Releo un artículo del ex ministro de la Defensa Gral. Ochoa Antich (El Universal, 23-09-07),  en el que relata detalladamente la comparecencia del entonces Canciller del Presidente Luis Herrera Campins, José Alberto Zambrano Velasco, a la Academia Militar el 28-10-80, para presentar ante un auditorio integrado por más de 2000 oficiales y suboficiales de carrera, una exposición detallada de la denominada Hipótesis de Caraballeda que planteaba una posible solución colombo-venezolana al espinoso tema de la delimitación de las áreas marinas y submarinas del Golfo de Venezuela.

Dada la vivencia histórica sobre despojos territoriales sufridos por nuestro país, la opinión pública en general y militar en particular habían sido permeadas y prejuiciadas contra cualquier entendimiento con Colombia que mermara nuestra posesión de la zona en controversia. La exposición técnica del Canciller Zambrano y de los inobjetables venezolanos que integraban la comisión negociadora (Gustavo Planchart Manrique, Luis Herrera Marcano, Pedro Nikken y el vicealmirante Elio Orta Zambrano) resultó muy difícil de entender y aceptar por los militares allí reunidos. Frente a las evidentes manifestaciones de rechazo patentizadas en murmullos y taconeos hacia lo que planteaba la comisión y los aplausos a los oficiales que hicieron preguntas cuestionadoras y desafiantes, el Canciller Zambrano se retiró del auditorio y a los pocos días se puso fin al proceso de discusiones con Colombia. Y conste que no se trababa de asuntos ocultos sino que casi diariamente se exponían a través de los medios que sacaban fiesta del tema. El 22-10-80, una semana antes del evento en la Academia Militar, el Presidente Herrera y el Canciller Zambrano habían hecho entrega al Alto Mando Militar del proyecto de acuerdo con Colombia. Claro, se trataba de otro gobierno y de otros militares.

Traigo esta narración para que se comparen aquellos hechos con  la conducta inveterada del gobierno chavista en materia de soberanía, defensa de nuestra Patria y celo por la salvaguarda de nuestros límites territoriales, temas que ahora no se discuten en el ámbito militar sino que se aceptan sin chistar. Si del lado occidental se trata, es de conocimiento público que desde que Chávez llegó al poder se resintieron las relaciones con el gobierno legalmente constituido de Colombia, en la misma medida en que se estrechaban las relaciones de Chávez con la guerrilla narcoterrorista colombiana (FARC y ELN), no obstante que civiles y militares venezolanos habían sido por años (y lo son aún) víctimas de esos grupos irregulares que operaban y operan bajo la tolerancia e incluso la protección del gobierno chavista. Frente a eso las actuales FANB nunca han dicho ni pío. Al contrario, cómplices por acción, omisión y silencio, protagonizan el cuento corto de un drama largo.

 Si de los cubanos se trata, para nadie es un secreto que la sumisión patológica del régimen chavista al castrocomunismo es desvergonzada, al punto que no sólo orientan la política internacional de Venezuela y dictan los lineamientos de la política interna del oficialismo,  sino que además manejan servicios vitales para nuestra seguridad como los de identificación y extranjería, registro de la propiedad y notarías, puertos y aeropuertos, importación y distribución de alimentos, funciones de inteligencia y pare de contar. Los contados militares que han denunciado la presencia de cubanos dentro de los cuarteles en  rol de superiores de oficiales venezolanos,  han sido sometidos a procesos disciplinarios en la jurisdicción militar. Un contingente gigantesco de  cubanos (esbirros, espías, interceptadores de teléfonos, expertos en guerra sucia, controladores de redes sociales e informática, hackers y fisgones de toda laya, muchos disfrazados de médicos y monitores deportivos) opera desparpajadamente en nuestro país en una abominable invasión cuyas víctimas somos los venezolanos. Ni que decir del torrente de petrodólares sustraídos de una Venezuela cundida de problemas que se trasiegan para sostener el famélico régimen castrocomunista. Frente a todo eso, las actuales FANB no dicen ni pío.

El pasado 31 de agosto,  Nicolás Maduro fue a Guyana, poco después que el gobierno de ese país otorgara concesiones petroleras a la transnacional Anadarko en territorios en reclamación, menoscabando los derechos que nos garantizan el Acuerdo de Ginebra y el Protocolo de Puerto España. Las concesiones en el denominado Bloque Roraima en la proyección marítima del estado Delta Amacuro (Delta del Orinoco), afectan la fachada atlántica venezolana y, según los entendidos, significaría la pérdida de 155.000 kms2 del territorio en reclamación y de más de 95.000kms2 en la plataforma continental. En vez de protestar, Maduro se derritió en declaraciones melosas hacia el gobierno guyanés, expresando que las diferencias entre ambos países se resolverían diplomáticamente y que se trataba de una “vieja reclamación de un gobierno adeco.” Sobre esto las actuales FANB no han dicho ni pío. Antes, el 23-3-08 en la XX Cumbre del Grupo de Río, un Chávez lenguaraz e ignorante en apenas 30 segundos desestimó la reclamación de Venezuela sobre el Esequibo y los esfuerzos diplomáticos de varias generaciones, señalando que se trataba de una “vieja reclamación” y que “el imperialismo había utilizado a los gobiernos adecos para invadir la Guyana socialista y derribar su gobierno”. El ignaro desconocía que al decir “vieja” decía “antigua” y que al ser “antigua” era histórica y por eso mismo consistente y respetable. Allí incurrió en lo que los diplomáticos llaman stoppel, o sea la renunciación de un derecho propio o la aceptación del derecho del adversario. Y ante todo esto las patrióticas, heroicas y nacionalistas FANB, autobautizadas herederas de las glorias de los libertadores, no dijeron ni pío. Andamos con los pantalones abajo.

 

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País