En algunos meses, se realizarán en Venezuela las elecciones municipales, para escoger a 324 alcaldes y 2.389 concejales, a fin de renovar el poder local en el país; elecciones que vienen pospuestas en casi el doble del período para el que fueron electos los actuales ediles y alcaldes. Será entonces, el 8 de diciembre de 2013, la fecha en que 19 millones de venezolanos concurrirán a las urnas electorales para cambiar –democráticamente- la faz electoral de la patria. He venido revisando muchos artículos de opinión sobre el tema de las elecciones municipales de este año y, de veras que se encuentra una gama de posturas para todo gusto y disgusto. Me refiero, con profundo sentimiento venezolano que, quienes pretenden opinar en contra del proceso eleccionario local, quienes estimulan la abstención, o critican el gigantesco esfuerzo selectivo hecho en el proceso de primarias para la escogencia de candidatos a Alcalde hasta el más recóndito poblado del país, demeritan el esfuerzo unitario –en la pluralidad- que han venido construyendo a pulso los dirigentes de los distintos partidos políticos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Que la pluralidad política genera dificultades, es cierto. Que ninguno es “monedita de oro” querido por todos y cada uno de los integrantes de la MUD, también es verdad. Pero en ningún momento la MUD le ha propuesto al país, la reedición del “paraíso terrenal en Venezuela”. Lo que se ha propuesto es: rescatar la conducción del poder en Venezuela para, desde la primera magistratura, y desde las gobernaciones, las alcaldías y los concejos municipales retomemos el espacio –no de los votantes- si no de los ciudadanos. Una patria donde los valores se construyen desde la Carta Magna y pasan por el respeto a la persona humana en su dimensión plena, para terminar en las instituciones gubernamentales que están al servicio del más débil y no para defender los intereses oscuros de quienes pretenden con estas instaurarse perpetuamente en el poder o mantenerse en sus privilegios económicos o políticos.

Queda mucho por soñar para esta nueva patria que se avecina. Allá los agoreros de oficio; suerte de “sombritas” que parecieran batirse en la negatividad. Aquéllos que la única propuesta que tienen es, ver  el futuro con ojos del llanto y de desgracia.

Los tiempos que vienen, no serán fáciles, de seguro. Pero el resultado electoral y la fuerza con la que los ciudadanos debemos ocurrir a nuestros centros de votación debe ser ejemplar, avasallante y contundente. Ejemplar, pues la conducta ciudadana es siempre honrada, y el resultado de la urnas debe ser el que establecen las boletas electorales, para eso los testigos de mesa y los votantes debemos regresar con alegría a nuestros centros al cierre y conteo de votos; avasallante pues si hemos obtenido una votación muy grande en casi todos los municipios del país el pasado 14 de abril, debemos hacer de estas elecciones, la auditoría, viva y vigente del sentimiento de cambio del venezolano, y; contundente, pues el poder local es, sin lugar a dudas, la base de esta suerte de “burla al régimen local y comunal” que en la práctica ha sido el peor período municipal venezolano, por la confiscación de los recursos por parte del gobierno central jamás vivido en nuestra historia patria desde el no tan lejano 19 de Abril de 1810.

Las elecciones municipales de 2013, coinciden con una fecha católica de alta significación: la Inmaculada Concepción. Bajo el manto de la Santísima Virgen, Madre del Redentor, nos cobijamos, para obtener el más importante y plural triunfo que la ciudadanía venezolana merece. La elección, es nuestra opción ciudadana, no hay otra.

El autor es economista, master en Planificación del Desarrollo Económico y doctor en Ciencias Económicas y Administrativas.

Rafael Martínez Nestares

Artículo publicado en www.eluniversal.com