Parece evidente que en las primeras de cambio, Nicolás Maduro no tenía conciencia de la magnitud de la catástrofe política que para eso que  (para simplificar) denominamos chavismo, implicaba el resultado electoral anunciado por Tibisay Lucena la noche del 14 de Abril de 2013.

El oficialismo esperaba celebrar algún tipo de resurrección ese día.  Pero los venezolanos fuimos testigos del comienzo del entierro político de todo un proyecto de poder hegemónico.

Como suele ocurrir en la historia, los desenlaces son inesperados. Todos sabíamos que tarde o temprano esto tenía que terminar, pero nadie se imaginaba el como.

Aunque fuera verdad,  no es verosímil ni creíble que Nicolás Maduro haya superado a Henrique Capriles por 238 mil votos. Y a medida que pasan las horas, llegan los votos del exterior y se revisan los resultados, en particular de los centros de votación manual, esa percepción se refuerza.

En 1968 el candidato del partido de gobierno Gonzalo Barrios, prefirió aceptar un estrecho resultado electoral adverso, pues era consciente que un gobierno puede perder por un voto, pero no ganar por un voto. “Prefiero un derrota dudosa a un victoria sospechosa”, dijo en esa ocasión.

Para Acción Democrática perder esas elecciones fue un golpe duro. Nunca hasta ese momento en Venezuela un partido en el poder se veía ante la perspectiva de entregarlo. Pero para Gonzalo Barrios, Raúl Leoni y Rómulo Betancourt el proyecto no era perpetuarse en el poder, sino consolidar el régimen democrático alternativo. AD podía pasar a la oposición, reorganizarse para luego volver. Como efectivamente ocurrió.

Por supuesto, el Psuv no es, ni pretende ser, ni será, la AD histórica. Pequeño detalle.

La camarilla que nos (des) gobierna ha justificado sus abusos y tropelías en nombre de una supuesta revolución, encarnación de la verdad, la historia y la justicia. La esperanza de la humanidad.

Pues bien, contra todos los obstáculos, manipulaciones y amenazas, la mitad del pueblo, al que supuestamente se quiere redimir, le dice no, una vez más. ¿Qué clase de revolución es esa?

Las contradictorias y confusas palabras de Maduro ponen en evidencia que él está en una situación similar al título de aquella película que protagonizara  Jack Nicholson en los setenta: “atrapado y sin salida”.

Obviamente, en el “alto mando político-militar de la revolución” creen que pueden  reeditar el libreto de Chávez luego de sus derrotas electorales de 2007 y 2010.

Pero ya sabemos, que una cosa es querer y otra es poder. Porque resulta que lo derrotado aquí es el mito de Chávez, a poco más de un mes de su deceso físico.

Ahora sí el chavismo dejó de ser impune y eterno. Para la hegemonía política que desde 1999 se ha pretendido imponer a Venezuela, estamos siendo testigos del comienzo del fin.

 

Pedro Benítez
Secretario Político del CEN de AD