Texto de la misiva enviada hoy jueves 6 de marzo a Nicolás Maduro por parte del Jefe de la Fracción Parlamentaria de Acción Democrática en la Asamblea Nacional, diputado Edgar Zambrano.

Dip Edgar Zambrano (7)
Caracas, 5 de Marzo de 2014

Ciudadano.-
Nicolás Maduro
Presidente  de la República Bolivariana de Venezuela
Su Despacho.-

Ciudadano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, en atención a lo dispuesto en el Artículo 136 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, referido al Poder Público, “El Poder Público se distribuye entre el Poder Municipal, el Poder Estadal y el Poder Nacional, se divide en Legislativo, Ejecutivo, Judicial, Ciudadano y Electoral. Cada una de las ramas del Poder Público tiene sus funciones propias, pero los órganos a los que incumbe su ejercicio colaborarán entre sí en la realización de los fines del Estado” y en mi condición de diputado de la Asamblea Nacional electo por la Circunscripción Electoral número 3 del Estado Lara, ocurro ante su competente autoridad: En atención a la voluntad de diálogo expresada de manera reiterada diferentes oportunidades ocurro ante su despacho insistiendo en la solicitud de audiencia formal con el objeto de abordar el importante tema relacionado con la liberación de prisioneros, regreso de exiliados a la patria, cese de persecución judicial contra diputados principales y suplentes de la Asamblea Nacional así como los acontecimientos que vive el país en la actualidad.

Nicolás, no más represión, lacrimógenas, libera a los estudiantes honrando la palabra construida en el discurso por Chávez en su llamado a diálogo luego de las elecciones de octubre de 2012 y ratificada el 14 de abril en tu juramentación ante la Asamblea Nacional. El diálogo no puede estar significado por la violencia hacia quien disiente, Venezuela niega como carta de presentación un cementerio sembrado de jóvenes que legítimamente levantan su voz contra las deficiencias del Estado.

Tienes un país en la víspera de nada bueno, la deformación del diálogo inteligente en diálogo tumultuario te cierra en un círculo vicioso, en la prisión de los extremos, cuando ha llegado el momento de avanzar sobre estos y construir la política buena brindándole a los venezolanos sus buenos resultados.

Si continúas complaciendo la galería pequeña, interesada, parasitaria del poder, el país correrá sobre la suerte inhóspita de las contradicciones que trajeron estos lodos, pon a un lado lo etéreo, y otórgale a Venezuela una real y verdadera oportunidad para la paz.

Las cartas están echadas, comodín de la verdad, lo tiene el pueblo en reclamo pertinente de una situación hija del fracaso en políticas públicas que pega directamente sobre todos los estratos sociales, especialmente las familias de escasos recursos. Descifra en una simple oración la penuria del pueblo, cansado, agotado de los extremos que lo angustian: “no es la paz de los santos sepulcros, es la vida por la vida”.

Cómo entender que ante el sólo hecho de controvertir en activación de derechos políticos y legítima réplica constitucional contribuyas con tu silencio a tener la nación en ascuas, me niego a pensar en una guerra civil de baja intensidad, en dejar hacer promoviendo lo contraindicado por el librito en situaciones de conflicto social. Allí tienes como base lo expresado en el comunicado de la Conferencia Episcopal Venezolana del 25 de febrero de este año, en los numerales 2, 3 y 7, donde se transcribe la radiografía de lo que sucede y lo que debe hacerse. La Iglesia y sus pastores pueden ejercer perfectamente como mediadores, facilitadores de esas dos Venezuelas expresadas electoralmente:

“2. Los estudiantes y el pueblo mismo tienen el derecho a la protesta acorde a lo establecido en la Constitución Al ejercerlo, no sólo se pueden expresar inconformidades o desacuerdos, sino que también se puede llamar la atención tanto a las diversas autoridades como a la misma ciudadanía para que, en un clima de concertación, de escucha y de diálogo se puedan superar las dificultades, resolver los problemas y corregir rumbos si fuera necesario. Lo que siempre se ha de evitar es que la protesta degenere en actos de violencia.

3. En el cumplimiento de su función de preservar el orden público las autoridades policiales y militares están obligadas a respetar los Derechos Humanos, ante todo el derecho a la vida. Al confrontar protestas están obligadas a mantenerse estrictamente dentro del marco de la Constitución, las leyes y los acuerdos internacionales. Por eso, rechazamos rotundamente el empleo de la fuerza ejercida en algunas manifestaciones por parte de organismos de seguridad del Estado, que se han extralimitado y han producido consecuencias lamentables e irreparables; el Poder Moral, especialmente la Fiscalía, debe investigar estos casos y poner en manos de la justicia a miembros de estos organismos que hayan abusado de su autoridad. Asimismo, comprobamos la indefensión de la ciudadanía ante la irrupción de grupos armados no policiales ni militares que han arremetido contra la población.  Grupos de esta naturaleza están al margen de la ley, no poseen autoridad alguna y atentan contra las bases de la convivencia. Pedimos que se actúe  y se impida que sigan realizando sus fechorías, y se investigue seriamente su proceder, sea de la tendencia política que sea.

7. Como en otras oportunidades hemos expresado, el diálogo tiene sus propias características. La primera es el respeto y reconocimiento de los otros que son distintos, que piensan diversamente. Pedir diálogo y paz con un verbo encendido o incendiando la calle, no produce el efecto esperado. La segunda es la búsqueda de la verdad. Este es un valor que se ha perdido en Venezuela. Las diatribas políticas han logrado opacar este fundamental valor. Nadie puede pretender la posesión la interpretación exclusiva y total de los hechos. Es necesario llegar a la verdad de los acontecimientos y sucesos de estos días con el concurso de todos. Se ha propuesto una “Comisión de la Verdad”: ésta no es para favorecer a un sector en detrimento del otro, sino para buscar la verdad de acontecimientos dolorosos que han enlutado a familias venezolanas. Es necesario que Venezuela conozca a quienes han delinquido y paguen su condena, sea quien sea. De allí el pluralismo que debe existir en esa futura comisión.”

Para la reflexión, Nicolás, tomemos lo expresado por Ban Ki-Moon, Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), luego de mostrarse interesado por la situación venezolana. Espera “gestos concretos de todas las partes para reducir la polarización y crear las condiciones para iniciar un diálogo significativo para que se restaure completamente la calma en todo el país lo antes posible”. Igualmente, Ban Ki-Moon pidió la protección de los derechos humanos “de todos los venezolanos” y solicitó que los ciudadanos del país expresen sus diferencias “pacíficamente y de acuerdo con la ley, y busquen terreno común”.

Sin duda alguna que estos llamados muestran la preocupación de organizaciones internacionales de las cuales somos miembros, sobre lo que acontece en la nación.

Cómo entender hoy en medio de los hechos que se registran una acción de amplitud donde no priva la generosidad política, cuando has ignorado el país plural y diverso, a los partidos políticos. Sentarse con tus pares no es un acto de rendición, no se deponen principios ni proyectos, es un acto de madurez política indicada por el desarrollo incuestionable de los hechos. El tiempo para el dibujo oportunista dejó de existir cuando no entendiste en su debido momento la razón irrefutable, cuando el día a día marcó la hora en el cauce natural de reclamo nacional y no hay manera de esconderlo, este se impone por voluntad popular.

No creo en la reposición de realidades ajenas a nuestro sentimiento. Lo que sucede en Venezuela ha sido incubado puertas adentro por políticas públicas fallidas que en legítimo accionar un gobierno puede aplicar con la regla suprema de todo ejercicio democrático, si no funcionan, hay que cambiarlas, indicando que el país no es un laboratorio para fórmulas repetidas, fracasadas, agotadas, derrotadas por el imperio de la historia en todos sus tiempos.

No somos el crucigrama de quienes creen tener la verdad en sus aposentos, con la fórmula traducida de lo utópico. Si tocas tierra y observas a los lados entenderás que tienes un berenjenal armado, sin conducir a nada asertivo, no alimentes esa fatal conseja de creerte más avispado que la sabiduría del pueblo. Las salas técnicas, situacionales, no tienen el tino social, su dirección y propósito está y estará siempre direccionado por intereses subalternos y si ellos no obedecen a la Patria se está confeccionando el traje de un garrafal error político.

Los errores políticos se decretan las propias necedades de quien se cree infalible, el poder consume realidades cuando nos ahogamos dentro de contradicciones propias y extrañas; cuando se es ciego, sordo y mudo, presionado por los extremos. La criminalización de la protesta pacífica, violación de derechos humanos y los actos de tortura denunciados no son la mejor puesta en escena para analizar el momento que vive el país. Hay que investigar sin inhibiciones de ningún tipo, dándole paso a la verdad como elemento supremo donde se encuentren las bases del diálogo.

La Ley de Amnistía Nacional y Reconciliación Política es una carta en tus manos desde hace mucho tiempo, no la obvies, forma parte del esquema de soluciones.

Tu silencio sobre verdades indestructibles no le hace bien al momento político que sufrimos y padecemos todos. El dramático juicio direccionado con el objeto de causar daño al Comisario Iván Simonovis y los policías metropolitanos en una venganza cruel extendida sobre los compatriotas que viven y padecen los rigores de la prisión y del exilio.

Dónde está la racionalidad del gobernante cuando se supone que es y debe ejercer para todos dentro del elemental mandato constitucional. Exponerse al costo político de las decisiones forma parte del endoso electoral, este costo se asume sin tapujos ni complejos, es la brújula del oficio; actívala sin contrapesos, actívala en ese encuentro del deber ser dejando a un lado las migajas de un poder contrasentido, ponle punto a lo espacioso y concreta por la Patria de todos.

Es tu deber canalizar y realizar miles de encuentros por la paz, sin el país político no encontrarás el palpitar de la calle triste, la que llora sus hijos, un solo acto te conducirá a pisar tierra firme, regresa al encuentro de lo sensato y entenderás las razones del pueblo para ejercer en la calle lo que no has podido entender ante la necedad de tus adulantes. Lo demás está sepultado por la historia irreverente que se constituye todos los días al paso redoblado de los venezolanos formados en la arquitectura democrática.

A propósito, Nicolás, si hablamos de contextos y sus analogías recordemos lo expresado por el actual canciller venezolano, Elías Jaua en 1993: “El estudiante universitario jamás podrá quedarse de brazos cruzados ante la impunidad gubernamental y la represión estudiantil, es nuestra responsabilidad oponernos”.

El estudiante se encontró con el ciudadano, campesinos, profesionales, cansados de la queja y el dolor sin eco en los espacios donde debe retumbar la reflexión para empinar las correcciones necesarias en la mejora de ese pueblo que reclama en voz alta lo negado por los caminos de reclamo constitucional.

Escucha, Nicolás, la clarinada del pueblo de Simón.

Edgar Zambrano
Diputado