Despotricar de la MUD como si no hubiera servido para nada es absurdo y mezquino. Comparar las elecciones del 14-A con las del 8-D es un error. Haber convertido las municipales en plebiscito, otro error. Pero haber logrado la unidad en más de 330 municipios y concejalías es un tremendo acierto que para algunos pareciera no tener la menor importancia. Gracias a la concertación de la diversidad de fuerzas políticas que integran la unidad, crecimos en número de alcaldías; los adecos le arrebatamos varias al PSUV; y los que vociferaban “no volverán” se les quedó la consigna en el cogote, porque el que no volvió fue otro por obra y gracia de los brillantes médicos cubanos de los que tanto presumían. Si alguna autocrítica debemos hacer, es sobre nuestra capacidad de respuesta ante las aparentes locuras y medidas económicas “desordenadas” que lanzó Nicolás poco tiempo antes de las elecciones.

Empecemos por desmontar la idea generalizada de que el tipo se volvió loco. Nicolás se hizo el pendejo al tomar la silla, y cuando ya todos lo creían en el sótano de las encuestas de opinión pública, de un día para otro “agarró vuelo” y descargó la artillería pesada haciendo algo similar a lo de Robert Mugabe en Zimbawe: Decretar “precios justos”. Nos agarraron sin respuesta oportuna y eficaz y volvimos a rodar. Perogrullo: Pote de humo de cara al proceso electoral del 8-D, y el experimento no les resultó tan fallido a nivel publicitario. Digo publicitario, porque a la fecha de redacción de este artículo, el Banco Central de Venezuela lleva dos días de retraso en la publicación de las cifras de inflación, primer indicio de que aquello no sirvió en lo estrictamente académico.

Ese pote de humo, al igual que los otros, contuvo medidas cortoplacistas y electorales, pero ninguna de teoría económica seria. Cuando se acerca la campaña las sacan; y cuando termina de hablar Tibisay, fingen demencia. El peso de los electrodomésticos en el índice inflacionario es minúsculo; usted no compra neveras todos los días, alimentos y bebidas sí. Eso no lo dijeron los genios que “manejan” (sic) la política económica en este país. En 2014, la gente no comerá plasmas; comprará menos que nunca y las neveras nuevas van a quedar para hacer hielo nada más. Anunciaron medidas para incentivar el ahorro y disminuir el consumo (aumento del encaje legal y de los tipos de interés pasivos con ciertas condiciones), pero por el otro lado apretaron con mayor fuerza la maquinita de imprimir billetes y duplicaron los límites en las tarjetas de crédito indiscriminadamente, empujando el consumo y por ende, la inflación. Resultados de tan brillante pasticho monetario se verá en 2014, pase lo que pase.

La propensión marginal al consumo es elevada y la del ahorro es nula dentro del contexto actual. Nadie guardará los centavos en el banco cuando la inflación es superior a 50% y los tipos de interés activos no alcanzan el 30%. Prefieren el consumo para escapar del alza de precios, en una economía que todo lo importa y nada produce, con los reales de las Reservas Internacionales de mal en peor, al punto de tener que liquidar oro para tener los dólares que necesitan para satisfacer el consumo desmedido que ellos estimulan sin decoro. Con esa película distrajeron a muchos venezolanos, y no tuvimos respuesta oportuna. La pregunta es qué haremos cuando nos salgan con una parecida o peor para un próximo proceso electoral; y cómo enfocaremos el mensaje para llevar el impacto propagandístico del gobierno a su mínima expresión.

El pote cumplió su cometido electorero hasta cierto punto. En los venideros meses, si quieren tapar la situación económica real, tendrán que incendiar El Ávila para que el humo distraiga la atención de: Nueva devaluación de la moneda; escasez pronunciada; inflación en las nubes y ausencia de dólares para satisfacer la demanda. No combatir la estrategia acertadamente fue nuestro mayor pecado, pero nadie podrá quitar los aciertos de los últimos procesos electorales. Lo contrario sería otro pote de humo de aquellos cuyo único oficio es dispararle más a la oposición que al propio gobierno, sin dudas.

Danny Leguízamo

Secretario de Capacitación y Doctrina JAD-CCS