El Estado es siempre gigantesco al lado del ciudadano común, de a pie –como decimos coloquialmente. En el caso venezolano, parece aún mayor pues, sumada a la fuerza institucional del orden y la legislación –como ocurre en el resto del mundo- sumamos una cualidad adicional: somos un Estado petrolero. Esta condición, nos convierte en un “Estado propietario” de los recursos del subsuelo y, en nuestra particular situación, en un Estado poderoso, realmente casi omnipotente, todopoderoso o “supremo” como han acomodado a llamar –igualmente- al finado presidente. Desde esta perspectiva, vale la pena observar los acontecimientos de las últimas semanas: la presunta persecución y lucha contra la corrupción, el allanamiento de la inmunidad parlamentaria del diputado Richard Mardo, y –para derramar el vaso- la sesión del martes pasado en la Asamblea Nacional. Estos tres acontecimientos –grosso modo- están marcando la pauta de la manera como parece, el régimen actual, pretende conducir el país –al menos la política televisiva y de medios nacional, de cara al ciudadano. Sí, de cara al elector, pues, como es conocido por todos el 8 de diciembre está convocado el proceso comicial local y, todos los venezolanos concurriremos a las urnas a expresar nuestra opinión con nuestro voto. De esta manera, renovaremos las autoridades municipales –alcaldes y concejales. Los números de esas elecciones no dan al Gobierno y, poniendo “sus ropas en remojo”, se ven las caras en las elecciones legislativas argentinas donde el kichnerismo salió derrotado y la reelección de la presidente Cristina se ve muy cuesta arriba. Dentro de este panorama se comprende todo el nerviosismo del régimen y la campaña de descrédito que lanza sobre partidos, diputados y funcionarios opositores. La divulgación de presuntos correos de dirigentes de oposición donde  supuestamente se atacan y despotrican entre si o, donde se escriben mensajes de cualquier índole, mostrando su inconformidad, pretenden hacer ver una división en vez de una unidad en la diversidad, que es lo que en realidad concurre en la Unidad Democrática (MUD).

El Estado es omnipotente, así pretende aparecer ante los ojos de quienes somos simples ciudadanos, mujeres y hombres que aspiramos un país mejor y más justo. A su vez, se inmiscuye en los asuntos privados, en las cuestiones de índole personal de cada individuo, violentando el principio de la inviolabilidad de la persona humana, es decir, de su dignidad en cuanto a individuo.

Hemos presenciado una semana bochornosa, llena de ataques inclementes desde la Asamblea Nacional –pasando por el Jefe de Estado- de todo cuanto huela a oposición democrática; cortinas de humo ante la inflación, el bajísimo nivel de ingreso y la imposibilidad de cumplir con las metas de viviendas, transporte público, vialidad, empleo, educación… un “sainete robolucionario” que pretende quitar la atención ciudadana de la principal: el 8 de diciembre. Contra la Bota, ¡vota! El pueblo soberano, el único omnipotente, tiene la pelota en su área.

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado originalmente en www.eluniversal.com