¿DE QUÉ VA ESTA PAZ?

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Manuel Rojas Pérez

“La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión:
es la presencia de justicia”.
Martin Luther King
Letter from a Birmingham Jail

La paz puede llegar a tener muchos significados. La paz es una canción de salsa de la orquesta La Flamboyan cantada por Frankie Dante; la paz es una palabra que tiene un significado en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la paz es algo de lo que hablaba y cantaba insistentemente Jhon Lennon; La Paz es la capital de Bolivia; La Paz es una importante zona de Caracas, muy cerca del hospital Pérez Carreño, donde llegan diariamente cuerpos de venezolanos tiroteados por la falta de paz; también puede ser un apellido o, incluso, un nombre; la paz es un rito católico en la celebración de la eucaristía según la liturgia romana; es una palabra que aparece 11 veces en la Constitución venezolana; la paz era un estado mental según Spinoza; la paz, según el estudioso del fascismo, Stanley G. Payne, es lo que los miembros del gobierno nacional socialista alemán convirtieron en lugar común para igualarlo al nazismo, diciendo que: “el nacionalsocialismo significa la paz”…

Pero lo que no es la paz, lo que se aleja absolutamente de cualquier concepto o significado de la paz, es lo que está haciendo Nicolás Maduro.

Este irresponsable, luego de más de quince muertos, varios por perdigones –los cuales, por cierto, solo tienen los órganos de seguridad del Estado nacional- decidió montar un parapeto llamado “Conferencia por la paz”. Ahí, a trocha y mocha, atropelladamente, con un apuro que hace pensar que lo hizo a propósito para que nadie fuera de sus acólitos asistieran, reunió a unos cuantos ciudadanos para hablar de la paz. Y en ese escenario, Maduro llamó a la paz, se vendió como un gran pacificador, casi un Gandhi.

Pero es mentira. No puede ser sincero un llamado a la paz cuando apenas Nicolás empieza una cadena de radio y televisión –y está haciéndolo por lo menos una al día- inmediatamente comienza la represión por parte de la Guardia Nacional, Policía Nacional y colectivos de corte paramilitar contra los manifestantes y vecinos de las zonas aledañas. No puede ser un llamado a la paz el que Maduro diga que él no piensa cambiar ni un ápice de su pésimo gobierno. La paz no es arrodillar al otro: eso es sumisión u opresión, nunca paz. Un llamado a la paz no se puede hacer a gritos y con una pistola en la mano. Eso, simplemente, no existe.

Maduro ordena lograr la paz pero solo aceptando sus condiciones, sus exigencias, y los que no están con él que se jodan. Como bien dijo el ex primer ministro británico Neville Chamberlain, para lograr la paz se necesitan por lo menos dos, mientras que para hacer la guerra, con una persona es suficiente. Y es cierto. Los que formamos parte de la oposición a este gobierno de ineptos, queremos la paz. Pero una paz verdadera, sustentable, sincera. No una paz que implique toques de queda del pensamiento. Pero del otro lado, el tipo del bigote no quiere hacer las paces con nosotros. Simplemente nos quiere oprimir.

Maduro no quiere la paz, no la busca, no le conviene, no la necesita. Para el gobierno, según su estrategia política, la confrontación le sale mejor. Cree Maduro que la estrategia de guerra de Chávez le puede salir a él.

No pienso entrar en la discusión si los acontecimientos de las últimas semanas le han favorecido a nivel de apoyos a la oposición o al gobierno. Ni soy Luis Vicente León ni Schemell. Pero si algo queda claro es que Maduro con su llamado a la paz busca exactamente lo contrario: apagar el fuego con un galón de gasolina. Sus burlitas, sus retos, sus chistes hirientes solo buscan la molestia del pueblo.

Maduro no desea la paz. Pero nosotros, los opositores, si la deseamos, y trabajamos por ella. Creemos en esa paz de la que hablaba Jhon F. Kennedy: “¿Qué clase de paz buscamos? Yo hablo de la paz verdadera, la clase de paz que vuelve a la vida en la tierra digna de ser vivida, la clase que permite a los hombres y a las naciones crecer, esperar y construir una vida mejor para sus hijos.” Por eso protestamos, para que se nos asegure un país en el cual vivir dignamente, lo que trae la verdadera paz.

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