Nuevamente Nicolás nos sorprende. La economía está por explotarle en la cara, juntado con un problema social de magnitudes colosales, todo esto creado por aquel irresponsable ex presidente que murió hace unos meses. ¿Y qué hace Maduro? Tratar de apagar el candelero con gasolina. Muy inteligente de su parte.

Este tipo tuvo la fastuosa idea de tratar de amarrar la economía mucho más de lo que ya está, vendiéndose como el presidente policía, que no sólo crea nuevos organismos económicos que, literalmente, no sirven para nada, sino que se dedica a hacer de verdugo popular lanzando una jauría contra tiendas privadas.

Si las tiendas a las que Maduro acusó efectivamente estaban acaparando productos y vendiéndolos a precios de usura, no nos consta. No pretendo convertirme en defensor de las mismas. Para ello, la Constitución que el enano supremo calificó como la mejor del mundo, establece una cosita llamada derecho a la defensa. Es decir, si a uno lo acusan de algo, puede defenderse. No es muy difícil entender esto. Ya los comerciantes podrían defenderse con las armas legales que les da el bloque de la legalidad. Pero esto no ocurrió. Se los llevaron presos sin posibilidad de pataleo.

Maduro llama a saquear tiendas privadas. Le dice a los venezolanos, luego de ordenar su intervención por parte del Indepabis: “vayan allá y no dejen nada en los anaqueles”. Eso, por cierto, podría ser, perfectamente, considerarse como delito, concretamente, como instigación a delinquir, el cual está tipificado en el artículo 285 del Código Penal. Los invito a que lo lean.

Pero más allá de las consideraciones legales, hay que destacar algo: ciertamente, cientos de venezolanos se acercaron de inmediato a las tiendas intervenidas a ver que podían pescar. Se ven videos degradantes, bochornosos. Venezolanos saqueando abiertamente estas tiendas, sintiéndose amparados por la impunidad que les brindó el gobierno. Una de las tiendas en Valencia fue desvalijada y se robaron hasta los puntos de venta. Pero si cientos de venezolanos cometieron esta aberración, millones de nosotros no lo hicimos, condenamos tales actos delictivos. No puede decirse que la mayoría apoyó esa barbarie a la que ese irresponsable de Nicolás Maduro quiso lanzarnos. La generalidad nos mantuvimos del lado de la Constitución y la democracia.

Maduro no logró el saqueo total. Los venezolanos no lo permitimos. Sin embargo, este 9 de noviembre de 2013 necesariamente será recordado por la historia como el día en que se institucionalizó el delito, en que el crimen dejó de ser tal y pasó a ser una actividad normal, ordinaria, permitida para los ciudadanos.

No atino a entender porque Maduro llega a este punto de no retorno. Quizá la crisis nacional lo desbordó, por eso incita de manera abierta e irresponsable al caos y a la anarquía. Capaz quiere, necesita, busca, una explosión social. No entiendo la razón por la cual Maduro incita al odio entre venezolanos de esta manera. Cada vez se hace más difícil entender a este ser enloquecido, enceguecido, que busca por todos los medios que nos matemos. Quien sabe porque Nicolás Maduro nos detesta a los venezolanos.

Pero si sé algo: los venezolanos somos mucho más grandes que esto. El gobierno pretende que lleguemos al caos, a la anarquía, pero no se lo vamos a permitir. Como dije arriba, si cientos se sumaron a la barbarie, millones nos opusimos a ello. Lo que ocurrió puede ser calificado como un golpe a la Constitución, ya que la justicia tumultuaria no solo no está en la Carta Magna sino que es contraria a esta. Y no solo es contraria a derecho tal actitud, sino que lo es a toda forma de vida en sociedad. Al parecer, Maduro tiene como fin devolvernos a los tiempos de las cavernas, donde los problemas se resolvían matándose a pedradas. No podrá. El venezolano no es eso que quiere Maduro y que quiso el enano supremo. Ante el terror, democracia. Ante los gritos, firmeza. La actitud de Maduro demuestra su gran debilidad. Él lo sabe.

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