Ante la inminente derrota que se le avecina, Hugo Chávez echa mano de una fórmula en la cual es todo un campeón: la intriga, la trampa y la guerra sucia, con la única finalidad de minar en la tranquilidad y confianza que la mayoría de los venezolanos ha depositado en la Mesa de la Unidad Democrática.

El chavismo se ha dado a la tarea de comprar conciencias, y vaya que lo ha logrado. Hasta ahora, personas de baja ralea, como Didaldo Bolívar, David De Lima y ahora William Ojeda, se han vendido al gobierno, dando declaraciones favorables al chavismo, basadas en absolutas mentiras.

¿Que busca el chavismo con esto? Más concretamente ¿Que intenta el gobierno cuando compra a William Ojeda? ¿Votos? Que va. William Ojeda ha sido en la historia de estos últimos años un perdedor electoral nato. Ha perdido internamente tanto en el chavismo como en la oposición la candidatura a la alcaldía del municipio Sucre del estado Miranda. No son sus votos lo que busca el chavismo en William Ojeda, ya que él no tiene eso.

Lo que intenta el gobierno fascista es intrigar, confundir, jugar con la psiquis del elector opositor. Sabe muy bien el chavismo que la figura de la unidad ha sido un factor clave en la próxima derrota de Chávez. Solo mediante la unidad, y la buena percepción que tiene ésta en el pueblo venezolano, Capriles podrá ganar el 7 de octubre. Y eso lo sabe el chavismo. Por eso juega sucio el gobierno y llega al precio de la moral de un diputado de la Unidad Democrática para que el venezolano se sienta desconfiado, para que crea que la unidad está resquebrajándose. Ya que el gobierno llegó a su techo electoral, le queda actuar como ellos mejor saben, con la mala fe y antidemocráticamente.

La unidad está blindada. A pesar de unos pocos que han vendido su alma al diablo, la unidad se mantiene incólume. El compromiso de los actores que hacen vida en la Mesa de la Unidad es encomiable. Todos los factores políticos de la MUD están totalmente abocados a ganarle electoralmente a Hugo Chávez, a lograr mantener con buen pie el gobierno de Henrique Capriles y con ello establecer nuevamente una democracia verdadera en Venezuela, con respeto a los valores republicanos y a los derechos individuales afianzando los derechos colectivos.

La denuncia que hizo David De Lima, secundada por William Ojeda, es absolutamente falsa. No existe un plan de gobierno distinto al presentado a toda la colectividad. Y este plan de gobierno ha sido abiertamente sometido a la consideración de todos los venezolanos. El candidato Capriles diariamente lo describe y explica. Y ese mensaje es llevado a diario al pueblo por los representantes de la MUD en sus visitas.

Tengamos presente que el chavismo juega su última arma para lograr alcanzar en las encuestas a Henrique Capriles y poder ganarle. La guerra sucia es, a partir de este momento, la estrategia de campaña de Chávez. Y en eso, el comandante presidente es todo un experto. Tiene catorce años inventando historias, mintiendo, intrigando, montando ollas, creando matrices de opinión falsas, descalificando, calumniando. No es nuevo esto para nosotros ni tiene que tomarnos por sorpresa. Ya desde hace tiempo he venido advirtiendo que el chavismo al verse perdido se desesperará, y al estar desesperado -como está actualmente- será más peligroso, como un animal enjaulado.

El chavismo seguirá montando ollas y paredes de cartón. Ya inventarán cualquier otra barbaridad: que si a Ramón Guillermo Aveledo le corta el pelo un general gringo, que si a Capriles le paga un sueldo el Mossad, que si Henry Ramos se inscribió en el partido Republicano, que si la FARC financia a la MUD. Este gobierno experto en tretas intrigantes, sacadas del recetario estalinista de Fidel Castro, seguirá intentando minar nuestra confianza. Queda de nosotros no creernos tales tramoyas y enfocarnos en lo que importa: en la campaña de Henrique Capriles.

 

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD