El mensaje de Capriles a las fuerzas armadas era necesario y ha sido oportuno, debido a los desmanes del candidato del Gobierno, que habla de los militares como si fueran sirvientes de su proyecto político, cuando la Constitución y la Lógica establecen exactamente lo contrario.

El mensaje de Henrique Capriles a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana el jueves 12 fue oportuno, directo, honesto, preciso y claro. Merece comentarlo por tres razones. La primera, porque amplios sectores del país todavía son prisioneros del pánico histórico que suscita en Latinoamérica abordar el tema militar. La segunda, porque Chávez, por Presidente y por militar, o a ¡a inversa, se ha apropiado del tema poniéndolo al servicio de su candidatura. La tercera, porque Chávez ha dedicado muchas intervenciones a cuestionar ese mensaje de Capriles, lo cual comprueba que caló en el seno de las fuerzas armadas.

En el irrespetado artículo 328 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, a las fuerzas armadas se las define como obedientes, no deliberantes, subordinadas al poder civil, defensoras de la independencia, la soberanía, la integridad territorial y el orden interno. Se destaca que están al servicio de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna. Chávez se salta esta enjundiosa y civilizada proclama cuando afirma reiteradamente que las FANB son “revolucionarias, socialistas y chavistas”, para ratificar lo que hace un par de meses dijo su actual Ministro de Defensa cuando declaró que los militares no aceptarían un resultado electoral favorable a la Oposición porque “las fuerzas armadas están casadas con el proyecto político del Presidente Chávez”.

No cabe duda que cuando Chávez hace alarde del respaldo militar y sus altos mandos declaran que los resultados electorales son respetables sólo si lo favorecen, lo que nos está diciendo es que él tiene a las fuerzas armadas en un puño y que en el supuesto que la voluntad popular elija Presidente a Capriles, allí están los militares para enmendarlo. Nada menos. Ante todo esto, los militares como conjunto guardan silencio, y de allí al miedo y a la consiguiente abstención que perjudica fundamentalmente a la Oposición, no hay ni un milímetro de distancia. A esto, súmenle los sectores sociales que prefieren esclavitudes tranquilas a libertades peligrosas. Por estos atavismos condicionantes, hay quienes piensan que lisonjera a los militares los ganamos para nuestra causa y los disuadimos de tentaciones antidemocráticas, sin tener en cuenta que los militares nos respetarán en la medida en que seamos respetables y para ello es necesario hablarles claramente. Que sepan que sólo exigimos que cumplan con sus deberes jurados constitucionalmente y sólo les decimos que en el próximo gobierno no tendrán privilegios sino el mismo trato y respeto que merecen por igual todos los ciudadanos en un Estado verdaderamente democrático.

Estos temas, impensables en las sociedades que disfrutan de democracias sólidas, continúan angustiando a los países latinoamericanos donde el eterno acecho de los militares al poder civil no se ha superado desde las guerras de independencia, como lo narran con lujo de detalles escritores de la dimensión de Alain Rouquier (El Estado Militar en América Latina. Siglo Veintiuno Editores, 1984), Manuel Caballero (La Peste Militar. Editorial Alfa, 2007) y sobre todo el profesor Germán Carrera Damas (El Bolivarianismo-Militarismo, una Ideología de Reemplazo. Editorial Alfa, 2011).

El mensaje de Capriles a las FANB llena un importante vacío. De las personas que nos abordan formulando interrogantes que muchas veces no podemos aclarar, la mayoría pregunta si los militares reconocerán el resultado y entregarán el poder si Capriles gana las elecciones. Independientemente de las preferencias políticas y partidistas que casi todos los militares tienen, todos manifiestan que respetarán los resultados electorales, unos porque están convencidos que deben respetarlos y otros porque no pueden desconocerlos. Estos tópicos, que no pasarían de ser humoradas y quizás un pasaporte al psiquiatra en un país verdaderamente democrático, en estas latitudes son razones suficientes para un Mensaje bien pensado y bien dicho como el de Henrique Capriles a las FANB.

 

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País 22-7-11