El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

Juan de Dios Peza. Poema: Reír llorando

El carnaval, llamado también “fiesta de los locos”, es una fiesta anual que precede a la Cuaresma en los países de tradición cristiana. La inversión de valores, tanto físicos como morales y sociales, es, en efecto, una constante del tiempo carnavalesco. Cuando un hombre se disfraza de mujer y una mujer de hombre se está cumpliendo de forma clara el principio de inversión que domina todo el fenómeno de las carnestolendas. Esta inversión de valores que acontece en carnaval puede que haya sido el origen de la crónica que me relatara un amigo, quien milita en las filas del oficialismo y que, de no ser por su habitual seriedad, hubiese creído que me estaba tomando el pelo. Claro, como el cuento fue narrado en esa época de inversión de valores “para aliviar conflictos” puede que en definitiva ese haya sido el propósito de la iniciativa del amigo de marras. Pues bien, el personaje en cuestión, de quien no puedo revelar su nombre por las consecuencias políticas nefastas que le traería, me contó una crónica sucedida en el Carnaval y que jura su veracidad y se las doy a ustedes sin poner ni agregar una coma.

Según la creatividad de mi amigo que tiene mucha imaginación, pero  poca paciencia con corruptos, me refirió este cuento de carnaval: “El presidente de una institución bancaria oficial, quien a finales del año pasado había afirmado tajantemente que no habría devaluación en el 2013, supuestamente ahora permitió la devaluación porque fue objeto de un engaño en carnaval. El banquero, quien a pesar de ser un hombre de armas tomar, se encontró todas las noches, de este pasado carnaval, con una encapuchada de altos tacones y guantes blancos, tenía una fragancia llamada ‘’sígueme joven” y presumía que se trataba de una linda mujer. En las tres noches, de las carnestolendas o “Fiestas de los locos o locas”, en un salón de la capital  y donde su mejor momento era cuando bailaban el bolero “Quizás, quizás, quizás”, ella se retiraba cuando él se adormecía por los tragos. En ese instante, la supuestamente bella mujer le puso como condición, para ceder a sus propuestas indecorosas, que le firmara un autógrafo en un papel sellado. Cuál no sería la sorpresa y estupefacción del banquero, cuando al día siguiente vio publicado en todos los medios que lo firmado no era un papel cualquiera sino la mismísima Gaceta Oficial donde se anunciaba… ¡la devaluación de la moneda!

El martes de Carnaval fue cuando él la vio de nuevo, la agarró y le quitó la capucha, de inmediato una frondosa cabellera blanca se desató sobre el disfraz. No era una dama, sino un  personaje del mundo petrolero, quien con una expresión maliciosa, con mejillas y boquita intensamente rojas, había aprovechado el disfraz para engatusar al galán que se creía un héroe del “levante” hollywoodense.  El hombre sacó su revólver y lo vació al aire. No hubo heridos, todo el mundo se tiró al piso, el hombre fue arrestado y “ella” cogió su escoba y se fue volando, no sin antes gritar a todos los boquiabiertos compañeros de partido que le vieron salir por la ventana: “así me volveré a escapar cuando ustedes sean descubiertos y defenestrados por esta devaluación que logré sacarle al banquero con mis artes de bruja encantadora”.

La verdad es que ver salir volando por una ventana a un trasvesti, sobre una escoba, no parece nada verosímil; aunque en este país, “real maravilloso”, se puede esperar cualquier sortilegio. Sin embargo, la verdad sea dicha, es más creíble el cuento de la bruja trasvesti que las explicaciones de Merentes, Ramírez y Giordani cuando afirman que esta medida de devaluar el 46.7% de nuestra moneda beneficia al pueblo. Me quedo con el cuento de la escoba, mientras el trasvesti…seguirá su vuelo por la corrupción y el desenfreno oficial.

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD