La supuesta cruzada contra la corrupción que pretende emprender el gobierno no es más que otro pote de humo para desviar la atención de los verdaderos problemas que agobian a los venezolanos, los cuales resaltan la ineficiencia del gobierno.

Se ha convertido en pan nuestro de cada día, y parece que nos hemos acostumbrado, que cada vez que el gobierno se halla en los apremios en los que los que lo colocan sus ineficiencias y corruptelas, echa mano de algún pote de humo para distraer la atención del país sobre los verdaderos problemas que aquejan a los ciudadanos. Ingenuidad, además, que se crea que eso es producto espontáneo de la chapuza que caracteriza el día a día de este gobierno. Parece que no nos damos cuenta que si algo ha aprovechado este régimen del dineral que nos ha costado y cuesta el subsidio al gobierno castrista, es en los servicios de inteligencia y espionaje del G2, tan eficiente como para haber mantenido a punta de vigilancia, calumnia, delación y susto al régimen castrocomunista en ese inmenso cementerio de vivos que es la misérrima Cuba. Un país próspero y desarrollado como los Estados Unidos puede darse el lujo de sobrevivir a pesar de sus diplomáticos idiotas y sus organismos de espionaje costosos e ineficientes en los que cualquier cachifo mal reclutado vende por millones la revelación de las trapacerías y crímenes propios de ese tipo de actividad; no así un régimen como el de los Castro que subsiste aunque no produce nada para exportar ni tampoco puede importar lo que necesita porque no tiene con qué pagar. El único bien exportable que tiene Cuba son los espías, porque las jineteras, la facilitación del tráfico de drogas para mercados que pagan bien, el trabajo esclavo para las pocas inversiones extranjeras y los servicios a los turistas son las únicas industrias locales que funcionan en ese pobre país arruinado por una tiranía malvada que no encuentra como salir del atolladero. Fuera de eso, Cuba vive de las remesas que envían los cubanos de Miami a los que antes llamaban gusanos y con una parte de los petrodólares que el chavismo se roba aquí.

Traigo a relato estas obviedades para empatarlas con el torneo escatológico y amarillista escenificado en la AN el pasado día 15, en el cual los temas fundamentales fueron la corrupción del otro, la homofobia y el homosexualismo, en ese chiquero en el que intencionalmente un gobierno que no es verdaderamente democrático ha convertido al parlamento simplemente porque no le conviene que ejerza sus funciones constitucionales específicas. Pendejos los que crean que la porquería de esa sesión fue algo que hicieron por su cuenta Diosdado Cabello y Pedro Carreño para insultar selectivamente a la parte de la oposición a la que le tienen facturas personales y políticas pendientes. Parlamentario de amplia vivencia como he sido, observé con indignación y estupefacción no sólo los excesos ruines y alevosos de los ofensores, sino el silencio inexplicable y la tolerancia martirial de los ofendidos que tenían artillería suficiente para repostar y parar en seco a los acusadores pero fueron incapaces de disparar una sola munición. Dejémonos de cuento: en ese lodazal no sé quién perdería más, pero perdieron ambas partes porque a este país caribe no le gustan ni los abusadores ni los cobardes. Pero como si esto fuera poco, en el bando de los insultados hay quienes creen que esa polarización victimario-víctima les conviene porque de eso van a beneficiarse políticamente con exclusión de otros factores opositores, sin percatarse que si esa polarización ha sido decidida por el gobierno es porque le conviene y no porque beneficie a la víctima. Elemental, mi querido Watson.

El teatro montado en la AN fue simplemente la preparación del terreno para que Maduro solicitara la fulana Ley Habilitante a pretexto de ser “indispensable” para combatir la corrupción por parte de un gobierno sobrado de leyes e instituciones, repentinamente preocupado por un problema que durante estos 15 años de chavismo se ha hecho endémico y de magnitudes sin precedentes y cuyos principales agentes son desde consanguíneos civiles y militares conectados con las más altas esferas del poder, hasta la carnada de nuevos ricos pobretones hasta ayer que pasean grosera, desparpajada e impunemente sus fortunas aquí y en todo el planeta.

La estrategia tiene sus complejidades porque para que la lucha anticorrupción luzca verdadera, hay que victimar de ambos lados, unas cuantas sardinas del lado propio para justificar la pesca de algunos tiburones de lado opuesto, no importa que éstos hayan tenido sus facilitadores en el gobierno, porque se sabe de sobra que es imposible que puedan hacerse negocios ilícitos gordos si no se cuenta con socios en el régimen. Pote de humo, no puede ser otra cosa, que el gobierno inicie una cruzada contra un problema que ocupa el décimo lugar en la preocupación de los ciudadanos, siendo que los primeros nueve (inseguridad, costo de vida, desabastecimiento, electricidad, agua, salud, desempleo, vivienda etc.) no sólo se agravan sino que ponen de bulto la ineficiencia del gobierno. También se ha especulado que la lucha anticorrupción es una vendetta de Maduro para purgar soviéticamente a sus rivales dentro del chavismo, pero no me extrañaría que en su paso-a-paso uno que otro del más íntimo círculo madurista pudiera resultar sacrificado para probar que la lucha contra la corrupción es de verdad y no como el cuento de los 42 magnicidios que hasta ahora han “descubierto” los policías del gobierno sin que hubiese aparecido ni una piedrita arrojada a la humanidad del Presidente.

Henry Ramos Allup

Secretario General Nacional de AD

Artículo publicado en el Diario El Nuevo País el 25-8-13