El Papa Francisco de nuevo está en su Latinoamérica. Es el primer Papa de nuestra región, el primer Papa jesuita, y el primero en imponerse el nombre del santo de la humildad, Francisco, “poverello d’Assisi“. Esta crónica está referida al evento acontecido en Brasil, la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), Río de Janeiro, 2013. El origen de estas Jornadas está en el no tan lejano año Santo de 1975, bajo en pontificado de Pablo VI, quien después de la “Jornada de la Reconciliación Cristiana” que recorrió el camino de San Francisco, entre Asís y Roma. En 1984, Juan Pablo II,  reeditó el encuentro y de ahí se ha realizado en diversos lugares del mundo.

La JMJ es un tiempo de renovación eclesial en el país de mayor población católica del mundo. Constituye un reto, dirigido a los tiempos venideros, al futuro, a la esperanza.

Vivimos un mundo complejo lleno de tecnicismos, aparentemente ausente de solidaridad, de valores éticos y morales. Sin embargo, estos encuentros mundiales reúnen unos días a millones de jóvenes del mundo, en la “alegría de la santidad en El Señor”, en el “…que venció al mundo… (Jn. 16,33)”

¿Pero qué sentido tiene este encuentro, en este momento de crisis económicas mundiales, de gobiernos ensoberbecidos por el poder, de grandes índices de pobreza, de ausencia de solidaridad para con los más débiles y necesitados? Ciertamente, tiene un gran impacto y es motivo de grande alegría. Quienes nos fundamos en la fe, y esperamos en un futuro mejor, sabemos que no estamos solos, Jesús nos prometió que “…estaría con nosotros hasta el fin de los tiempos (Mc. 16, 19)”. Y esta realidad divina se nos muestra a diario. El encuentro de Brasil, va a dar frutos para la región y el mundo, para nuestros atormentados países, perseguidos por las propias miserias de nuestros gobernantes, por las muy comunes pequeñeces del mundo político y económico, por la incomprensión aparentemente reinante en todo y en todos.

Un mundo mejor y más justo es y será posible. Los jóvenes en el Brasil son el presente de esta sociedad, no decadente, sino en constante cambio y replanteamiento. El encuentro de los Jóvenes en Brasil es una propuesta al mundo de que es posible “ser santos” en jeans y alpargatas, con música pop y reggaeton, con estudios universitarios, con solidaridad entre compañeros de curso con dificultades de aprendizaje y concentración. Que se puede “ser santo” comprometido con el mundo político, desde el amor y la justicia, desde el mundo real, sin miedo y sin ambages. Esta nueva juventud de la pizza, el perro caliente y la hamburguesa, el ipod y las gaseosas puede ser y son un motivo de reflexión constante, de reencuentro, de reconciliación.

Mirémonos en los jóvenes reunidos en Brasil: dos millones y medio de representantes de una nueva generación que son y serán la red social –real y permanente- más grande del mundo actual. Unidos por su fe, constituidos por un mensaje nuevo de “instauración entre nosotros de la Civilización del Amor”. Un lugar donde todos tenemos espacio, donde nadie sobra y donde todos somos útiles en la construcción del mundo, la región y el país que queremos: dejémonos contagiar por la alegría de este encuentro que es reflejo del cambio que está a nuestra puerta. ¡Abramos las puertas a Jesús quien con su cruz, ha vencido al mundo, no tengamos miedo!

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com