El 23 de enero, día en que el glorioso pueblo de Venezuela, se zafó de la última dictadura nacional, del general Marcos Pérez Jiménez, en 1958 recibió la noticia, ya en 2014 –en pleno siglo XXI- que el régimen de turno, que debía velar por el bienestar, el desarrollo y crecimiento de cada venezolano, otra vez había actuado, despiadadamente, contra los más pobres, los débiles, el ciudadano común y corriente.

Así es. El régimen castromadurista -incapaz de corregir el corrupto manejo económico nacional- tras el desacertado enroque de ministros del área, la creación de 111 viceministerios, el crecimiento del clientelismo político y la ineficiencia en el manejo de los dineros públicos, asestó un duro golpe a los más pobres de la patria, protegiendo a las “bandas de boliburgueses” del modelo “socialista del siglo XXI”. Esa suerte de hombre nuevo, tan ampliamente pregonado por la propaganda del régimen, que no es más que un ciudadano aprovechado de los fondos públicos y de cuanto “guiso” hay en los ministerios y misiones, para hacerse de ingentes cantidades de dinero –preferentemente en dólares- a fin de mantener su nuevo “status” de camarada influyente en las cuestiones de gobierno.

En general, las medidas económicas del presidente Maduro han demostrado la fragilidad del régimen: conservar y ampliar los intereses de quienes “sostienen” el modelo. Esta es la delicada “operación” que debe construir en su lenguaje y acción el alto funcionario de Miraflores; como en el viejo cuento infantil. “El traje nuevo del Emperador”, de Hans Christian Andersen. Vemos ahora, por medio de su afamada corte, una infame y triste declaración contra los más pobres. Sí, los más pobres.

El crecimiento de viajeros al exterior, decenas de miles de mujeres y hombres de a pie que tomaron un vuelo al extranjero con el doble propósito de “conocer mundo” y hacerse de un dinero fácil tras el absurdo sistema de canje en dólares por moneda nacional. Un dólar era cotizado entre 10 o 14 veces más en el mercado local, permitiendo hacer al pueblo conteste con la rebatiña de 15 años que llevan los boliburgueses del régimen (esa clase parasitaria subproducto de la corrupción del socialismo del siglo XXI).

La devaluación planteada no es más que eso. El Sistema Complementario de Administración de Divisas (SICAD), que origina una tasa de cambio del dólar según las necesidades del Gobierno, será la que regirá a ese pueblo que consiguió la rendija por la que se reía, con “viveza criolla” de la apropiación, ahora hecha “orgía” por un grueso número de ciudadanos. Esas subastas, serán las que regirán el pago de sus tarjetas de crédito, usadas con desenfado por el común. La “venta de los cupos electrónicos” que hacía reír al pueblo –por ahora- de las afamadas medidas económicas, diseñadas por matemáticos e ingenieros, que simplemente buscan construir una muralla para contener la brecha conseguida por el ciudadano común, mucho más brillante que sus gobernantes.

El dólar está a 6,30 para los “negocios prioritarios”. Esos negocios de los “enchufados” que traen azúcar del exterior para “embolsarla” en los centrales azucareros “expropiados” en 2005 y que ahora muestran a los flamantes conmilitones. Piensan que este pueblo es bolsa y no se percata que, el gran negocio de quienes sostienen Miraflores, está en ese diferencial cambiario que empobrece día a día al pueblo y que enriquece exponencialmente a una “cuerda” de nuevos ricos que tienen acceso libre a las divisas. Como escribiría Andersen en su cuento: “está desnudo el Emperador” ¿…por cuánto tiempo?

El autor es Economista, Master en Planificación del Desarrollo Económico y Doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

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