El régimen Castro-madurista ha logrado su objetivo, por ahora. El control cambiario iniciado por la “robolución” en 2003, ha marcado, junto a la destrucción del aparato industrial nacional y ahora la flamante Ley de Costos y Precios Justos una “asonada” a la economía nacional en todos sus estratos: consumidores, comerciantes, productores… Pareciera que se trata de construir un modelo de Estado centralizado en detrimento de las gobernaciones y municipios, logro obtenido bajo el modelo descentralizado propuesto en el gran viraje, durante la presidencia democrática de Carlos Andrés Pérez.

Desde el gobierno del finado presidente Chávez, como la subsecuente extensión del régimen a través de los actuales inquilinos de Miraflores, se ha constituido un “colectivo” que se propone, no la mayor felicidad sino, su permanencia en el poder “ad perpetuum”.

Este “grupete habilitado”, maneja y dispone a su antojo la riqueza nacional. Acomodan ésta a favor de sus aliados internacionales, construyendo una falsa nueva hegemonía de poder latinoamericano. Nuestros países hermanos ven con preocupación la cada vez más deplorable situación de Venezuela, por un lado; pero por otro, grupos empresariales y competidores tradicionales de nuestros productores locales se glorían en la torpeza de las ejecutorias económicas de nuestro gobierno, pues ello les proporciona ventajas competitivas y comparativas determinantes. La Ley de Costos y Precios Justos beneficia a los grupos económicos internacionales en menoscabo de nuestros sectores locales, probablemente a favor de “boligarcas” que reciben beneficios de este acto contra la soberanía nacional -por la vía de la destrucción de nuestro aparato económico nacional-. ¡Destruyendo a la patria!

Por otra parte, el apoyo a la clase más necesitada es un deber del Estado.  Sin embargo,  no como un acto paternalista o clientelar. El acción política debiera llevarnos a “erradicar la pobreza” consigna cacareada hasta la saciedad por el finando mandatario Chávez, pero estamos muy lejos de lograr este objetivo. Pareciera que los pobres son más útiles a los propósitos del régimen, en las barriadas en que se encuentran, lamentablemente. Nuestras barriadas son cada vez más extensas y populosas. El empleo productivo se ha visto mermado abismalmente en los 15 años del actual régimen. Paralelamente, el aparato laboral del Estado ha crecido en forma exponencial. De esta forma, Pdvsa La Estancia -por poner un ejemplo- ha pasado de regir la actividad de su sede en el Centro de Arte La Estancia, en el municipio Chacao, a reconstruir y mantener el Boulevard de Sabana Grande, en el municipio Libertador. Cosas impactantes del “sentido de gerencia del hombre nuevo” del actual régimen.

¿Destruir la patria? Pareciera que ese el fin último del régimen Castro-madurista. El Estado capitalista rentístico se monta sobre la brutal explotación petrolera proveyendo dádivas a los ciudadanos. No hemos sido capaces de hacer de nuestra patria, esa Venezuela que crezca “de frente hacia el futuro”.

Progreso, crecimiento, desarrollo… son palabras que el ministro Giordani dejó olvidadas en las aulas de clases del Cendes donde le conocimos en la década del 90.

Exhortando a mis conciudadanos, quiero cerrar la disertación de esta semana con estos versos del romanticismo español del siglo XIX: “Triste es la vida cuando piensa el alma, triste es vivir si siente el corazón; nunca se goza de ventura y calma, si se piensa del mundo en la ficción” (Poema. El arrepentimiento, de José de Espronceda, 1808-1842).

¡Manos a la obra, ha llegado la hora!

El autor es economista, master en Planificación del Desarrollo Económico y doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

@rafaelmartinezn

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