Aplicando el método soviético de confundir la Historia, el gobierno confiscó la fecha del 23 de Enero, desacreditó a los protagonistas de aquel momento culminante de la vida venezolana y distorsionó los hechos casi hasta convertirlos en una efemérides chavista.

De unos años hacia acá, después de fracasar en su intento de desacreditar el 23 de Enero de 1958 y constatar que se mantiene vivo en la conciencia colectiva como una fecha gloriosa de la democracia venezolana, el gobierno decidió apropiárselo para ponerlo al servicio de sus propósitos políticos, como lo ha hecho con todas las fechas memorables de nuestra Historia. En la celebración de este 23 de Enero, lo más importante para el chavismo no fueron los verdaderos sucesos acaecidos 55 años antes, sino que centró su atención en tres temas: 1) Desacreditar a los verdaderos protagonistas y distorsionar los hechos, 2) Insuflar entusiasmo al culto del líder ausente y 3) Rebautizar en la calle al candidato ungido por el líder para sustituirlo.

El descrédito de los protagonistas del 23 de Enero pasaba necesariamente por reescribir la historia del evento “a la soviética”, es decir, infamando a los personajes que le resultan incómodos y exaltando a los que fueran propicios, convirtiendo a los héroes en villanos y viceversa en una verdadera distorsión de los acontecimientos: “El espíritu del 23 de Enero fue traicionado por el puntofijismo”, repitieron hasta el cansancio, y de ahí la satanización de todo cuanto se hizo para preservar la Democracia de la invasión castrocomunista y de la guerrilla urbana y rural derrotada con balas y votos en la década de los 70. A base de mentiras intragables el gobierno ha pretendido inútilmente la mitificación heroica de los asesinos de soldados y policías, de las UTC, de los carniceros del tren de El Encanto, de los atracadores de bancos, de los secuestradores y de los golpistas que perpetraron asonadas como el Barcelonazo, el Carupanazo, el Porteñazo, el 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992.

Lo segundo notable de ésta conmemoración oficialista fue la reanimación del culto a la deidad ausente, mediante acciones de calle, movilizaciones y mítines, oraciones colectivas por la apoteósico retorno al país, entre los vítores y los aplausos que los tediosos oradores provocaban sólo cuando se pronunciaba el nombre del amado ausente y se reafirmaban los votos de fidelidad perpetua.

Pero lo tercero resultó verdaderamente cómico y ramplón: El bautizo de calle del Vicepresidente, presentado formalmente “en sociedad”en su baile de debutante después de haber sido señalado como heredero por el líder de la revolución. Luego de encabezar la marcha convocada por el gobierno para concluir en un mitin, el Vicepresidente hizo la revelación sensacional de que los organismos de inteligencia del régimen habían descubierto la preparación de un atentado (de vaina no lo calificó de “magnicidio”) contra él (Maduro) y contra el presidente de la Asamblea Nacional (Cabello), sin precisar el orden de perpetración, ni a los presuntos autores intelectuales y materiales que con semejante crimen se proponían cortar la línea sucesoria asesinando a los eventuales delfines. Así, de paso, metiéndolos a ambos en el mismo saco y hermanándolos ante un mismo peligro, la versión de los organismos de seguridad evitaba en cierto modo que siguiera volando el rumor de que la enemistad entre Maduro y Cabello es mortal y, peor aún, que Maduro pudiera atentar contra Cabello o éste contra aquél.

Como siempre y sin mayores precisiones, la responsabilidad se atribuyó al monstruo omnipresente que acecha constantemente a los próceres del proceso: “los enemigos de la revolución, los adversarios del socialismo, la derecha, la burguesía, el imperialismo, el capitalismo”. Lo más importante de este anuncio fue que nadie le prestó la menor atención por el tufo asfixiante del embuste. En esta materia el país está vacunado. Si mal no recordamos, Chávez ha anunciado 38 atentados imaginarios contra su vida sin que jamás le arrojaran ni un petardo ni se hubiese determinado e identificado a responsable alguno. Por cierto que el único atentado que no ha develado es el que cometen de manera continuada contra su salud ciertos médicos en cierto país. Últimamente se ha dicho que de un momento a otro, dependiendo del tratamiento, Chávez regresará a ejercer la presidencia. De verdad que sería lo mejor porque así se pondría fin a la cadena de chapuzas cometidas por los encargados. Porque si de algo ha servido esta celebración oficialista del 23 de Enero, es para demostrar que a los delfines les quedan demasiado grandes los zapatos que aspiran calzar.

Nota de Redacción: El título de esta columna fue motivo de discusión entre el autor y el Consejo Editorial de El Nuevo País, en torno a los términos “confiscar” y “expropiar”. Se le observó al articulista que el presidente Chávez siempre habla de expropiación. El doctor Ramos Allup contestó que la expropiación supone pago de justiprecio en cambio la confiscación no…y a los protagonistas del 23 de Enero los borraron de la Historia sin compensación alguna.

Henry Ramos Allup

Secretario General de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País 27-1-12