FramirezRamosPopular se ha hecho la frase que se leía de aquella camisa blanca que usaba Leopoldo López el pasado 18 de febrero: “El que se cansa pierde…”

Fue ese el día en el que López se entregó a la Guardia Nacional para que, posteriormente, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, lo escoltara hasta su actual lugar de reclusión: la cárcel de Ramo Verde, en la ciudad de Los Teques.

Esta decisión la tomó Leopoldo frente a la orden de captura que dictara un Tribunal Penal, a solicitud del Ministerio Público, que a su vez, actuaba por órdenes del PSUV.  Vale decir que, aún hoy, no entiendo esa decisión. No entiendo por qué un líder político decide abstraerse de la dirección y organización de su partido para ponerse en manos del sistema de [in]justicia venezolano. No, no lo entiendo.

En fin, es esa frase: “El que se cansa pierde…”, a la que quiero dedicar estas palabras. Esa frase, más que una consigna, es una realidad fáctica. Tal como en los deportes, no cansarse es una prioridad de primer nivel. La misma frase se puede aplicar al fútbol, béisbol, natación, polo acuático, boxeo o cualquier otro deporte. No en vano, es tanto o más importante en los deportes el entrenamiento de resistencia muscular y cardiopulmonar que el técnico del deporte de que se trate.

Ahora bien, tanto en los deportes, como en la política, hay una segunda premisa que no se puede dejar de lado: “El que se desespera, no puede sino cansarse…” Si se trata de un deporte, el equipo que desespera frente a un eventual marcador adverso terminará por perder la concentración, sufrirá un desgaste psicológico mayor y esto le producirá una pérdida de la capacidad cardiopulmonar, se verá más afectado ante los efectos del doloroso ácido láctico y a la larga, terminará siendo imposible darle la vuelta al marcador.

En la política, la situación “se parece igualito”. Si no entendemos la dimensión y complejidad de los procesos políticos, si no somos capaces de medir la efectividad y eficacia de las estrategias y acciones que se tomen, si vamos perdiendo en el primer tiempo y queremos voltear el marcador y acabar el partido en el minuto 49, aun cuando aquello no es posible, terminaremos por desesperar. Desesperados, perderemos la concentración, tomaremos malas decisiones, no mediremos los costos de oportunidad, seremos erráticos y, ante el fracaso de las acciones desesperadas, terminaremos víctimas de la frustración. Nos habremos cansado… habremos perdido ya, sin que acabe el partido.

Toda esta perorata va para mis compañeros de generación, para los jóvenes que sienten que de no salir de la dictadura del PSUV el próximo mes “no tendremos más país”, para quienes se sienten ya desesperados o próximos a estarlo. No desesperes, EL QUE DESESPERA SE CANSA, EL QUE SE CANSA PIERDE…

Ante la dictadura, resistencia civil y lucha pacífica. No hay otra salida, al menos, no hay otra que nos conduzca al progreso, paz y prosperidad.

Francisco Ramírez Ramos