Una persona en Twitter me preguntó que si yo seguiría jugando un juego de beisbol donde el umpire (el arbitro) resulta ser el manager del equipo contrario. “Por supuesto que seguiría jugando” le respondí. “Solo que me prepararía para ganar ese juego por 11 carreras a 0 y evitar perder aun con el umpire en contra”.

Esta anécdota, como habrán sabido entender, tiene que ver con la discusión que se ha creado entre la idea de asistir a las urnas electorales o abstenerse el 16 de diciembre.

Es evidente, manifiestamente claro, que el Consejo Nacional Electoral actúa a favor del chavismo. Eso lo sabíamos antes del 7 de octubre y lo seguimos sabiendo hoy. Nadie dijo que el CNE era el nuevo pesebre del niño Jesús. Las cuatro damas de ente electoral se derriten por Hugo Chávez, y en consecuencia, no actuaron nunca, no actuarán, imparcialmente. Y, aunque ahí tenemos nuestros representantes, que lograron contener más abusos de los que pudimos observar, las rectoras no iban, ni van, a poner las cosas fáciles a la oposición.

Lo primero que debemos tener claro es que no existe otra posibilidad distinta a jugar ese juego. Para ganar el campeonato, hay que jugar. Si nos retiramos del campo alegando ventajismo del otro equipo, solo haremos que se suspenda la liga, con lo que no lograremos ganar la copa y el campeón anterior seguirá en su condición de campeón. Luego, hay que jugar, no queda otra.

Tenemos que saber entonces que vamos a jugar con el umpire en contra. Que solo cantará strike cuando nuestro bateador no choque la pelota con su bate, pero ante una recta por todo el medio de nuestro lanzador, el arbitro cantará bola; que si hay una jugada cerrara en home, va a declarar out si uno es el corredor, pero gritará quieto si somos nosotros los que estamos al campo; que volteará a los lados para hacerse el loco cuando el bateador del otro equipo salga con un bate de aluminio en vez de uno de madera para llevar más lejos.

En fin, hay que jugar con el umpire a favor del otro equipo. Para ello, solo queda una opción: entrenar muy fuerte para que, cuando llegue el día del juego, podamos derrotar al equipo contrario con un marcador tan abultado que no haya manera de perder, aun con las trampitas del umpire. Solo si nuestros bateadores sacan dos o tres  jonrones con tres en base, más alguna que otra carrera más; solo si nuestros pitchers ponchan a los bateadores del contrario o los ponen a dar puros batazos a nuestros guantes; solo si los fanáticos del equipo asisten masivamente al estadio a dar respaldo a nuestros jugadores, solo así podemos ganar. Pero si se puede ganar, haciendo esto, aun con el arbitro en contra nuestro.

El 16 de diciembre pasa lo mismo. Solo si cada uno de nosotros se involucra de verdad en la campaña, no dejándole toda la carga a los políticos, solo si salimos a votar masivamente, solo si nos ofrecemos como testigos ante las mesas electorales, solo si en día de la elección estamos afuera del centro electoral dando respaldo a nuestros testigos, solo de esa manera podremos ganarle al gobierno, aun cuando el Consejo Nacional Electoral se haga la vista gorda ante los evidentes abusos chavistas.

Pero si os quedamos acostados en nuestra cama, si no votamos, perderemos. Ahí Rangel Gómez seguirá cometiendo las tropelías que comete en el estado Bolivar, ahí tipos tan nefastos como Elías Jaua, Rangel Silva, Arias Cárdenas o Mata Figueroa serán gobernadores de Miranda, Trujillo, Zulia y Nueva Esparta. Si tomamos esa posición, perderemos los espacios que tenemos. La posición abstencionista, además de irresponsable, es abolutamente inviable, ya que  no ofrece solución. Si no votando resolvemos el país, vale. Pero esto solo permite entregar Venezuela, en bandeja de plata, a Hugo Chávez.

Hay que votar y hay que ganar contundentemente. Y no  nos queda otra sino votar. Es la única vía que hay para resistir democráticamente ante un gobierno, y un CNE, que se resisten a actuar limpiamente. No queda de otra. A votar.

Manuel Rojas Pérez

Miembro del Buró Nacional de Profesionales y Técnicos de AD