“Sigo en Cuba porque soy una persona conversadora. La Habana es un lugar donde se puede siempre tener una conversación con un extranjero en una parada de guaguas”.  

Leonardo Padura Fuentes

Acabo de leer un ensayo, sobre la actual realidad económica de Cuba de uno de los más connotados intelectuales de ese país, el escritor Leonardo Padura, quien es el autor de una importante obra escrita, entre ella, una novela extraordinaria: El Hombre que amaba los Perros y a quien dediqué uno de mis artículos pasados, debido a su impecable narración del descubrimiento en Cuba de la presencia de Ramón Mercader, el asesino de Trotski, y el drama, novelado por supuesto, de aquel revolucionario español que el fanatismo convirtió en asesino. Ahora, nos sorprende Padura con un excelente análisis de cómo se está produciendo un subrepticio, aún, pero intenso debate en la sociedad cubana sobre la inviabilidad del comunismo en la isla.

En efecto, en la Revista bimensual Nueva Sociedad No. 242, correspondiente a Noviembre-Diciembre de 2012, Leonardo Padura Fuentes, quien vive en Cuba y tiene la valentía de ser un crítico desde allá y no desde Miami o Europa, nos relata, en un enjundioso artículo que denomina “Eppur si Muove en Cuba”, que “aunque en perspectivas foráneas podría parecer que poco ha cambiado en Cuba, la realidad es que, aunque no las estructuras fundamentales, muchas cosas se mueven en la isla. La emergencia del “cuentapropismo” les está dibujando un nuevo rostro a las ciudades y la vida cotidiana se mueve al ritmo de las reformas que plantean más preguntas que respuestas. Los constantes debates que se producen en la intranet cubana sobre temas como la corrupción, el racismo, la necesidad de democratización, la homofobia, la creación cultural y sus libertades o el derecho de migrar podrían ser botones de muestra de la efervescencia que se respira”.

En Cuba, todos estamos conscientes que existe una dictadura, de los hermanos Castro, que lleva más de cincuenta años, pero a pesar de ello ahora se dan cuenta que esa política económica, que han mantenido a juro y a machamartillo durante décadas, ha resultado un fiasco. La política estatista y de planificación centralizada que acabó hasta con la más pequeña propiedad en la ciudad y el campo produjo, como consecuencia, una insostenible burocracia que acabó con la economía de ese país que sólo producía azúcar y tabaco para el estado, pero que, sin incentivos al sector privado, también estos dos rubros se vinieron por los suelos dejando a la sociedad y al Estado en la más completa ruina.

Cómo sería el “a juro” de la política diseñada por los hermanos Castro, para someter a su pueblo, que hasta la palabra “cambio” había sido desterrada de la mismísima Constitución de la República. Ciertamente, Padura nos narra cómo era “tan terrible la sola mención (y hasta el sueño) de una posibilidad de ´cambio´ que en el año 2002 incluso se modificó la Constitución para patentar, en la ley suprema, que en el país nada cambiaría, por los siglos de los siglos. Aunque desde la perspectiva del materialismo dialéctico, que debería regir las doctrinas socialistas cubanas, la inmovilidad perpetua no resulta algo precisamente muy pertinente, de forma constitucional se legisló y aprobó la irrevocabilidad del sistema socioeconómico establecido, o sea, el socialismo, pues ´Cuba no volverá jamás al capitalismo´, según concluye  en una de sus articulados.

A pesar de todo ello tuvieron que cambiar, porque la realidad se impone a la “doctrina” y la improductividad de las empresas socialistas, la ineficiencia de los sistemas de producción y distribución de productos agropecuarios, la corrupción en los más diversos niveles, el desvarío de la política de “pleno empleo”, la fuga de profesionales hacia actividades más rentables como la industria turística y la conducción de taxis clandestinos (llamado en Cuba “el boteo”).  En fin, “el resquebrajamiento, como lo llama Padura, de los órdenes económicos, sociales y hasta morales” de la sociedad cubana, hizo dar el viraje que propuso Raúl obligado por esa terrible realidad.

Entonces, hoy día en Cuba, se plantea la revitalización y ampliación del trabajo por cuenta propia, porque finalmente el Estado ha entendido que era incapaz de mantener en sus puestos de trabajo a la casi totalidad de la población laboral activa. Padura lo dice con la gracia cubana: “buena parte de la población hacía como que trabajaba, mientras el gobierno hacía como que le pagaba”, pues ni eran lo suficientemente productivos y necesarios en sus labores ni podían vivir con los salarios que les pagaban, pues mientras los precios han aumentado en los últimos años hasta veinte y treinta veces, los salarios apenas se han duplicado.

Esa realidad cubana, que  es la misma en todas las naciones que experimentaron y fracasaron con el sistema económico comunista, atrasado y demodé, hoy el régimen venezolano (o lo que queda de él) pretende impulsar una política similar, la que, ¡hasta los Castro!, confiesan que sólo trae ruina y miseria a los pueblos. Bueno, ahora, en Venezuela… amanecerá y veremos… si la oposición se pone los pantalones y el pueblo sale de su marasmo.

Antonio Ecarri Bolívar

Vice-Presidente de AD