La planificación centralizada fue la herencia que recibió Deng Ziao Ping de Mao Tse-tung, con el agravante que ésta formaba parte de la ortodoxia ideológica comunista y del legado del líder endiosado por las grandes mayorías chinas, a partir de un culto exageradísimo de la personalidad.

Mao había sido convertido, gracias a la propaganda comunista, (nada marxista, por cierto) en el heredero de los grandes emperadores chinos del pasado, hasta de Confucio y demás iconos religiosos de la antiquísima cultura china. Sin embargo, Deng y sus principales seguidores, Hu Yaoband y Zhao Ziyang, asumieron el inmenso reto de desmontar toda esa cultura del atraso, con la milenaria y paciente sabiduría china.

Zhao Ziyang, nombrado Primer Ministro en 1980 y Secretario General del Partido Comunista en 1982 fue más audaz y promovió la descolectivización agrícola desde que era Secretario Provincial de su partido en Sichuan.

Este gran líder llegó a decirle algo a Henry Kissinger que, en vida de Mao o durante la permanencia en el poder de “la Banda de los Cuatro”, hubiese significado su condena a muerte, seguramente, a manos de un Tribunal Popular. Óigase este impecable razonamiento que éste líder iba a presentar, en un informe, al Comité Central del Partido Comunista chino:

“Una de las preguntas claves que se formulan es la de cómo racionalizar la relación entre socialismo y fuerzas del mercado. El informe plantea que en la planificación para el socialismo hay que incluir la utilización de las fuerzas del mercado y no excluirlas. Desde la época de John Maynard Keynes, todos los países, incluyendo los capitalistas, han practicado algún grado de interferencia gubernamental en las actividades económicas.

Estados Unidos y Corea del Sur nos ofrecen ejemplos de ello. Los gobiernos regulan, ya sea a través de la planificación o del mercado. China utilizará los dos métodos. Las empresas recurrirán a las fuerzas del mercado y el estado guiará la economía a través de las políticas macroeconómicas. Se planificará también cuando sea necesario, pero la regulación del futuro por medio de la planificación será un medio y no se considerará la auténtica naturaleza del socialismo”. Impecable razonamiento económico digno de un jefe de Estado socialdemócrata.

A fin de alcanzar estos objetivos, Deng y sus colaboradores de la renovación china iban a avanzar poco a poco. Para utilizar términos chinos, los dirigentes iban a “cruzar el río palpando las piedras”, trazando un camino en parte sobre la base que había funcionando. Los dirigentes chinos no iban a permitir, como en efecto no lo permitieron, que la atrasada visión dogmática e ideologizante impidiera el camino hacia la educación y el progreso que era y es la única vía para el desarrollo de los pueblos.

Para facilitar el proceso caminaron hacia “la vía china al socialismo” o el “socialismo con características chinas” para lograr el doble propósito de avanzar hacia una sociedad de mercado, pero sin perder el control político del Estado.

Algún día el mundo civilizado deberá hacer un reconocimiento especial, a los grandes líderes chinos como Deng Ziao Ping, Hu Yaobang y Zhao Ziyang, quienes con un tacto heredado de sus antepasados, sin estimular el culto a la personalidad, con una actitud tan modesta como la de Confucio, lograron impulsar la revolución más importante de los últimos siglos: la que permitió a una nación de más de mil millones de seres humanos liberar al talento para convertirse en la potencia económica que se disputa con sus antiguos enemigos de USA y Japón el desarrollo económico más importante del mundo.

Sólo les falta a los chinos democratizar el poder, pero seguros estamos que “palpando las piedras” también atravesarán ese río.

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD