De mi infancia tengo miles de recuerdos y entre ellos se me viene uno muy claramente: mi padre y mi madre me disciplinaban en base a valores y con respeto y jamás me pegaron o maltrataron para corregirme, aquietarme o enseñarme,  conducta que he repetido con mis 3 hijos, sin embargo esto no es el común denominador.

El maltrato infantil está presente tanto en países del primer mundo, como en aquellos en vías de desarrollo. En Estados Unidos, por ejemplo, 1.077 niños y niñas murieron a causa de abuso  o negligencia. De éstos, un 77% tenía tres años o menos edad. En América Latina no menos de 6 millones de niños, niñas y adolescentes son objeto de agresiones severas  y 80 mil mueren cada año por la violencia intrafamiliar.

Es lamentable que la principal violencia contra los niños se produzca en el seno familiar y  es aterradora la idea de pensar que una madre o un padre pueda arremeter contra su propio hijo, ya sea de manera psicológica o física. Según cifras del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (CICPC), durante el año 2011 se recibieron 3.000 denuncias de maltrato y muerte infantil por lesiones, lo que quiere decir que los niños venezolanos están sufriendo al ser lastimados y en casos extremos asesinados por sus propios familiares. Esta realidad que viven cotidianamente los niños, se ve reflejada en la prensa nacional, sin embargo las autoridades se hacen la vista gorda ante esta triste situación que cada día va en aumento en nuestro país.

El maltrato y el abuso hacia los niños no siempre dejan huellas físicas, pero si una marca imborrable en la conducta de los pequeños. La mayoría de los padres y madres piensan que la única manera de reprender y disciplinar a sus hijos es con gritos, golpes y violencia.

Si tomamos en cuenta el contexto familiar y social en el cual puede desarrollarse un niño cuyos padres son violentos, no podemos extrañarnos del peligro o riesgo que corre este pequeño;  ¿Qué futuro puede tener un infante que está sometido a dichas circunstancias?  Si esta afectación no se ataca a tiempo el niño crece bajo patrones violentos los cuales a futuro repetirá.

Siguiendo este orden de ideas, refiriéndonos a quien ejerce el poder en la familia, existe una jerarquía que ubica al padre como principal figura de autoridad, luego la madre y por último los hijos, pero el problema radica en el abuso del poder que hacen estos padres en la crianza y educación de sus hijos, quienes van creciendo de manera insegura, con baja autoestima, poca tolerancia a la frustración lo cual conlleva a mayor agresividad por parte de estos niños.

Estos problemas los vemos reflejados a diario en el Centro de Atención FUNDHAINFA donde atendemos a niños y niñas víctimas de violencia familiar, maltrato psicológico y negligencia. Citamos como referencia los casos tratados entre los meses de octubre y noviembre, (150 casos) los cuales muestran un alarmante crecimiento en las cifras de niños y niñas víctimas de violencia física, psicológica y escolar, sin incluir el Abuso Sexual, el cual también forma parte de los numerosos casos que reportan los pacientes tratados.

Por otra parte es importante resaltar la falta de valores dentro de la familia como principal formador de seres humanos integrales. Observamos familias disfuncionales, incremento de los casos de divorcio, ausencia de límites y olvido de los valores, indiferencia en la crianza de los niños, transfiriéndoles la responsabilidad a otros familiares que se ven obligados a asumir un rol que no les corresponde y que afecta directamente a estos pequeños en crecimiento.

¿Dónde están los límites que como padres debemos colocar para que nuestros hijos crezcan sanamente, en paz, con valores, educación, con tolerancia, respeto y posibilidades de construir su propio futuro?  La violencia es un cáncer social que nos lleva a la destrucción. Como padres estamos obligados a cuidar y darle afecto a nuestros hijos,  criarlos con amor y brindarles bienestar físico y emocional,  pero si los destruimos inculcándoles la violencia a través de nuestros actos, abusos y agresividad, estamos contribuyendo a formar niños psicológicamente afectados,  víctimas y victimarios que se identifican con la violencia, cuando nuestra meta es erradicar dicha realidad.  Los niños son el recurso más valioso que tiene un País por ello hay que amarlos, valorarlos, protegerlos,  nutrirlos y educarlos, sólo así lograremos construir niños felices dentro de  hogares saludables.

Diana D’Agostino

Presidenta de Fundhainfa

Artículo publicado en el Semanario Sexto Poder 15-12-12