Es evidente que en Venezuela todos los precios han aumentado considerablemente; sin embargo, el único que no aumenta es el de la vida, hoy se habla cada vez mas del “costo de la vida” pero jamás de su valor. Vivimos en un país en el que los valores y principios disminuyen en picada, casi se extinguen, y nuestro desarrollo se ve cercenado considerablemente gracias a ello y a que sólo queda la opción de sobrevivir  en un estado de terror y de zozobra que es caldo de cultivo para la violencia que hoy somete a nuestra sociedad.

Venezuela pasó de ser un país que ha ocupado y sigue ocupando primeros lugares en diversas áreas positivas, a ocupar las listas de los más altos índices de violencia. Como si no fuera suficiente tenemos un gobierno pionero en violaciones a nuestros derechos fundamentales.

Son alarmantes las cifras de las muertes violentas ocurridas en 2012, fueron asesinados casi 21.000 venezolanos y el 57% de esas víctimas, son hombres menores de 24 años. Lo anterior debería hacernos reflexionar a todos, pues la violencia aparenta ser ya parte de la idiosincrasia y condición presente en la vida del venezolano. Es deprimente hablar del futuro en condiciones como estas.

Bajo un clima como el que vivimos, de devaluación  y racionamiento, el valor de la vida no ha sido exento a estas medidas. Definitivamente la vida fue devaluada en el país desde hace mucho tiempo; muchísimas son las razones que originan este problema, otros son los culpables y pocos los castigados.

Hace días fuimos testigos de como la Guardia Nacional arremetió vilmente contra una madre y su hija en el estado Falcón, la irresponsabilidad y el caradurismo ilimitado del régimen prefiere camuflajear esta tragedia como si fuera un simple error, y a la vez estigmatizar cualquier crítica tildándola  como politización del hecho por parte de la oposición. En un gobierno responsable estarían presos los culpables de esta masacre y los funcionarios indirectamente involucrados habrían renunciado, sin embargo, aquí se quiere tapar el sol con un dedo y seguir sometiendo a los venezolanos al miedo.

Hoy vemos las calles repletas de Guardias Nacionales, cuyas responsabilidades no están orientadas a la seguridad ciudadana. En contraste, vemos policías municipales débiles y ninguneadas por un Gobierno que aunque entiende la catástrofe que significa dividir al país en dos y excluir a quienes piensan distinto, sabe muy bien que esa es la clave para permanecer en el poder y manipular a nuestra sociedad.

Después de 21 planes de seguridad fracasados, por falta de voluntad política y de dialogo, ya es evidente que para el Gobierno actual, atacar la inseguridad no es un asunto de interés nacional. Más bien pareciera que mientras más miedo tengan los venezolanos, más felices estarán los jerarcas del régimen. Y es qué hay suficientes escoltas en el país?

Quienes somos demócratas y queremos servir a nuestros municipios, debemos ver más allá del territorio que gobernaremos, y comenzar a planificar de manera mancomunada cómo vamos a hacer de nuestras ciudades, zonas cada día mas seguras. Aunque el Gobierno es quien tiene la fuerza, debemos nosotros fomentar la convivencia ciudadana y la paz social a través de campañas que comiencen a conquistar conciencias y a activar voceros para la paz.

La crisis parece no tener fin en Venezuela, los problemas nunca se acaban, pero las soluciones tampoco, por eso nuestro compromiso es ser parte de la solución y no del problema.

Diana D’Agostino

Presidenta de Fundhainfa

Artículo publicado en el semanario 6to poder