Hay un palabra que la clase que actualmente está en el poder emplea mucho: puntofijismo, este término se usa para definir al período democrático que rigió a Venezuela entre 1958 y 1998. Esa definición no es correcta porque pretende denominar al tiempo de la democracia venezolana con el nombre de uno de los pactos que rigió las relaciones de la clase política luego de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

El Pacto de Punto Fijo fue suscrito el 31 de octubre de 1958 por los líderes de los principales partidos de la época: Rómulo Betancourt de Acción Democrática (AD), Rafael Caldera del Partido Socialcristiano COPEI y Jóvito Villalba de Unión Republicana Democrática (URD). El Partido Comunista de Venezuela (PCV) quedó fuera porque las tres organizaciones políticas suscribientes consideraron que su ideología e intenciones no eran precisamente cimentar una democracia representativa dada su orientación marxista que propugna la revolución y la “dictadura del proletariado”. Los hechos sucedidos en la década de los 60 del siglo pasado, con la actuación de la guerrilla compuesta por miembros del PCV y el MIR, este último producto de la primera división de AD en 1960, le dieron la razón a los firmantes del pacto. Recordemos además que el mundo se encontraba contextualizado en plena Guerra Fría.

Los usufructuarios del poder desde 1999 han satanizado al pacto por considerarlo un acuerdo entre élites hecho con la intención de entronizar a un régimen alejado de las necesidades del pueblo y además respaldado por el “imperialismo” norteamericano. Lo cierto sobre el mismo es que se elaboró con la intención de darle base a la naciente democracia, los dirigentes habían llegado a la conclusión que un solo partido no estaba en condiciones de gobernar al país en esa difícil etapa. No se pusieron de acuerdo para el lanzamiento de un candidato único, pero sí en tres aspectos fundamentales para darle sustentación a la joven democracia: Defensa de la constitucionalidad y del derecho a gobernar conforme al resultado electoral; Gobierno de Unidad Nacional, con la finalidad de unir a los partidos firmantes del acuerdo en el poder ejecutivo y un Programa de gobierno mínimo común que sacara al país del marasmo en el cual lo había dejado la dictadura.

Rómulo Betancourt, de AD, venció las elecciones de 1958 y, al asumir el poder en 1959, cumplió con lo acordado a incluir a adecos, urredistas y copeyanos en el gabinete nacional e incluso a independientes. Sin embargo, el 28 de agosto de 1960, el ministro de relaciones exteriores Ignacio Luis Arcaya, miembro de URD, no estuvo de acuerdo en la decisión del gobierno venezolano de sancionar a Cuba por su postura antidemocrática y se retiró posteriormente de su cargo, siendo sustituido por Marcos Falcón Briceño, independiente políticamente. El 17 de noviembre de ese mismo año URD se retiró de la coalición de gobierno, quedando el gabinete compuesto por miembros de AD y COPEI. A esta coalición se le denominó popularmente “La Guanábana” debido a los dos colores de esta fruta, verde por fuera, el mismo de COPEI y blanca por dentro, el mismo de AD. Debido a esta decisión de URD no es lógico llamar a todo el período democrático “puntofijismo” pues se dejó de cumplir con el aspecto del gobierno de unidad nacional.
En 1964 tomó posesión el presidente Raúl Leoni, ganador de las elecciones del año anterior, pero su partido AD no tenía mayoría absoluta en el Congreso Nacional, por lo cual se decidió crear un nuevo pacto: el Acuerdo de Ancha Base, el cual se suscribió el 5 de noviembre de ese mismo año. COPEI decidió permanecer en la oposición, por lo que este este nuevo pacto estuvo compuesto por AD, URD y el Frente Nacional Democrático (FND), el partido de Arturo Uslar Pietri. Esta última organización se retiró del gobierno en desacuerdo con la reforma tributaria, siendo sustituidos por independientes y en 1968 URD también dejó el gobierno.

Al asumir el poder Rafael Caldera en 1969 dejó claro que no haría un gobierno de coalición, pero en febrero de 1970 se llegó a un acuerdo de tipo parlamentario en el cual los partidos principales (AD y COPEI) se distribuyeron las directivas del Congreso Nacional y, al mismo tiempo, acordaron el consenso en las decisiones más importantes que se tomaran en el país.

En base a la real historia del país se puede denominar al período entre 1958 y 1998 como “democracia civil” o “democracia pactada”, pero en ningún caso “puntofijismo” y mucho menos “cuarta república”. Ahora bien, más allá de la definición que se le dé a ese período, lo importante es la voluntad de la clase política gobernante de tener el mayor consenso posible, dentro de las discrepancias propias de personas con diferentes maneras de pensar. Lamentablemente, quienes actualmente rigen los destinos del país han empleado una política de segregación política para quienes no piensan igual que ellos; un “apartheid” criollo, llegando acuñar tristes frases como “no volverán”. Es necesario un nuevo consenso democrático en Venezuela.

Mario Buffone

Secretario de Cultura de AD Aragua