Si hay un momento personal, secreto, privado, muy de uno, es el instante en el que se vota. Es la maquina electoral y uno; uno y la maquina electoral. Nadie más importa en ese instante, porque no hay otra persona distinto a uno frente al tarjetón electoral. Y ahí, solo ahí, el elector realmente ejerce su opción.

Me llamó mucho la atención como esta semana el nuevo cuasi ministro del gobierno chavista, Oscar Schemel, director de Hinterlaces, casi juró que en Venezuela no había voto oculto. Expresamente, dijo este comerciante de las encuestas que no hay evidencia, registro de ningún tipo y de ninguna encuestadora que revele que en este país los venezolanos están ocultando su intención de voto o esta respondiendo un intención de voto que no es la que va a ejercer en las elecciones del 7 de octubre. Es decir, lo que quiere decir Schemel es que el funcionario público no va a concentraciones de la oposición, no se pone la gorra tricolor de Capriles, no dice en su trabajo que este gobierno es una porquería porque en su casa se ha ido la luz en las últimas dos semanas, no se queja de lo han robado tres veces en los últimos seis meses, no hace nada de eso porque así lo quiere. Schemel quiere decirle a usted que la lista Tascón es un invento de Globovision, RCTV y de Patricia Poleo. Schemel le quiere decir que cuando usted vio a Iris Valera ante las cámaras de VTV diciendo que funcionario público que firmara para revocar el mandato de Hugo Chávez debía ser votado, en verdad no la estaba viendo, que usted se lo inventó porque usted está loco. Eso es lo que quiso decir Oscar Schemel.

Se le llama voto oculto a la intención de voto reflejada ante las encuestadoras y que, en el momento definitivo de la votación, tal intención cambia. Es decir, que la persona encuestada dice que va a votar por A cuando en verdad va a votar por B.

Ya tuvimos en Venezuela una situación que reflejó la existencia del voto oculto a favor de la opción democrática de la Mesa de la Unidad. El 12 de febrero, fecha de las primarias, se esperaba que un millón de personas salieran a votar. Pero, como la Comisión Electoral de Primarias aseguró y convenció con hechos que defendería la privacidad de los electores que votarían en esas elecciones, terminaron sufragando tres millones de personas. Más de dos millones por encima de lo esperado. Más de dos millones de personas que dijeron que no votarían, terminaron haciéndolo. Miles y miles de empleados públicos salieron a las calles ese día a votar en las primarias de la oposición.

Son muchísimas las personas que pueden estar en la condición de voto oculto: la familia del 23 de enero que vive acechada por los colectivos violentos, el empleado público que no puede darse el lujo de perder su quince y último, el familiar del militar que sabe que si se pone la gorra tricolor castigarán a su pariente.

El próximo 7 de octubre puede haber un nuevo evento con características de voto oculto. Esos empleados públicos que son obligados a ir a marchas, a ponerse una camisa roja, a escribir en twitter que apoyan al comandante, esos mismos, son los que, en el momento de votar, en ese sagrado e íntimo instante donde se encuentra frente al tarjetón electoral, en ese momento, a pesar que en su trabajo dijo que votaría por el fascistoide llanero, el voto secreto se hará presente y, ese empleado público que ha sido humillado tantas veces por el chavismo, pulsará con su dedo el rostro de Henrique Capriles.

Para esto, sepa el elector que el secreto del voto está totalmente asegurado. El fascismo chavista intenta convencerlo de lo contrario, con artimañas, como la que aplicaron a los empleados de la gobernación de Aragua, que mandó mensajes a todos sus funcionarios el día del simulacro electoral, dando las gracias por haber votado por Chávez. Esas trampitas ya no funcionan. El voto es absolutamente secreto. Así lo han dejado claro los técnicos de la MUD, a quien han que creerles.

Venga entonces la palabra de aliento y esperanza a aquellos que no pueden abiertamente apoyar a Capriles. Lo importante es que lo hagan el 7 de octubre. Pueden hacerlo, porque nadie sabrá que lo hicieron.

 

Manuel Rojas Pérez

Responsable Nacional de Capacitación y Doctrina de AD