Ya a los 94 años, con la salud quebrantada por la ardua lucha –marcas en el cuerpo del ensañamiento del enemigo. Sin embargo, sereno, como quien se alza sobre sí mismo, para ver los frutos de una vida plena, al servicio del otro. Como dijera de Bolívar, Choquehuanca. “…con el tiempo crecerá su Gloria, como crece la sombra cuando el sol declina…”.  Mandela es, sin duda alguna el Libertador del África negra. Un hombre de su tiempo, que le tocó vivir un tercio de su existencia en prisión por sus ideas, por sus luchas contra el “apartheid”  –la segregación racial más dura del siglo XX. Un modelo político de opresión para controlar todo,  incluso la participación electoral de los “negros sudafricanos”.

Nos tocó el año pasado estar en el Congreso de la Internacional Socialista en Sudáfrica. Se sentía y percibía en el ambiente, el aire de libertades por las que luchó Mandela. En ese Congreso, Venezuela recuperó un puesto en tan importante organismo internacional, al cual concurren partidos políticos en funciones de gobierno, coaliciones de gobierno y oposición. En ese Congreso, con el voto de todos los países miembros,  Acción Democrática recuperó la Vicepresidencia en la IS, con el diputado Henry Ramos Allup. Espacio de lucha para la transformación de la sociedad desde un nuevo sentido de lo internacional y dentro del marco de un nuevo repensar de la solidaridad en y entre los pueblos.

Pero Mandela, líder de Sudáfrica sigue, padeciendo por su pueblo. Mandela es un sentimiento de lucha, ya no sólo un líder patrimonio del África.

Hoy, los venezolanos padecemos también por nuestra tierra. No encontramos respuesta ni sentido a 14 años de gobierno ininterrumpido; no encontramos respuesta a la injusticia ante prisioneros y exiliados políticos. Pero la imagen, la trayectoria y la lucha de Mandela, salta a nuestra mente y late en nuestro corazón. Esa lucha pacífica, constante desde lo profundo de nuestros principios y valores, poniendo por delante los derechos humanos y la justicia darán resultado en beneficio de tantos hogares, familias y niños que esperan por una nueva Venezuela, de reconciliación y sin odios.

No podremos construir esa nación para las generaciones venideras si no somos capaces de tender una mano solidaria, de ver con transparencia y sinceridad al otro.  Pero tampoco podremos lograr un futuro para la patria, si no nos bajamos de las alturas del poder y pisamos tierra. La estrategia gubernamental de polarización y división llegó a su fin. Se abre paso el diálogo y la reconciliación.

La única forma de construir una nación es, desde la pluralidad…por esas estepas africanas sigue soplando el viento fresco de la libertad… Por estas llanuras, montes y playas venezolanas corre la brisa suave de un tiempo más sereno, fundamentado en la necesidad de reencontrarnos…

Desde los Andes hasta las costas, corre esa ansia de hermandad… Es tan estruendoso el sonido que revienta los oídos e inflama los corazones. “…No me dejen ser un pobre poderoso solitario, incapaz de oír en la cima, la voz sabia del común…” –decía el expresidente Lusinchi.

Presidente Maduro, en la salida de los prisioneros políticos y la vuelta de los exiliados a la patria, tiene une oportunidad de iniciar el camino al reencuentro de Venezuela. ¡Tiene la palabra y la acción, presidente Maduro!

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com