Los servicios públicos en cualquier país del mundo son esenciales para contribuir a tener una calidad de vida importante. Existen muchos y de muy variada importancia, pero la electricidad, el suministro de agua potable y la recolección de aguas servidas (aguas negras) están entre los más importantes. El empleo de la electricidad fue posible luego de la invención de la pila por Alessandro Volta y la turbina de vapor de Charles Algernon Parsons.

El Siglo XIX fue decisivo en el comienzo del uso a gran escala de la electricidad en todo el mundo e igualmente lo fue en Venezuela pues el 24 de octubre de 1888 las principales calles de Maracaibo fueron testigos del inicio del alumbrado eléctrico en nuestro país. El 8 de agosto de 1897 le correspondió el mismo honor a Caracas, capital de la República, pero era largo aun el camino para expandir masivamente el suministro de electricidad. Las dificultades provenían principalmente en generar grandes cantidades de energía y transportarla a través de un país relativamente grande y con un relieve muy dispar.

En principio se echó mano de la gran disposición de hidrocarburos y la generación se basó casi exclusivamente en la electricidad producida por plantas que funcionaban con combustible. Las consecuencias negativas de este tipo de generación eran la contaminación y el empleo de combustible que podría ser usado en otros menesteres, con el agravante de ser un recurso natural no renovable.

Los dictadores militares y sus testaferros civiles no elaboraron grandes planes de desarrollo eléctrico hasta la llegada del Trienio Adeco (1945-1948) pues en 1947, siendo Rómulo Betancourt presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, se concibió el Plan Nacional de Electrificación. Este plan proyectó un gigantesco aumento de la producción de energía eléctrica a través de imponentes embalses (represas) que generarían electricidad a través del agua; esto se conoce como hidroelectricidad. Las ventajas de ese método son su apego a la ecología por no ser contaminante, su mantenimiento en el tiempo al ser el agua un recurso natural renovable y la liberación de cantidades de combustibles para otros usos. Quizá su único inconveniente sería las grandes inversiones necesarias para “domar” los ríos y emplear su fuerza con el fin de producir electricidad. Caído el gobierno democrático y civil con el derrocamiento de Rómulo Gallegos en 1948 la dictadura militar subsiguiente continuó esa planificación y en 1953 el dictador Marcos Pérez Jiménez nombró a Rafael Alfonzo Ravard como presidente de la Comisión de Estudios para la Electrificación del Caroní, conformada además por un grupo de valiosos venezolanos, quienes trabajaron sobre la base del plan de 1947.

Se diseñaron grandes embalses y el primero de ellos en comenzar a construirse fue Macagua en 1956. La democracia llegaría en 1958 y le tocó poner en servicio Macagua en 1959. En 1963 se empezó la construcción del gigante entre gigantes: el Guri, culminado en 1986; posteriormente vendrían Santo Domingo, Uribante-Caparo y Boconó-Tucupido e incluso Planta Centro, de generación termoeléctrica, la mayor de América Latina, cuyo fin es cubrir la producción de energía en los años de escasas lluvias.

La construcción de embalses era necesaria y la democracia puso en servicio 75 de estas estructuras de las 94 con las que cuenta el país. Con estos  embalses se empezó a producir también una mayor cantidad de agua para el suministro a seres humanos, comercios, industrias, etc. Esta agua ya usada debía tener una recolección, pero eran escasas las cloacas y debió emprenderse una construcción acelerada de las mismas a partir de 1958, pues la disposición se hacía mayoritariamente en excusados y pozos sépticos, desarrollados en gran escala a partir del Trienio Adeco, ya que antes de ese período la gente hacía sus necesidades fisiológicas a la intemperie con el consiguiente desarrollo de enfermedades.

Los tres servicios públicos tuvieron una implantación conjunta por las gestiones democráticas, desarrollo que fue progresivo hasta 1998. Es necesario acotar las terribles condiciones de vida que imperaron hasta 1957, sobre todo en el interior del país, pues se insiste mucho en un supuesto desarrollo creado por la dictadura de Pérez Jiménez. Las siguientes cifras desmienten ese mito: La población con servicio de electricidad era apenas del 36% en 1958 y la democracia lo elevó a 98% en 1998; quienes contaban con suministro de agua potable en 1958 apenas eran un 31% en 1958 y en 1998 habían ascendido a 82% y, finalmente, los ciudadanos que disponían de servicio de cloacas en 1958 eran un mísero 16% y para 1998 era de un 66%.

Estos impresionantes números son más meritorios si tomamos en cuenta que entre 1958 y 1998 la población venezolana aumentó a una tasa anual promedio de 3,1%, la más alta de América Latina y una de las mayores del mundo. Nuestra real historia contemporánea está llena de hermosos hechos que los enemigos de la democracia quieren ocultar.

Mario Buffone

Secretario de Cultura de AD Aragua