Ya vemos mayores expresiones del ventajismo oficialista, esta vez es institucional.  Según el CNE, en las cadenas del presidente  no hay contenido proselitista y, también según el CNE,   Capriles no puede utilizar la gorra porque tiene los símbolos patrios. Ese pronunciamiento de una de las rectoras del ente comicial se produce al mismo tiempo que transmiten una  propaganda gubernamental en la tv, donde el candidato-presidente aparece con una vestimenta deportiva que tiene los colores de la bandera nacional y sus ocho estrellas, para que no quede dudas.   Ya se ha tratado de frenar las movilizaciones de la Unidad Democrática  con mecanismos de control social y violencia política, se ha atacado la propaganda  del candidato y se agreden la  imagen de Capriles y sus propuestas, con todo tipo de descalificativos. Para los que hemos visto opinión pública, marketing,  campañas, entre otras cosas, tenemos claros el estado actual de la competencia electoral en Venezuela…

La campaña, como es obvio, se centra en la figura del presidente, pero… a qué convoca?  Bajo el lema “Chávez el candidato de la patria”, el uso del llamado “corazón de Venezuela”, más el jingle  donde se le dice al candidato-presidente “te queremos, te amamos”, etc, está claro que el único mensaje del régimen  es el de la defensa del presidente, no la presentación de una oferta programática para el futuro. La campaña del gobierno  no convoca al “vamos”. Capriles, mientras tanto,  con la idea-fuerza de “hay un camino” propone una alternativa:  allí existe una invitación a un colectivo, al vamos a transitar juntos ese camino. Esa idea es incluso mucho más poderosa que la del autobús del progreso.

La epopeya ya no está en la figura presidencial. ¿Cuáles son las fuerzas internas con las que tiene que confrontar?  Ya pasaron aquellos años de la lucha contra los amos del valle, el capital nacional, la burguesía, la “meritocracia” de PDVSA, los sindicatos, los partidos… A todos los fue derrotando por la vía de múltiples jugadas para tener poder. Ese poder está logrado y en grado sumo. Chávez hoy tiene el control total de los poderes públicos. No hay épica en la campaña del candidato-presidente. La epopeya está ahora del otro lado: de las fuerzas democráticas y de su candidato, quienes luchan contra el ventajismo, contra la exclusión, la discriminación. Es la opción democrática la que recorre el país, la que convoca a la unión de las fuerzas sociales y políticas.

La idea de modernidad y cambio se desplazó, quien representa esa modernidad ya no está del lado presidencial. La opción del futuro, la que representa lo novedoso, es la de la Unidad Democrática. ¿Acaso es modernidad seguir viendo a los José Vicente Rangel, Tareck El Aisami, Jorge Giordani, Diosdado Cabello, Andrés Izarra, Mario Silva y demás personajes de la actual clase política, de la “nomenklatura” chavista?. Si bien hay críticas e incluso desconfianza en ciertos sectores de la población con respecto a la conjunción de factores democráticos alrededor de Capriles, la idea de un refrescamiento, de un “nuevo aire”, está ganando cada vez más  adeptos.

Las misiones son más de lo mismo. Ya perdieron su espectacularidad, tienen un “rendimiento marginal”.  Están diseñadas, en la práctica, para que quienes entren en ellas terminen dependiendo de ellas. Las misiones no han sacado a la gente de la pobreza, solamente algunos  que se han adosado al régimen son los que han obtenido movilidad social. La cubanización y la militarización parecieran estar comenzado a tener efectos negativos en quienes participan en ese sistema.

El discurso de la salvación se desfiguró. La proclama de salvar al mundo,  de luchar contra el capitalismo, contra el enemigo interno, se ha debilitado ante la magnitud de los problemas cotidianos. El planteamiento de la independencia y de la defensa de  la patria son ideas-fuerza potentes pero que tienen un significado muy etéreo. Aluden a la nación, a la dignidad, pero se alejan para el ciudadano común que está sufriendo los males del sistema implementado.  Del otro lado está el candidato que habla de los temas del día a día: la  inseguridad, el empleo digno y estable, la educación y la salud sin distingo de colores. La idea-fuerza de la campaña de Capriles es la superación de la división social artificial impuesta por el régimen.

Las motivaciones de la movilización política experimentan un giro. Del lado de la candidatura del régimen se ha pasado del voluntarismo al utilitarismo. La movilización popular depende de los ingresos petroleros colocados al servicio del partido de gobierno, del “pago”  y la obligación a los asistentes. Cada vez se le hace más necesario al oficialismo  el traslado desde  varias partes del país para producir actos locales… Del otro lado crece el voluntarismo, la espontaneidad. Allí no hay nada que repartir sino la siembra de esperanza; hay mucho que caminar y mucho que convencer.

La iniciativa política se mudó. El presidente siempre capitalizó la agenda de opinión pública. Los medios  colonizados por el gobierno ahora tienden a hablar más de Capriles que de su propuesta. Se han visto forzados a ser más explícitos: “aquí lo importante es Chávez”, como él  lo ratificó ayer en Valencia.

El inventario habla por sí mismo. De seguir movilizándose la opinión pública tal como parece estar ocurriendo, la candidatura de las fuerzas democráticas estará tomando mayor cuerpo. La lucha de la gorra, que no es militar, contra la boina, que no es civil, estará a las puertas de una transición hacia la democracia.

Angel Lugo

Secretario Político del CEN de AD