La verdad es que duele confesar que vemos más preocupación por las cosas de Valencia, de parte de un margariteño como el periodista Alfredo Fermín – aunque valenciano de adopción y entrañable querencia – que de muchos que se dicen pertenecientes a familias de rancio abolengo y que sólo parecen distinguirse, de los demás mortales, sólo por sus miradas altivas y su desprecio por los más humildes, aunque muchos de estos personajes simplemente pertenecen a ese sector social que llamaba “Pipo” Arteaga con sobrada razón: “la pequeña burguesía arruinada y desclasada”. Aunque no todo está perdido, porque ya hemos visto cómo reaccionan, aunque aún muy tímidamente, algunos sectores sociales y personalidades que sienten la ciudad como cosa propia y tienen la revolucionaria percepción de sentir que la defensa de las tradiciones es la manera más sublime de asumir una mentalidad progresista y de avanzada.

Alfredo Fermín, en su habitual columna de los domingos nos refiere con justa indignación que: “Cuando eliminaron los símbolos valencianos, entre ellos el magnífico escudo que distinguía al municipio desde hacía 300 años, se llegó a la barbaridad de negar que Nuestra Señora del Socorro es la patrona de la ciudad. Las estatuas de La Libertad y Vuelvan Caras, del artista valenciano Andrés Pérez Mujica, la quitaron de la redoma de La Florida y está arrumada en el Parque Recreacional Sur a pesar de que forman parte de nuestro patrimonio artístico. Se acaban de cumplir 150 años del nacimiento de Arturo Michelena, el más grande de los pintores nacidos en esta ciudad, y la efemérides ni siquiera fue recordada y al centro cultural con sede en la antigua sede del Club Centro de Amigos, frente a la Plaza Bolívar, le eliminaron su nombre en la presente administración. (…) Ahora  vuelve a anunciarse la aspiración de un sector del Gobierno de cambiarle el nombre a la parroquia Miguel Peña por el de Hugo Chávez Frías. (…) Pero no deberían recurrir a la  mentira  argumentando que Miguel Peña fue un traidor a la patria porque asesoró al general José Antonio Páez para que se cumpliera el deseo popular de que Venezuela se separara de la Gran Colombia, el proyecto de Bolívar para crear una confederación con las naciones a las que le dio libertad: Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Venezuela que había fracasado desde sus inicios”.

    Es increíble que algunos concejales de Valencia, por ignorancia o adulancia extrema, consideren que ser “revolucionarios” significa acabar con las tradiciones de los pueblos. Si estos “comunistas” hubiesen vivido en España en la época de la República, seguramente hubiesen estado contra los “nacionalismos” vascos o catalanes y, en consecuencia, hubiesen sido fusilados por sus camaradas, pues fueron precisamente los fascistas los enemigos de las tradiciones populares y defensores acérrimos del centralismo reaccionario y tiránico.

     Ya lo decía con acertada vehemencia nuestro recordado amigo Manuel Caballero: “¿Es posible que haya quien sea tan descocado como para pretender que se puede abolir la historia, que se puede tapar el sol con un dedo? Digamos antes que nada que los venezolanos no tenemos ni la exclusividad ni la originalidad de ese propósito. En general, se trata de una invención de los regímenes totalitarios, pero muy en especial del fascismo alemán. En su condición de ocupante de la Francia vencida, Herman Goering lo expresaba así en 1940: “Se debe borrar el año 1789 de la historia”. En un ámbito mayor, y referido por supuesto al alemán, Alfred Rosemberg, un asqueante personaje que hacía las veces de teórico del nazismo, resumía así su doctrina: “Toda la historia de un pueblo se resume en su primer mito”.

    ¡Valencianos, carabobeños! No permitamos que el mito reaccionario del culto a la personalidad, in extremis, alrededor de Hugo Chávez pretenda abolir la historia y agraviar al héroe civil valenciano más importante del siglo XIX como fue Miguel Peña.: Además, no permitamos que en el siglo XXI se nos vuelva a decir lo que nos espetaba       Don Ramón Azpúrua, quien en 1877 hizo un comentario que nos causa vergüenza: “Hasta hoy no se ha hecho demostración alguna de gratitud nacional a la memoria del renombrado hijo de Valencia, del esforzado servidor de la Independencia sud-americana. Cuanta ingratitud de los pueblos ¡…cuanta indolencia de los valencianos…!

Desde esta atalaya propongo que abramos un debate público – me importa un bledo si es o no un “trapo rojo”, aunque ciertamente son muchos y más importantes los padecimientos de la población venezolana en estos momentos – pero si se trata de dar la pelea por nuestra eterna lucha contra los tergiversadores de la historia, pues la discusión la daremos con el mayor de los gustos y la mejor de nuestras complacencias. El gobierno regional tiene la palabra: para corregir entuertos o para dar el debate.

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD