El régimen ha tratado de convertir en efemérides, en celebraciones patrias, las fechas de los intentos de golpes de 1992 y la del “caracazo” ocurrido en 1989.  “Somos hijos del caracazo” dijo Chávez en varias oportunidades, y el 27N lo han convertido en el día de la aviación militar, en vez del tradicional 10 de diciembre, fecha del primer vuelo militar venezolano.  La apoteosis de la celebración del 4F pasado, la delirante puesta en escena de esta fecha sin el líder personalista, con imposición de medallas, discursos, parada militar, muestran que tratan por todos los medios imponer nuevas conmemoraciones supuestamente patrias. “Este pueblo nació de aquella rebelión inmensa del pueblo bolivariano en aquella gesta histórica de febrero de 1989” dijo Maduro este 27 de febrero.

En todo caso, a estas fechas se les quiere dar el valor de momentos de rebelión del pueblo venezolano y de episodios de propaganda del régimen.

Los hechos acontecidos durante el 27 y el 28 de febrero,  y días siguientes, constituyen  un episodio terrible de la historia social y política venezolana; pero hay cosas que decir: la primera, es que no fue una rebelión, fue un estallido social. Las manifestaciones no fueron hacia los centros de poder, fue una protesta que derivó en saqueos, que empezó en Guarenas. La manifestación se dio a fin de mes, cuando los trabajadores no habían cobrado sus sueldos: los hechos se produjeron en el contexto de una población indignada  por el aumento de los pasajes que no podían pagar y, en consecuencia,  eran bajados de las unidades de transporte en la autopista. Los saqueos fueron creciendo y aumentando en el espacio geográfico. De Guarenas a Petare y de allí al centro y luego a toda la ciudad.

Hay un segundo aspecto que debe comentarse: la cifra de muertes. Todas las muertes son dolorosas y lamentables, pero se habla a la ligera de 3 mil, de 5 mil o más, y eso no se corresponde con la verdad.  La cifra de fallecidos fue de 374, de acuerdo a la extensa investigación de la Comisión Especial del Parlamento designada para tal fin, liderizada por la senadora Paulina Gamus y, muy importante, verificada y  aprobada por todos los partidos que hacían vida en el Congreso, incluyendo los de la izquierda venezolana y la oposición de su momento.

Tercer aspecto, otro hecho doloroso. El régimen dice que fueron saqueos  de pobres contra ricos, para convertir en propaganda la supuesta lucha de clases que justifica el proyecto de hegemonía chavista. Los saqueos se iniciaron por abastos y mercados por alimentos, luego por electrodomésticos y mueblería. No fue contra las cadenas de mercados, sino los expendios que los manifestantes tenían más cerca. Lo más grave es que después del tercer día se produjeron saqueos contra los saqueadores, y allí se dio el saqueo de pobres contra pobres. Los testimoniales indican que la gente tuvo que llamar  a las fuerzas de seguridad para imponer el orden.

Ninguno de los “líderes” revolucionarios estuvieron a la cabeza de la protesta: la mayoría de los que ahora forman parte del “chavismo civil” estaba en la universidad en ese momento. El mismo Chávez se desentendió del problema de la acción militar diciendo que no participó porque tenía lechina. Donde sí está el misterio es en quiénes fueron los francotiradores, que los hubo y son los responsables de que se causaran más bajas en la población civil que en los uniformados militares.

El discurso del Vicepresidente Maduro, con todo y sus fallas personales, dejó en claro la visión que se le quiere dar a este triste episodio:  los fallecidos son jóvenes que dieron la vida por la rebelión contra una burguesía corrupta que detentaba el poder político y económico, para luego anunciar la creación de una “Comisión de la Verdad” que  revisará los casos de desaparecidos y asesinados desde 1958 hasta 1999. Esta comisión estará integrada solo por miembros del chavismo, es decir, a contracorriente de sus similares en el mundo, que siempre se han constituido con figuras  independientes que garanticen el equilibrio y la objetividad de las investigaciones. Ya están cantadas las resultas de la junta chavista juramentada por Maduro y Cabello, por eso podría llamarse la “comisión venganza”.

Del caracazo, 24 años después, debe obtenerse un aprendizaje: de un terrible momento deben nacer las enseñanzas de lo que no puede repetirse, y la necesidad de superar el odio y la venganza. Es una fecha luctuosa que nunca debe perderse en la memoria, pero con la que no debe jugarse, y menos convertir en un acto de proselitismo para un  régimen que siempre usa la muerte como propaganda política.

Angel Lugo

Secretario Político del CEN de AD