt de este régimen que cada vez más se viste de ilegitimidad, torciendo la Ley para que persiga a quienes usted  considera enemigos, no sea que, así como José Antonio Páez, deba terminar su biografía excusándose por sus últimas actuaciones que mancharon toda una vida destacada.

Francisco Ramírez Ramos

Miembro de la Juventud de AD