Estaba siguiendo por twitter una de las alocuciones de Nicolás Maduro, cuando leí que el presidente encargado soltó la perla: “los opositores son los hijos de Hitler”. Casi al mismo tiempo, gracias a un retuit que hizo mi amigo y compañero Nehomar Hernández, por la misma red social, rememoré la conferencia que hiciera el gran Umberto Eco en el Congreso de Filología italiana y francesa en 1995 denominada “El fascismo eterno”.

La pedrada que soltaba Maduro a casi la mitad del país, llamándonos hijos de Hitler, junto con ese mensaje vía twittter sobre el estudio del fascismo que magistralmente hizo hace años ya Umberto Eco, me lleva a analizar las cercanías que hay entre el fascismo y el chavismo.

Umberto Eco, entre muchas otras cosas, señaló en su conferencia que “en el fascismo, cada uno está educado para convertirse en un héroe (…) Ese culto al heroísmo está vinculado estrechamente con el culto a la muerte: no es una coincidencia que el lema de los falangistas fuera: ‘viva la muerte’”. Vale destacar que el chavismo mantuvo durante años, muchos años, como grito de guerra el “Patria, socialismo o muerte”, hasta que Hugo Chávez vio cerquita a “la pelona” y decidió cambiar el lema. Pero la muerte como forma de dirección política ya existía. Desde que juraron freír la cabeza a los adecos, acabar con los vestigios del pacto de punto fijo, hacer desaparecer al capitalismo y arrasar con los “apátridas opositores”, el culto a la muerte fue elemento básico y central del código de mensajes por parte del chavismo.

Ideológicamente, el chavismo ha ido de un lado a otro: Chávez dijo a CNN en 1998 que no era comunista, ni siquiera socialista. En 1999 aplicó políticas públicas económicas y sociales muy similares a la Agenda Venezuela del gobierno de Caldera, al punto que la primera ministra de Finanzas de la revolución bolivariana fue Maritza Izaguirre, que venía de ejercer el mismo cargo con el gobierno anterior. Solo en 2006, cuando vio que le resultaba electoralmente, Chávez se declaró socialista. Pero la primera parte de sus catorce años fue bastante conservadora. Y ahora, el actual gobierno de Maduro aplica medidas neoliberales, aplaudidas y alabadas por el Fondo Monetario Internacional, como son las dos devaluaciones que ha sufrido el bolívar en menos de sesenta días.

En ese sentido, Eco en su conferencia señaló: “Mussolini  no tenía ninguna filosofía, tenía una retórica (…) no era una ideología monolítica, sino, más bien, un collage de diferentes ideologías políticas y filosóficas, una colmena de contradicciones”. La similitud entre el fascismo y el chavismo es evidente: el chavismo es una mescolanza tremenda –y terrible- de lo peor de muchas ideologías. Basta recordar como el fallecido Chávez se declaró fidelista, maoista, bolivarianista, mirandista, sanmartinista… Recuerdo cuando, en el discurso de toma de posesión del 2006, Chávez gritaba a los cuatro vientos que “Trotski tenía razón, la revolución debe ser eterna”, teniendo al frente al embajador del régimen cubano, heredero del estalinismo y enemigo jurado y confeso de la doctrina trotskista. El pasticho ideológico del chavismo siempre ha sido evidente.

Juan Carlos Zapata en su libro “Plomo más plomo es guerra” también echa mano de Eco para compararlo con el chavismo: “Apelemos a los factores de Eco para definir el carácter fascista: el culto a la tradición, una constante en el discurso chavista (…) el rechazo del modernismo (…) el desacuerdo es traición, y aquí hay un rechazo sistemático a la crítica; el llamamiento a las clases medias y frustradas (…) la obsesión por el complot (…) los enemigos son ricos (…) el populismo cualitativo, en el que la masa, el pueblo, la mayoría, son una entidad monolítica…”.

Al final, como bien lo señala Umberto Eco, lo importante en estos tiempos es saber que el fascismo puede volver con apariencias inocentes y nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus formas nuevas.

Luego de leer esto ¿le cabe duda a que se parece el chavismo?

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD