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Perogrullo: De las crisis políticas solamente se sale victorioso con unidad sistemática. En un juego de béisbol, los fanáticos apuestan al éxito de los suyos, en lugar de lanzar rechiflas constantes –que no es lo mismo que críticas- contra el mánager y el cuerpo técnico que dirigen al equipo que les interesa resulte ganador. ¿Cuándo vieron en la concertación chilena a sus integrantes acusándose unos a otros de traidores? En Venezuela parece que últimamente el enemigo es la Mesa de la Unidad Democrática y no el gobierno que hemos adversado durante largos y tediosos 15 años de una revolución que se cae por el propio peso de sus inconsistencias y fundamentalismos, particularmente en el área económica. ¿Estamos aprovechando realmente de capitalizar el máximo punto de caída del chavismo desde su llegada al poder?

El desastre interno llegó inicialmente a su apogeo cuando la mayoría de los factores de la MUD decidieron sentarse en una mesa de diálogo a decirle a Nicolás Maduro grandes verdades en cadena nacional. En lugar de aprovechar políticamente la preparación de los nuestros con respecto a la pobreza argumental del chavismo, surgieron las palabras que hasta hoy no cesan de repetir: “la MUD nos ha traicionado”. Cabe preguntarse: ¿En qué los ha traicionado la unidad? ¿Es acaso susceptible de ser calificado como traición el hecho de exigir el retorno de los exiliados y la libertad de todos –absolutamente todos- los presos políticos del régimen? ¿Es traición decirle a Nicolás Maduro que sus actuaciones están fuera del orden constitucional, y que las políticas económicas del chavismo son las causantes de todo el desastre inflacionario que debilita al bolívar?

Es inválido argumentar que era consabida la pretensión del gobierno de no flexibilizar sus políticas para criticar el intento de diálogo. Incluso en las crisis más profundas, existe un hilo conductor entre los sectores que se encuentran en pugna. La calle por sí sola no iba a liberar presos. A este gobierno le conviene el desastre de Altamira para seguir evadiendo su responsabilidad. Como el diálogo no funcionó –hasta el momento, desde luego- la MUD decide congelar y, de manera sorprendente, continúan los ataques insensatos contra la dirigencia opositora. Elemental pero necesario: ¿A quién le conviene una oposición desunida y con qué objeto?

Luego vino el asunto vergonzoso de la senadora Roberta Jacobson. Algunos en medio de su locura, se alegraron de que una funcionaria norteamericana haya puesto en entredicho –por error- la credibilidad de la MUD. Aveledo aclaró en una carta y fue minimizado. Ahora que Jacobson admite públicamente su pifia, se han atrevido incluso a decir que la oposición “le torció el brazo”, como si los gringos fueran pendejos. Como no se pudo crucificar a la MUD, la emprendieron contra la senadora. Al fin y al cabo, según su lógica, alguien debe ser culpable sin importar el argumento, por más infeliz que parezca. Todo esto, sin mencionar a aquellos que han solicitado públicamente que los Estados Unidos invadan Venezuela, regalándole argumentos al chavismo como para que canten una de Cipriano Castro: “Otra vez la planta insolente del extranjero…”

Si así comenzó la fiesta contra la unidad, el desnalgue en la hora loca va a ser de película. A quien pueda interesar: La oposición no es traidora porque querer evitar la sustitución de una dictadura por otra, ni por tratar de hacer política en el más estricto sentido de la palabra. El gobierno está débil no por la guarimba, sino porque la inflación y la escasez van a darle una tremenda lección a los que creyeron que el estado podía ser el único empresario. Si queremos llegar al poder, concertemos más y destruyamos menos, porque a las mayorías no les agrada el gobierno, pero tampoco jugarán sus cartas por una oposición dispersa y fracturada.